
El bombo imposible
Vivimos en un mundo construido sobre cosas que casi
nunca fallan.
La aviación, por ejemplo: millones de vuelos cada año y
accidentes contados con los dedos. Si la probabilidad fuera
solo un poco peor, los aviones no existirían. Nadie aceptaría
subir a un aparato que se cae “de vez en cuando”. La
aviación existe porque el riesgo es tan bajo que está,
literalmente, fuera de nuestra experiencia de peligro.
Ahora imagina otra cosa.
Un bombo de lotería gigantesco. Pero no con millones de
números, ni con miles de millones. Mucho más. Un bombo
con tantos números que ningún ser humano, en toda la
historia del planeta, podría ver jamás el número ganador.
Aunque jugaras todos los días durante diez millones de
vidas, nunca te tocaría.
Pues bien: nuestra existencia es más improbable que ganar
esa lotería imposible.
Que haya vida, que haya conciencia, que tú y yo estemos
aquí, respirando y hablando, es un resultado que está en el
extremo de lo infinitamente improbable.
Y, aun así, vivimos como si este milagro fuese lo normal.
Como si se pudiera desperdiciar.
Si entendiéramos de verdad lo improbable que es estar
vivos, lo imposible que era que saliera “nuestro número” en
ese bombo infinito, comprenderíamos algo sencillo:
No tenemos otro billete.
No tenemos otro planeta.
Y no tenemos otro ensayo.
Por eso deberíamos cuidar nuestro entorno con la misma
seriedad con la que la aviación cuida cada tornillo de un
avión: porque una vida como la nuestra no vuelve a
repetirse jamás.
***
JP
28.11.2025
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| N. del E. Fuente de imagen: https://buenasvibrasbolivia.com/no-tenemos-otros-planeta-b/ |







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