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Editorial: Demos gracias a la democracia

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

La destacada profesional  Mónica González, Premio Nacional de Periodismo 2019, en diversas entrevistas concedidas con ocasión del otorgamiento de este galardón, señaló reiteradamente que la “industria de las  noticias falsas” (o fake news, como se acostumbra  decir en este país que marcha con paso rápido al bilingüismo) que encuentra benevolentes espacios en  los diversos medios de comunicación social, constituye una grave amenaza a la democracia misma como sistema político y a nuestro propio sistema de vida.

Debiera llamar especialmente la atención la referencia hecha a “la industria de las noticias falsas” porque, al contrario de la creencia general, no se trata en este caso de simples rumores o de bromas mal intencionadas sino de acciones deliberadas destinadas o a desacreditar a determinadas personas del mundo social, político o religioso o a dejar establecidas como verdades ciertas apreciaciones del ambiente colectivo para generar “un clima de opinión” que sirva para confirmar  los temores e inseguridades que tienen las personas.

En Chile, hoy por hoy es posible constatar cómo frente a una información que presenta un hecho criticable, verdadero, falso o dudoso, en cuestión de minutos o de segundos aparecen a continuación decenas de comentarios condenándolo acompañados de un amplio caudal de groserías e injurias proferidas por emisores anónimos que ocultan su rostro y falsean su identidad y que reiterativamente utilizan los mismos términos

De por sí, estos procedimientos son condenables, constituyen una clara expresión de cobardía moral, pero además constituyen un atentado delictivo contra la esencia misma de la democracia. Es obvio que detrás de estos irresponsables autores hay grupos de poder que les proporcionan todos los medios necesarios para llevar a cabo sus fechorías.

Muchas personas tienden a considerar la afirmación precedente como una exageración alegando que, de ser cierta, sería bastante irrelevante especialmente frente a los resultados de un acto eleccionario.

Pero, el problema no es solo local o nacional sino que ha adquirido ribetes globales con consecuencias inimaginables.

Es el caso de los Estados Unidos, país que siempre ha sido presentado como democracia ejemplar o, como se afirmada en los tiempos de la Guerra Fría, como “paladín del mundo libre”.  Su actual presidente, de claros rasgos populistas, xenófobos y autoritarios, durante su campaña del 2015 no titubeó un momento en recurrir a agencias y a países foráneos  para lograr su objetivo aunque ello comprometiera la dignidad y la seguridad de su propio país.

Como expresara un análisis del sacerdote Eduardo Alonso (Revista Mensaje N°682) “tergiversar el resultado de una elección democrática a través de mecanismos perversos desvirtúa las bases de la civilización occidental y debe ser enfrentado con absoluto compromiso y lucidez. Está en juego nuestro modo de vida”. 

La empresa inglesa Cambridge Analytica logró recopilar los datos privados de unos 87 millones de usuarios de redes sociales y tal información la utilizó para influir en las decisiones electorales tanto en los EE.UU. como en Gran Bretaña con ocasión del plebiscito sobre el Brexit. Uno de sus ejecutivos, Alexander Nix, que trabajó en asociación con importantes millonarios conservadores del país del Norte, fue sorprendido confesando ante un supuesto empresario de Sri Lanka, confesando innumerables delitos tales como uso de tácticas de espionaje, sobornos y fake news, para diseñar la estrategia que permitió el triunfo de Trump y del Brexit. Esta estrategia, comenta el sacerdote Alonso, “posee ciertas características generales: dividir a la sociedad en base a un discurso de odio, noticias falsas, tergiversaciones, recursos a slogans remanidos y en manipular los comportamientos de una gama o segmento particular de individuos que, según el contexto, serán determinantes en el resultado final de la elección”.

El problema es más grave de lo que se piensa toda vez que involucra a grupos de inteligencia de países importantes, los cuales miran hacia el largo plazo.

Cambridge Analytica ya habría actuado, además, en India, México, Trinidad y Tobago, en algunos países de África y también en Brasil, Argentina e incluso con aportes financieros en Chile a través de Marshall Capital Partners.

En suma, nos encontramos ante una verdadera plutocracia informática multinacional que, junto con establecer relaciones entre las elites financieras más conservadoras de los diversos países, pretende consolidar redes que afiancen sus intereses y su situación de control y dominio mundial aun cuando ello signifique trabajar en pro de la desintegración de las naciones o de bloques geopolíticos.

Lo peor que nos puede suceder como país es permanecer indiferentes ante grupos de poder que reniegan de los valores esenciales del sistema democrático y que, a través de la manipulación informativa concretada por medio del uso inescrupuloso de las tecnologías, buscan salvar las apariencias aplastando la realidad de una comunidad de seres humanos libres. Cuando un elevado porcentaje de jóvenes no muestra aprecio alguno por la democracia y, por el contrario, miran con simpatía las autocracias, quiere decir que estamos en peligro. Ante ello ¿qué debemos y qué podemos hacer?

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