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¿Derrota cultural?

Algunos análisis han planteado que el amplio triunfo de Sebastián Piñera en la elección presidencial del domingo 17 de diciembre constituyó no sólo una derrota electoral y política para el oficialismo, sino también cultural. En otras palabras el éxito de Piñera y la derecha están representando el rechazo a la denominada “agenda valórica” que ha impulsado el gobierno de Michelle Bachelet. Sin embargo cabe plantearse algunas cuestiones para abordar este tema. Si en ésta elección se propinó una derrota cultural al gobierno, entonces el 2014, cuando Bachelet ser impuso a Matthei, fue un momento de triunfo cultural para quienes hoy gobiernan. En otras palabras, la izquierda, centro izquierda o el progresismo como otros lo llaman, transitó en cortos 4 años de un éxito cultural a una derrota en ese terreno. Lo anterior nos lleva a preguntarnos si los éxitos en el campo cultural se pueden medir en tan poco años o se pueden cuantificar con una elección. ¿Es que todo el electorado de derecha, que votó por Piñera está contra la ley de aborto, el matrimonio igualitario, la adopción de hijos o las políticas en materia de identidad de género? Indudablemente que no. Puede ocurrir que un porcentaje mayoritario si lo esté, pero no todos comulgan con los discursos excluyentes, discriminadores y en otros casos homofóbicos que existen al interior del bloque triunfador.

Por otro lado, se agrega que el capitalismo o el neoliberalismo, como proyecto hegemónico, ha sido tan efectivo en instituir patrones culturales (mentales) que una determinada “agenda valórica” no logrará alterar las conductas, estilos de vida y formas de comportamientos y del pensar basadas en el individualismo, consumismo y la cosificación de la vida, las cuales han sido internalizadas por vastos sectores de la población. En otras palabras la “servidumbre voluntaria” sigue operando de manera efectiva, especialmente a nivel de los sectores populares. En ese sentido, el gozo, placer y entretención liviana o superficial constituyen elementos que siguen estando muy presentes en el diario vivir de la ciudadanía. Por lo tanto, la agenda valórica del Ejecutivo, lo único que habría conseguido fue satisfacer las demandas de determinados grupos o sectores de la sociedad, por lo tanto, no habrían apuntado a contrarrestar o dar la batalla cultural contra la hegemonía neoliberal.

Sin desconocer aquello, y retomando lo señalado en líneas anteriores, podemos señalar que los cambios culturales, difícilmente se pueden medir en pocos años, menos coyunturalmente en una determinada elección. La batalla cultural no transita del éxito total el 2014 al fracaso rotundo el 2017.

Por eso, las transformaciones (resultados) en el campo cultural se ven a largo plazo y particularmente cuando se dan determinadas condiciones. De ahí que estos 4 años de gobierno de derecha serán un buen espacio para apreciar en toda su dimensión lo importante que fue la “agenda valórica” impulsada por la presidenta Bachelet.

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