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DE XENOFOBIAS Y RACISMOS

Maroto

Desde Canadá.

Desde hace ya varios decenios que el mundo se enfrenta al desafío que representan las migraciones masivas de quienes se ven forzados a dejar sus países para así sobrevivir a graves conflictos marcados por la violencia, la persecución étnica, la hambruna y la pobreza.

Este desafío, que hasta hace unos años nos resultaba absolutamente ajeno, se presenta hoy en Chile como una realidad. La llegada a nuestro país de miles de inmigrantes de países del sur y centro américa ha puesto este tema en el centro de nuestra agenda política y social.

La xenofobia es definida por la Real Academia Española como el odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros. Su raíz etimológica viene del concepto griego compuesto por las voces Xénos (extranjero) y Phóbos (miedo), representando entonces un miedo a quienes provienen de una cultura distinta, y que puede exteriorizarse como un mero rechazo indiferente hasta un desprecio agresivo y violento.

El racismo es definido por la Real Academia Española como la exacerbación del sentido racial que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que se convive. El racismo plantea la superioridad de unos respecto de otros por la sola razón de pertenecer a razas o etnias diferentes, ocupando los primeros un lugar más alto en la jerarquía social; esta superioridad justificaría la discriminación, limitación de derechos, persecución e incluso eliminación de quien se supone inferior.

La xenofobia es entonces un concepto más amplio que el racismo; en el primero, el miedo es hacia lo cultural, por ser distinto; en el segundo, el rechazo es a la raza por considerársele inferior.

A nivel global, desde la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el año 1948 se ha avanzado significativamente en este tema, habiéndose promulgado numerosas leyes y tratados de aplicación nacional e internacional sobre racismo, discriminación racial, xenofobia y otras formas conexas de intolerancia. Sin embargo, pese a estos avances, las migraciones masivas forzadas siguen representando un desafío que, tensionando las comunidades nacionales, despiertan en algunos sentimientos xenófobos y racistas; ejemplos de esto pueden observarse en Europa y Estados Unidos, donde la proliferación de organizaciones que enarbolan banderas xenófobas es cada vez más preocupante.

Si bien en Chile no hemos observado aun la presencia de organizaciones de este tipo, si es posible encontrar reacciones que pasando de lo individual a lo colectivo manifiestan un rechazo a los extranjeros, especialmente cuando provienen de países del tercer y cuarto mundo; un claro ejemplo de ello es la resistencia que con frecuencia observamos respecto de la comunidad Haitiana, que habiendo llegado a Chile en busca de mejores oportunidades son tildados por algunos con desprecio como una verdadera pandemia, siendo estigmatizados como propensos a conductas delictuales y portadores de enfermedades como la tuberculosis, sarna, lepra y VIH.

¿Que hacer frente a este desafío?

En primer lugar, rechazar de manera clara y absoluta cualquier manifestación de xenofobia y racismo; expresiones de este tipo son una vergüenza para nuestro país y no pueden tener cabida en nuestra sociedad. Este no es un tema de tolerancia; es un tema de humanidad. Nuestras autoridades, nuestros líderes, nuestras organizaciones políticas y sociales, y cada uno de nosotros, debiéramos al unísono condenar a todos aquellos que pregonan la xenofobia y el racismo, y el rigor de la ley debiera caer sobre aquellos que lo promueven.

Sin embargo, siendo la condena una acción de primera importancia, no es suficiente para abordar este tema. El desafío de las migraciones masivas forzadas tiene que ver con cómo ser capaces de balancear nuestra responsabilidad humanitaria y solidaria con nuestra capacidad como estado y sociedad para acoger de manera efectiva y responsable a quienes llegan a nuestro país en busca de una oportunidad. La legitima preocupación acerca de cómo estas migraciones pueden afectar nuestra a veces precaria realidad económica, cultural y social, no se atiende desde la negación, sino que se trabaja a través de un dialogo abierto que permita escuchar a la sociedad civil, a los migrantes y a quienes se han especializado en este tema.

Es aquí donde la capacidad de generar un debate con altura de miras, mas allá de izquierdas y derechas, se hace cada vez más urgente y necesaria. No basta con abrir nuestras fronteras para acoger a quienes piden nuestra ayuda; es necesario crear condiciones de hospitalidad basadas en un marco legal migratorio que permita su acogida e inserción social de manera sustentable.

De acuerdo con el Censo del año 2002 en Chile había cerca de 200,000 extranjeros residentes; el censo del año 2012 mostró un aumento significativo, llegando este grupo a representar cerca de 340,000 personas; y las estimaciones indican que para el año 2022 estas podrían llegar a casi un millón. Esta realidad debe enfrentarse con una renovada y consensuada política migratoria que en lo inmediato permita regularizar la situación migratoria de aquellos que han ingresado o permanecido en el país en situación irregular, encontrándose por ello en una situación de desprotección y grave riesgo de vulneración de derechos. La elaboración de una nueva ley de derechos migratorios, que estableciendo un nuevo sistema de visas disminuya las fuentes de discriminación, es urgente; sin embargo, esta iniciativa no tendrá un efecto real si no es acompañada por acciones promovidas desde los Ministerio de Desarrollo Social, del Trabajo y Cultural, generando un cambio de actitud respecto del migrante que permita incorporarlos como un aporte real y activo al desarrollo integral del país.

Recogiendo lo planteado por Miguel Yaksic, ex Director del Servicio Jesuita de Migrantes, Chile necesita una política migratoria integral, que combine de manera eficiente un enfoque basado en los derechos, una lógica intersectorial, una perspectiva intercultural y la existencia de una autoridad que unifique y gestione la visión migratoria del Estado. Mientras esto no ocurra, seguiremos improvisando respecto de este tema y generando condiciones para la proliferación de riesgosas conductas xenófobas y racistas.

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3 Comentarios en DE XENOFOBIAS Y RACISMOS

  1. Mis felicitaciones al autor de este enclarecedor artículo sobre la xenophobia y el racismo, y Maroto está muy en lo cierto. Recuerdo cuando antíguamente veíamos en Chile a los extranjeros como personas especiales, con mucho talento, y se transformaban en los dueños de los locales comerciales más atractivos de la ciudad. ¡Cómo ha cambiado esa imagen!. Y ahora encaramos un racismo y una discriminación interna en nuestro país. Cosa que esa clase de mentalidad, nosotros pensábamos que ocurría solamente en países extranjeros, como en los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo.

    Para intentar cambiar esa nueva mentalidad chilena, es de necesidad extrema establecer leyes inmigratorias reales que se puedan aplicar en forma permanente, y no sólo de vez en cuando, y para cierta gente nada más. Cada extranjero que llegue a Chile DEBE contar su documentación apropiada. Además, re-educar a nuestra ciudadanía, especialmente a nuestra juventud, sobre el significado de esa inmigración. existente hacia nuestro país.

  2. 100% de acuerdo. Mientras vemos si estas mejoras a la regulación ocurren, cada uno de nosotros, los ciudadanos de a pie, podemos ir abriendo conversaciones antixenófobas en nuestros entornos más cercanos ayudándonos de los argumentos planteados en esta columna (gracias!) entre otros.

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