Sólo la ciudadanía y sus representantes sociales asegurará una carta magna digna y genuinamente democrática!!!
Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Editorial: Democracia y Constitución

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

En general, nuestro país ha vivido largos años de vida democrática formal aunque con dolorosos paréntesis de dictaduras que han marcado nuestra historia y que, para peor, han derivado en fracturas políticas y sociales que casi parecieran ser irreparables.

Ahora nos encontramos a la vuelta de la esquina y vemos que ha llegado el momento crucial en que deberemos decidir cuál rumbo tomaremos. La democracia imperfecta, limitada, carente de sustancia, caldo en el que se ha desarrollado hasta aquí nuestra existencia como nación, se ha caracterizado por la sistemática elusión de las responsabilidades que nos corresponde asumir como ciudadanos. En lo que siempre estimamos como la normalidad de la vida republicana, dejamos que fueran otros los que condujeran nuestros destinos y tomaran las determinaciones del caso para evitar dudas, reflexiones y compromisos, permitiendo que se consolidaran estructuras de poder que privilegiaron intereses personales y grupales muy ajenos al interés común.

La democracia, más allá de sus rituales meramente simbólicos, exige actitud y voluntad de reconocer y respetar “al otro”, al que es diferente, concepción que no solo comprende a quienes piensan de manera diferente a la nuestra sino sobre todo a quienes por diversas causas y circunstancias tienen una identidad diversa. Así, no podemos considerarnos auténticos demócratas si en el seno de las propias familias somos incapaces de respetar a la mujer, a los niños y a quienes trabajan en nuestros hogares; si en la sociedad menospreciamos a los pobres, a los migrantes, a quienes se definen con una identidad diferente.

Construir una sociedad democrática significa, en buenas cuentas, estar dispuestos a avanzar crecientemente en el desarrollo y consolidación de una comunidad.

Como acertadamente se ha dicho, la democracia implica una constante de pedagogía social, implica un proceso civilizatorio de exclusión de los fanatismos como formas de conducta, implica saber convivir con lo demás. La historia está plagada de hechos trágicos y dolorosos en que los seres humanos fundamentalmente por razones políticas y religiosas han sacrificado millones de vidas buscando imponer “su” dominio y “su” verdad.

Resulta pueril y absurdo el solo hecho de creer que todo eso sucedió en el pasado. Resulta ridículo pensar que todo eso puede suceder en otros países pero en Chile no.

Lo evidente, incuestionable, es que el comportamiento democrático ha ido sufriendo una degradación permanente.

De partida, llama la atención el solo hecho de constatar que durante gran parte de nuestra historia tanto la información como la comunicación social en general, han sido controladas y manipuladas por grupos de interés que no han trepidado en ocultar o justificar acontecimientos flagrantes de la vida nacional logrando así que generaciones enteras se hayan educado conforme a una “verdad oficial” que no coincide con la realidad. Las modernas tecnologías han permitido editar investigaciones y ponerlas al alcance del gran público. El surgimiento y expansión de las redes sociales ha hecho posible que la interconexión entre las personas no reconozca límites ni en el tiempo ni en el espacio.

Sin embargo, seguimos atrapados entre la inveterada conducta de los medios tradicionales (prensa-papel, radio y televisión) que, como denunciara Noam Chomsky, buscan farandulizar la vida comunitaria escondiendo la esencia misma de los problemas, y la emergencia de las redes que, pudiendo ser útiles para develar lo que los defensores del statu quo no quieren que se sepa, han optado por el camino fácil de la simplificación de las situaciones y de la exacerbación extrema de la polarización. Para gran parte de las nuevas generaciones no existen matices en la complejidad de los temas sociales, culturales y políticos, sino solo blancos y negros que anulan toda capacidad de dialogar.

 El proceso constituyente será la prueba de fuego para esta crisis por la que atraviesa el país. ¿Seremos o no capaces de generar un piso mínimo de entendimientos tanto en lo normativo como en los institucional?

En este medio, hemos sido consistentes en la promoción de una capacidad de razonamiento colectivo instando especialmente al amplio universo de los grupos y organizaciones sociales de toda especie a participar de forma activa en la definición de la que debiera ser “nuestra casa común”. El proceso constituyente mismo debiéramos transformarlo en una oportunidad efectiva de escuchar lo que quiere el Chile real. El neoliberalismo imperante ha sido el caldo de cultivo para el incremento del individualismo y el deterioro de la solidaridad y ello nos impone la obligación de imponer un cambio de rumbo. Ojalá los decadentes partidos políticos sean capaces de romper sus anquilosadas estructuras de poder, de superar sus liderazgos de papel y de renovarse para cumplir el rol que les propio en una democracia: intermediar entre la ciudadanía y el poder. Si la Convención Constitucional se transforma en un círculo cerrado en que 155 individuos se creen con el derecho de determinar nuestro destino como nación, habremos perdido el tiempo. Por el contrario, si la Convención abre las puertas para que el verdadero Chile exprese lo que quiere y, en consecuencia, acoja y articule sus demandas y puntos de vista, habremos dado un paso que marcará positivamente los tiempos que vienen.                                                                                            

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl