La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
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El abuso de la desinformación

En el mundo globalizado de hoy, el acceso a la información y el manejo de ésta son esenciales  para que la ciudadanía pueda de manera seria y responsable ejercer sus derechos y obligaciones.  Una ciudadanía informada y con capacidad crítica, es fundamental para que nuestra sociedad se desarrolle; la vitalidad de nuestra democracia depende de nuestra participación en los aconteceres de la polis, y nuestra participación en ellos de forma seria o irresponsable depende, en gran medida, de nuestro interés y capacidad de informarnos adecuadamente.

La globalización de las comunicaciones ha puesto el intercambio de información en las más diversas plataformas al alcance de la gran mayoría de los habitantes de nuestro país; ya sea en forma pasiva, al leer diarios, escuchar la radio o ver los noticiarios en televisión, o en forma activa al generar información en las redes sociales (Facebook, Twitter, Snapchat, etc…), somos protagonistas de la información. Ésta, se produce en forma vertiginosa, ya no sólo a diario sino que a cada minuto; ya sea a través de los medios de comunicación formales o a través de las redes sociales la información es generada y replicada en cantidades casi ilimitadas y en forma instantánea. A esto se suma el apetito voraz de todos nosotros por saber lo que está ocurriendo de inmediato y compartirlo rápidamente en nuestras redes.

Esta globalización comunicacional representa claramente un beneficio para una sociedad que busca estar cada vez más empoderada y que aspira a niveles de transparencia impensados hace unos años atrás. El acceso a la información y su uso,  transfieren el poder hacia la ciudadanía; a través de ella podemos monitorear lo que ocurre, reaccionar oportunamente frente al quehacer nacional, ejercer nuestros derechos, exigir a nuestras autoridades un correcto desempeño de sus funciones, fiscalizar a nuestros representantes, etc…

Sin embargo, este beneficio se diluye rápidamente cuando la información es intencional o impensadamente manipulada, o cuando en forma consciente o inconsciente es utilizada para desinformar.

Hoy en día, observamos cómo algunos medios de comunicación implementan estrategias de información tendiente a generar realidades más que a reportarlas; bajo una premisa similar a la de “miente, miente que algo queda”, algunos medios se dedican diariamente a repetir hechos noticiosos fundados o infundados tendientes a generar en sus lectores un percepción de realidad que se ajusta más a sus mezquinos intereses económicos o políticos, que a lo que realmente ocurre en el país.

 

Sin embargo, este fenómeno no solo se observa en algunos medios de comunicación; este fenómeno se observa también a diario en la ciudadanía en general; al hacer uso activo de nuestras redes de comunicación social, muchas veces nos encontramos difundiendo información que ha sido tergiversada o manipulada, contribuyendo voluntaria o involuntariamente a la desinformación. Al hacernos eco de un meme, al reenviar la dirección de un sitio de la red, al compartir extractos de información sacada fuera de contexto, al reproducir información sin verificar adecuadamente la fuente, nos hacemos muchas veces cómplices involuntarios de la desinformación, colaborando en generar confusión, ansiedad y a veces caos, y haciendo difícil el ejercicio serio y responsable de nuestra función y rol ciudadano.

El anonimato que nos dan las redes sociales, hacen esto aún más fácil; al no tener que hacernos responsables por lo que otros dijeron o produjeron, muchas veces nos sentimos con la libertad de reproducir o compartir pasquines informativos (o desinformativos), que no contribuyen en nada en los esfuerzos de construir un Chile mejor o hacer frente a una catástrofe o crisis nacional.

La frustración, justificada o injustificada, que se ha acumulado en muchos de nuestros compatriotas en los últimos años, incide también en que este fenómeno desinformativo se acreciente; movidos por esta rabia contenida, por un sentimiento de impotencia, o por la frustración a que hacíamos mención anteriormente, muchas veces nos apresuramos en compartir con nuestras redes sociales información tendenciosa y no verificada que no contribuye en nada a resolver los problemas que originaron nuestra frustración, rabia o impotencia, sino que por el contrario, la mayor parte de las veces, solo contribuyen a agravarlos.

Es nuestro deber y obligación ciudadana hacer un uso serio y responsable de la globalización comunicacional, de manera que las grandes ventajas que esta trae consigo, se materialicen de manera positiva y contribuyan al desarrollo y no a la desintegración social.

Algunos consejos prácticos para tener en cuenta antes de compartir información en las redes sociales (fuente google):

  1. Mira que la fuente de la noticia que vas a compartir sea confiable y reconocida;
  2. Confirma que la fecha, el lugar y los nombres mencionados coinciden con los que esperas comunicar;
  3. Busca al menos dos fuentes más que hablen sobre el tema y confirmen la información que estás por compartir;
  4. Si conoces a alguna persona que sepa más que tú sobre el tema que vas a compartir, pregúntale su opinión.
  5. Si la información que vas a compartir pasa satisfactoriamente estos cuatro pasos, entonces puedes compartirla con mayor tranquilidad.

La guía práctica antes citada termina señalando de manera muy acertada que la información es una fuente de poder; la desinformación propaga la ignorancia.

Elijamos ser parte del esfuerzo constructivo por avanzar hacia  un Chile mejor contribuyendo a desarrollar una ciudadanía informada y con mentalidad critica, y no nos hagamos  cómplices de quienes se empeñan por desinformar para debilitar el poder ciudadano y fortalecer sus agendas personales o grupales.

 

Maroto, Canadá.

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1 Comentario en El abuso de la desinformación

  1. 100% de acuerdo. Estar bien informado da la oportunidad de tener opinión tanto al momento de ejercer el derecho a votar como en circunstancias de discusión y/o de influencia. Imprescindible asegurarse de la veracidad, entonces antes de usarla.

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