
Editorial. El Chile de mañana.
Nuestro país ha ingresado a una etapa trascendente de su vida que de seguro marcará la línea gruesa del porvenir. Solo los ingenuos y los ilusos pueden imaginar que a partir del 5 de septiembre entraremos a un período renovado, sin conflictos, en el cual prevalecerá la solidaridad por sobre la violencia, el sectarismo dogmático y la intransigencia.
Los augures, que frecuentemente aciertan en sus presagios, anticipan que el resultado final entre las opciones del “apruebo” y del “rechazo” será estrecho. Eso debe considerarse como un elemento positivo en cuanto se traduce en que no habrá vencedores prepotentes dispuestos a arrasar con sus adversarios y surgirá la necesidad imperiosa de buscar acuerdos fundamentales que garanticen niveles mínimos de consensos que permitan avanzar en nuestro desarrollo como comunidad.
Cometen un grave error tanto los sectores que aspiran a imponer sus convicciones ideológicas con actitudes intransigentes como aquellos que creen que su obligación fundamental es la de defender una sociedad de privilegios que resulta intolerable para la gran mayoría de la población.
El proceso constituyente, con todos sus bemoles, ha sido útil para remover las aguas y poner fin a un inmovilismo político y social con apariencias de paz interna y de tranquilidad pero que escondía un mar de injusticias e inequidades que en algún momento iban a estallar.
En buenas cuentas, el “plebiscito de salida”, cualquiera que sea su resultado, abrirá las puertas a un largo “tiempo político” que obligará a buscar acuerdos conducentes a un gran pacto nacional que garantice estabilidad, paz social, y desarrollo humano en el ámbito de una nación que es capaz de asumir sus problemas y conflictos y de buscarles salidas indispensables.
Loa sectores conservadores del país, que durante décadas actuaron como dique de contención ante la mera posibilidad de reformas institucionales y estructurales, sorpresivamente han mostrado una disposición favorable a importantes cambios que fueron permanentemente denegados por ellos mismos. La ciudadanía estará llamada a juzgar la sinceridad de estos renovados planteamientos que rompen con una historia constante o si se trata de una mera estrategia electoral y oportunista destinada, como señala El Mercurio, a “darle mayor credibilidad al relato de la opción Rechazo”. Su pacto simultáneo con la ultraderecha para enfrentar la campaña plebiscitaria, agrega una cuota importante de dudas a este respecto.
Por su lado, los grupos que durante el desarrollo de la Convención Constituyente mostraron actitudes de intransigencia, con rasgos de un marcado espíritu refundacional y partisano, también intempestivamente sorprendieron dando señales de apertura al diálogo y reconociendo falencias. Por sobre el voluntarismo sobreideologizado que primó durante el año de debate, termina siempre por imponerse la dura realidad como lo demuestra la historia. Implementar todo el aparataje legislativo que insinúa el proyecto entregado, requerirá recorrer un largo trayecto.
Los tiempos marcan la necesidad ineludible de alentar el debate ciudadano en forma, desalentando las polarizaciones que dejarán heridas insanables con grave y persistente daño en el cuerpo social. Aunque el Gobierno ha manifestado en forma reiterada que el resultado del plebiscito no está ligado a su gestión, es obvio que el país espera que el Presidente conduzca el trabajo tendiente a lograr los acuerdos fundamentales que desean las grandes mayorías.

![El amor en tiempos de crisis climática [*]](https://laventanaciudadana.cl/wp-content/uploads/2023/04/baque-3-150x150.jpg)





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