La Solidaridad no es "flor de un día", tampoco un "remedio" de pandemia... La SOLIDARIDAD verdadera nace de lo más profundo de la inteligencia y bondad humana y, es una conducta permanente.
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RESPONSABILIDAD SOCIAL

Desde España.

Estamos viviendo un momento distinto, diferente, dramático. Estamos enfrentados a una pandemia, una epidemia global que afecta a la población de todo el mundo. Nadie está inmune al coronavirus que está provocando un gran desastre social y económico.

Esto es un desastre sanitario que se agrava por el hecho de que se trata de un virus desconocido, contra el cual no existe aún un medicamento efectivo. Y los países van adoptando las medidas pertinentes para combatir la emergencia, minimizarla, evitar la masividad del contagio y proteger al conjunto de la población. Mientras tanto, se destinan los recursos suficientes para que los expertos realicen los estudios que conduzcan a descubrir el medicamento que elimine a este virus, que es letal en grado importante.

Todo esto implica que la lucha es larga, dura, complicada y que debemos enfrentarla entre todos  con inteligencia, con disciplina, con solidaridad.  No es el momento de la política ni de la militarización. Es la hora de los expertos sanitarios, de las autoridades con visión amplia y con el poder de decisión adecuado para la circunstancia. De la credibilidad generosa de la población, convencida de que el esfuerzo debe ser de todos, porque es la única forma de minimizar los efectos de esta pandemia.

En España, país en el cual resido, nos sorprendió esta epidemia porque aparece casi sin darnos cuenta y que se ha ido masificando con una rapidez inusitada. En el momento en que escribo estas líneas, el balance en este país supera los 765 muertos y los 17 mil contagiados. Los más afectados son adultos mayores (18%) y las personas en zona de vulnerabilidad provocada por otras patologías.

El Gobierno de España ha creado una extensa Comisión Coordinadora, a la cabeza de la cual está el Presidente del Gobierno y su Ministro de Salud. Luego vienen varios ministerios y expertos en emergencias sanitarias. Y lo primero que hizo fue decretar el Estado de Alarma Pública, que significa algo menos que un Estado de Sitio, pero que conlleva la pérdida de varios derechos por parte de la población. 

Se ordenó el confinamiento de todos en sus respectivos domicilios, y sólo se autoriza la salida de casa por razones muy justificadas. Ya sea por trabajos ineludibles, por comercios de primera necesidad (supermercados, de productos alimenticios, farmacias y combustibles), o para sacar sus mascotas a los alrededores de su casa. La población está respondiendo. Todos saben que si “tu vecino está sano, tú estarás sano”.

Ante la avalancha de gente que ha saturado los hospitales, el Gobierno decretó que todos los centros de salud de carácter privado, sean puestos a disposición de la autoridad pública. Incluso más para quitar presión a los hospitales, se comienza ya a medicalizar hoteles. Allí van a ser llevados pacientes que requieran menores atenciones, dejando espacios en los hospitales para los más graves y para quienes requieran urgencias de otro tipo. En total, con el aporte de los hoteles, se calcula que habrá unas 20 mil camas más para atender a la población afectada.

Las fábricas de material sanitario y los negocios de productos médicos han sido puestos a disposición de la autoridad, y se han requisado los elementos no declarados o que estaban siendo acaparados por desaprensivos. Mano dura a este tipo de corrupción.

Están cerrados los cines, teatros, peluquerías, Iglesias, centros comerciales de diversa índole, lugares donde se reúna mucha gente…y comienzan a cerrar las grandes fábricas. Se han cerrado las fronteras y el transporte de mercancías por vía terrestre es férreamente controlado. El turismo, principal industria del país, está llegando a cero. Representantes del ejército (unos 3 mil efectivos), de la Guardia Civil y de Policía, se encargan de controlar las calles, desinfectar centros médicos y levantar hospitales de campaña.

Todo esto significa una paralización  de la actividad del país. Una merma económica como nunca antes se había visto, similar a una guerra. Por ello, el Gobierno ha preparado unos presupuestos especiales que han sido aprobados unánimemente en el parlamento. La oposición ha comprometido su apoyo a la gestión extraordinaria del Gobierno de Pedro Sánchez. No son tiempos para la política contingente.

Ya se han comprometido 200 mil millones de euros, casi el 20% del PIB de este país, para enfrentar la crisis y ayudar a quienes lo necesitan. Los empresarios gozarán de beneficios fiscales y créditos súper blandos con el aval del Estado. Y habrá perdonazos a los ciudadanos más vulnerables en los pagos de sus deudas habitacionales y de otro tipo, así como apoyo económico a la pequeña y mediana empresa. Y los trabajadores también percibirán sus emolumentos, ampliando las coberturas de la Seguridad Social.

Es un rápido resumen de lo que ocurre en España,pero esto mismo está sucediendo en toda Europa, con mayor o menor vigor, pero está sucediendo.   Y, reitero, esta es una pandemia. Va a llegar –si no lo ha hecho ya- a todos los rincones de la tierra, y es una emergencia sanitaria que nos afecta a todos. Debemos enfrentarla, entonces, con disciplina para seguir los consejos de los expertos, con rigor para que no se aceleren los contagios, con visión amplia de previsión, con sacrificios generales también amplios y con la certeza de que vamos a lograr superar esta pandemia.

La autoridad debe ser, de acuerdo a la circunstancia, de expertos, de gente con conocimiento de lo que sucede, con el apoyo general y unitario de todos.

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