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Editorial: ¿Cómo nos operamos de la pobreza?

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

Si hay algún hecho del cual puede enorgullecerse la coalición política de centro-izquierda que asumió la conducción del país tras el término de la dictadura gremialista-militar, es la fuerte disminución de la pobreza que para el año 1990 alcanzaba a más de un 40% de la población. Políticas económicas serias y responsables, con un fuerte énfasis social,  hicieron posible cambiarle el rostro a un Chile que transitó paulatinamente hacia el estamento de las naciones de “ingresos medios” dentro del concierto mundial.

Sin embargo, yendo más allá de las falacias estadísticas que tienden a ocultar la realidad concreta bajo el eufemismo de los promedios, se pueden encontrar datos que debieran ser preocupantes. Cifras de desempleo y cesantía, el crecimiento inexorable del número de campamentos en que residen más de 46.000 familias, el aumento de la cifra de personas que subsisten (y también mueren)   “en situación de calle”, son síntomas notorios  de esta compleja realidad.

En efecto, atacar a ese 10% de pobreza que registran invariablemente diversos estudios,  se hace cada vez más difícil ya que en los sectores vulnerables más duros,  se concentra una gama de factores que desde diversos ángulos sustentan y mantienen esta condición. Dónde hay pobreza, hay carencia de vivienda digna. Dónde hay carencia de vivienda digna, hay carencia de agua potable y de servicios sanitarios básicos. Dónde se carece de estos elementos, de seguro hay cesantía y remuneraciones de mera subsistencia que conducen al micro tráfico de drogas. Dónde se presentan  esos niveles de  precariedad, hay familias desestructuradas. Dónde hay familias  desestructuradas, hay niños que no van a la escuela. Dónde hay niños sin acceso al sistema educacional que vagan por las calles, hay una escuela del delito. De esta forma se alimenta la criminalidad y el resentimiento social que afectan  la convivencia al interior de cada comunidad.

Generalmente se tiende a señalar que el abordaje de la pobreza está limitado por la carencia de recursos suficientes para implementar políticas públicas eficaces y eficientes, lo que no es tan así. Las responsabilidades en esta materia van mucho más allá de eso ya que también recaen en las personas individualmente consideradas como en las diversas organizaciones y entidades de la sociedad civil.

Nadie puede negar que el Estado juega un rol fundamental en este trabajo no solo por el inmenso poder político, financiero, social y comunicacional que alberga sino por el hecho indiscutible de que sus brazos pueden llegar a todas partes.

Una investigación realizada al alero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ha concluido en afirmar que  el dinero público malgastado  en América Latina, bastaría para acabar con la pobreza existente ya que cada año se despilfarran (atención a la cifra) 220.000 millones de dólares equivalentes al 4,4% del Producto Interno Bruto del subcontinente. El economista de la entidad Alejandro Izquierdo,  ha precisado que la sola eficiencia en el gasto público bastaría para avanzar en la senda del desarrollo y evitar inminentes conflictos sociales. En un mundo afectado por un menor crecimiento, por los cada día más bajos precios de las materias primas y por las crecientes alzas de las tasas de interés internacionales que hacen  más caro el financiamiento mediante empréstitos, cuidar los recursos de que puede disponer un país es una tarea ineludible.

Señala el BID que las fuentes de la ineficiencia que afecta a América Latina y el Caribe, son tres:

Una, las “compras públicas” expresadas en problemas en las licitaciones y en la inadecuada selección de los proyectos de inversión, cuyo costo alcanzaría al 1,5% del PIB;

Dos, las crecientes transferencias de recursos a ciudadanos que no son precisamente los que más lo necesitan, política que termina fomentando la desigualdad, con un costo del 1,7% del PIB;

Tres, el desorden en las contrataciones y remuneraciones salariales del sector público y el elevado nivel de corrupción.

En la casi totalidad de los países de nuestro subcontinente, las políticas públicas (motivadas claramente por razones populistas y electorales) han incentivado el gasto corriente (gasto social, sueltos, salarios, bonos) en detrimento de la inversión, priorizando el gasto actual,  inmediato, por encima de la inversión en infraestructura que implica trabajar con un horizonte de largo plazo. El típico ejemplo se encuentra en el área de la Educación en que,  de forma sistemática,  se privilegia al mundo de la formación superior, de nivel universitario, en detrimento de las capas sociales más excluidas y deprivadas.

Por supuesto, en esta lucha por la erradicación de la pobreza confluyen otros términos que sirven de telón de fondo a la estructura en que se desenvuelve nuestra sociedad. Hay problemas que derivan del “modelo” en que desarrolla nuestra vida en común y que deben ser abordados.

Por ahora, contentémonos con usar bien los recursos limitados  de que disponemos. Si lo logramos, habremos dado un paso importante para atender un requerimiento apremiante.

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3 Comentarios en Editorial: ¿Cómo nos operamos de la pobreza?

  1. E$sta es una muy buena obra periodística, una editorial de «primer plano».

    Felicitaciones ventana.

  2. Problema Mundial!
    Caótico y se va a multiplicar, mientras existe, sin contrapes, un sistema que sólo mira, con anti-ojeras el crecimiento económico sin miramientos, a toda costa, pués ese es su único fin.

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