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Editorial: ¿Hacia dónde vamos?

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

1 de junio de 2018. Una fecha histórica. Una larga tradición indicaba que el 21 de mayo de cada año, fecha conmemorativa  del Combate Naval de Iquique, correspondía al Presidente de la República rendir cuenta de su gestión ante el Congreso Nacional. Las habituales manifestaciones de la fecha, con su secuela de incidentes y desórdenes, llevaron a separar ambos hechos de tal forma que, a partir de este año, la efeméride de Arturo Prat  no se mezclará con las protestas de contenido político.

Obviamente, esta primera “cuenta”, presentada cuando recién comienza un nuevo mandato presidencial,  no tiene tal carácter sino que más bien corresponde a un acto político  de reafirmación programática.

El presidente Piñera en esta oportunidad planteó ante los representantes ciudadanos una amplia serie de propuestas y compromisos a cumplir que, en líneas generales, pretenden constituirse en respuesta a las principales demandas del país.

Varias de estas iniciativas llamaron la atención de la opinión pública.

Aunque era algo que se veía venir, no dejó de sorprender el hecho de que el mandatario desechara definitivamente su proyecto “de reforma a la reforma tributaria” de su antecesora, tendiente a rebajar la carga impositiva a las grandes empresas. Para el grueso de la población, resultaba incomprensible que ante una situación fiscal ajustada o deficitaria, se insistiera en beneficiar a los sectores más poderosos del país. La promesa de campaña quedó, por ahora, en una eventual modificación del sistema para hacerlo más simple, más equitativo, más moderno, que promueva la inversión, el ahorro, el crecimiento, la creación de empleos, la innovación, el emprendimiento.

Otro punto destacado, fue el relativo al término del CAE (Crédito con Aval del Estado), sistema que sería remplazado por un Sistema Único de Créditos administrado por el Estado, sin intervención de la banca privada y con una tasa de interés del 2% anual.

Un tema fuerte, fue el de la dictación de una Ley de Integridad Pública, norma que atacaría con fuerza la corrupción política, elevando sensiblemente  las sanciones por cohecho y soborno, reconociendo de esta forma que los numerosos delitos pesquisados se han traducido en la práctica en la impunidad casi absoluta de estos delincuentes de cuello y corbata.

En el seno de las fuerzas oficialistas, causó preocupación su anuncio en cuanto a que se impulsará “con fuerza una política de derechos humanos que avance en materia de verdad, justicia, reparación y reconciliación frente a los graves atropellos a los Derechos Humanos ocurridos en el pasado”. La frase presidencial, en verdad, es lo suficientemente ambigua como para que todos los sectores políticos contemplen ya de reojo cual será el proyecto preciso que se someterá a la consideración del Parlamento.

El economista Sergio Urzúa, de Clapas-PUC, directamente vinculado al actual Ministro de Hacienda Felipe Larraín, comentó irónicamente en columna de El Mercurio”: “Con lápiz en mano, traté de seguir el Presidente con una lista. Anoté: Ministerio de Ciencia, línea de metro, puertos y aeropuertos, carreteras físicas y digitales, modernización del Estado, cable submarino, wi-fi gratuito, observatorio ciudadano, déficit habitacional, cuatro, millones de deportistas, dos días de Patrimonio Histórico, zoológico, animales domésticos, envejecimiento de población, cambio climático, revolución tecnológica, impresoras 3 D y 4 D, realidad virtual… Ya estas alturas estaba knock out de tanto tema, así que cerré la lista con dos preguntas: ¿Cuánto costará todo esto? y ¿de qué hablará el Presidente en los tres discursos que le quedan?” El propio diario empresarial cifró en 15.500 millones de dólares el costo de las promesas,  agregando que los “analistas dudan sobre su financiamiento”.

El hecho concreto es que “la cuenta” desbordó optimismo al mismo tiempo que eludía absolutamente la llamada “agenda valórica” que, a todas luces, generará sin duda graves problemas al interior de la coalición gobernante.

Los próximos meses se encargarán de decirnos hacia dónde se quiere caminar y cuáles serán las sendas que se tomarán. Lo que no debe olvidarse es que los tiempos de campaña ya terminaron y ahora será necesario transformar los discursos en hechos.

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