Quienes postulan al crecimiento económico sin restricción, sin respetar el Medio Ambiente... Desprecian la vida!!!.
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El silencio humano.

Yerko Strika

Psicólogo Clínico, Psicoterapeuta.

Si lo que vas a decir, no es más bello que el silencio: no lo digas.

Proverbio árabe

Hay un chiste, respecto a un niño de siete  años que no hablaba. Sus padres muy preocupados, lo llevan a decenas de especialistas, que lo someten a cientos de exámenes. Los padres, muy angustiados y como último recurso, viajan a un lugar remoto, en busca de un gurú que les han recomendado como infalible. Después de una agotadora travesía, imploran al sabio para que mejore al niño. El hombre pide que lo dejen solo con el pequeño y le pregunta mirándolo a los ojos: Niño, ¿Por qué no hablas?  “Porque estoy amurrado”.

Bueno, contado es mejor.  Pero lo relevante, es que  en la historia, están los ingentes esfuerzos del entorno por descubrir  el mutismo desde la aplicación de procedimientos estándares  y desde la visión del mundo adulto, es decir, relevando el objeto de estudio y minimizando (o desapareciendo) al sujeto y sus necesidades. En un plano más cotidiano, los seres humanos solemos no respetar los silencios ajenos, llegando incluso a sentirnos incómodos cuando alguien no habla, dependiendo del contexto. Suele suceder, que cuando una persona  está en silencio, se encuentra escuchando; escuchando a otros, escuchando-se, escuchando el ambiente, incluso tal vez rumiando una rabia o contactándose con una pena. El silencio es muy necesario para la reflexión, para observar y dejarse impactar por el entorno. Las razones por las que alguien decide no hablar, deben ser respetadas  e indagadas de forma muy empática, sólo si es necesario y si eso está produciendo relaciones poco satisfactorias o generando conflictos. Un ámbito interesante en las interacciones humanas, es todo lo referente a la comunicación no verbal. Aprender a leer gestos, postura corporal, ritmos respiratorios, entrega tanta,  y por lo general,  más información acerca  del otro que lo que pueda expresar en palabras. Es útil conocer ciertas claves, para poder tener una aproximación inicial al otro, basado en un posible estado emocional subyacente al silencio.

Otra versión del silencio, tiene que ver con hablar. Esto que aparece contradictorio, no lo es tanto, cuando lo que se habla es sólo por llenar un espacio destinado al silencio, y con esto me refiero más bien al silencio interno, ese destinado a la reflexión. Personas que no soportan encontrarse consigo mismas  y deben llenar esos vacíos con palabras huecas, para evitar entrar en zonas incómodas, donde potencialmente anida un dolor. En esos casos, el silencio es reemplazado por ruido,  antónimo que suele mostrar de manera más evidente aún, la conveniencia de permanecer callado. Este silencio hablado,  suele estar asociado a deseabilidad social, a aparecer como interesante frente al otro, “políticamente correcto”, un ajuste forzado a lo esperado y/o aceptado, postergando los reales puntos de vista u opiniones. Algo de esto, se puede ver en las redes sociales, donde suelen mostrarse, por lo general,  más bien situaciones ideales y comentarios favorables. Lo anterior, llevado a un extremo, puede ser perjudicial, en tanto se empieza a depender de la aprobación externa como referente principal para modelar las actitudes, restando lugar a los propios intereses y necesidades, reemplazándolos por un impulso a tener protagonismo, sin contribuir con contenidos de calidad  a una conversación.

Y aquí hago una pausa, para que no se me malinterprete: No hago un llamado a ser descortés y a salirse de las normas de convivencia social. Tampoco a quedarse callado y ser una ostra. Mi llamado, como de costumbre, tiene que ver con ejercitar la congruencia que todo ser humano debería tener en base a procesos reflexivos y establecer un mínimo de coherencia entre afectos, emociones, pensamientos,  acciones y valores. Dicho esto, continúo.

En base a un axioma de la comunicación humana, que dice que es imposible no comunicar, el silencio también se constituye en comunicación. No hablar, es un mensaje poderoso, un límite como pocos. Cuando es usado con cariño, el silencio suele inspirar respeto y aceptación e invita al otro a la introspección; cuando es usado agresivamente –por ejemplo: dejar de hablar una relación de pareja – es señal de rechazo. El silencio se puede interpretar de muchas formas, surte un efecto en las relaciones, activa el nivel de alerta (no en balde,  cuando un niño deja de hacer ruido, es señal de preocupación), genera intimidad, abre espacio a los sentidos, promueve la escucha activa. El silencio, por lo general, lleva a que pensemos en nosotros mismos y esto depura las emociones y reafirma la identidad.

Por último, imagine si al día, solo dispusiera de 60 minutos para hablar ¿Cuán selectivo sería con sus palabras? ¿Qué haría con el resto del tiempo en silencio? ¿Cómo se desarrollaría su conciencia? ¿Qué pasaría con su expresión corporal? ¿Qué cambiaría en su percepción de las cosas? ¿Escribiría más? ¿Prestaría más atención a los sonidos del ambiente? ¿Qué tipo de diálogos generaría?  (esto, en una analogía, me recuerda el terremoto del año 2010, donde un litro de agua alcanzaba para muchas cosas).

Si nos calláramos 10 minutos al día, en un mes dispondríamos de cinco horas de silencio.          Shhhhh…

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6 Comentarios en El silencio humano.

  1. Bendito silencio ! Silencio que no es vacío, que es contacto con uno mismo; con la naturaleza que tantas veces nos acompaña en estos espacios sin ruidos; que permite florecer los afectos cuando es un silencio de a dos ( o de más) y expresamos sin palabras.
    Agradecido y cálido silencio …
    Muchas gracias por este articulo y lo que nos evoca !

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