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EFICIENCIA ENERGÉTICA Y COTIDIANEIDAD

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC. Ambientalista.

La Eficiencia Energética está de moda en Chile y bienvenida sea, pues el concepto involucra el uso óptimo de la energía en general (electricidad, combustibles), un cambio cultural hacia una tendencia de disminución de la generación de desechos y hacia un mejoramiento en la economía familiar, en las empresas y el Estado, disminución de la contaminación atmosférica y control del calentamiento global. En resumidas cuentas nos mueve a que debemos ahorrar recursos y a ser austeros.

¿Qué entendemos por eficiencia energética? Una definición dice, “es la reducción del consumo de energía manteniendo los mismos servicios energéticos, sin disminuir la calidad de vida, protegiendo el medio ambiente, asegurando el abastecimiento y fomentando un comportamiento sostenible en su uso”. Otra, más técnica, dice “es el porcentaje de energía incorporada a una máquina que se utiliza en trabajo útil y no se gasta en calor desperdiciado y emitido al ambiente”. La primera es muy parecida a la definición dada en el Informe Brundtland de las Naciones Unidas, de 1987, relacionada con el desarrollo sustentable, que dice “desarrollo sustentable es el modo de desarrollo que permite satisfacer las necesidades presentes de la población sin comprometer la posibilidad de satisfacerlas para las generaciones futuras”. Ambas son confusas, incompletas y más bien vagas, por tanto, trataremos este importante tema de modo más coloquial y comprensible, señalando algunos ejemplos prácticos.

El enfoque debe partir entonces, de la definición de Herman E. Daly en su libro “Más allá del crecimiento”: “Desarrollo sustentable es aquel en que el crecimiento no va más allá de los límites medioambientales”. Imitando esta definición podemos decir que la mejor forma de ahorrar energía en no usándola (dentro de lo prácticamente posible, sin llegar a un extremismo). En la generación de energía eléctrica se dice “La mejor fuente de energía es el Nega Watt, el Watt que no se usa”.

Actuar eficientemente desde el punto de vista energético debe comenzar por cambiar nuestros hábitos cotidianos en orden a acostumbrarnos a utilizar cada vez menos recursos y consumir menos bienes y servicios. Todo utensilio fabricado por el hombre tiene un contenido de energía, la que se utilizó en fabricarlo. Por tanto, si analizamos en profundidad la necesidad real de adquirir un nuevo bien en el mercado y llegamos a la conclusión de que dicho bien es prescindible y por tanto rehusamos comprarlo, habremos actuado con tendencia al ahorro energético y de disminución de nuestra huella de carbono personal.

Veamos algunos ejemplos cotidianos para fijar ideas:

  • Si nos damos duchas breves ahorraremos agua y la energía que se utilizó en purificarla y transportarla por las cañerías hasta nuestro hogar, además del combustible para calentarla.
  • Si hacemos compost con los residuos orgánicos domésticos, se ahorrará la energía requerida por los camiones para llevarla hasta los basurales, se generará un abono valioso y gratuito y se disminuirá la contaminación ambiental.
  • Para secarse las manos en un baño público basta usar una (a lo más dos) hojas de papel absorbente, en lugar de una tira de un metro de largo o más, como es lo típico de observar. De este modo se requerirán menos árboles para producirlo y habremos contribuido a disminuir la presión sobre el medioambiente.
  • Mejor aún, si no usamos toallas de papel ni seca-manos eléctricos – con potencia de 2 o 3 kW – y nos secamos las manos naturalmente evaporando el agua en el aire, habremos ahorrado mucha más energía.
  • Conducir vehículos de modo suave y a velocidades económicas (no más de 100 km/h), utilizando poco freno y evitando acelerar bruscamente, ahorraremos combustible.
  • Aislando y sellando bien nuestras viviendas para evitar fugas de calor por techumbre, muros exteriores y ventanas, ahorraremos combustible y para calentarlas en invierno.
  • Apagar las luminarias en las habitaciones que se desocupan, genera importantes ahorros.
  • Usar artefactos eléctricos con certificación de alta eficiencia, en lo posible de categoría A.
  • La planificación urbana adecuada y los planos reguladores bien estudiados contribuyen al ahorro de energía.

Hay muchas otras maneras de ahorrar energía en nuestro diario vivir. Cada uno nosotros puede hacer el ejercicio de buscarlas y hacer una lista con ella para compartirlas en familia y contribuir a un menor consumo de energía.

Finalmente, lo que más contribuye a la eficiencia energética es hacer las cosas bien a la primera. Esto es poco usual en Chile y un tema al que se le debe dar solución con primera prioridad. ¿Cuantas veces observamos ejemplos de obras mal proyectadas, mal planificadas y mal hechas que se deben demoler para re-construirlas, a menudo más de una vez? Ello implica duplicar o triplicar los consumos de energía en materiales, vehículos y maquinarias. Si las autoridades del Estado actuaran adecuadamente planificando bien y oportunamente, se ahorrarían miles millones de pesos anualmente.

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3 Comentarios en EFICIENCIA ENERGÉTICA Y COTIDIANEIDAD

  1. Gracias Luis y Pedro por los comentarios.
    Efectivamente; el tema es poco destacado en la prensa y tratado de modo muy superficial a nivel de Estado. Se ha avanzado algo pero muy poco.

  2. Gran Comentario, temas ausentes en la prensa…
    Crecimiento puro versus desarrollo con equidad y respeto al medio ambiente

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