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EL CAMPO, EL CAMPUS Y EL BARRIO QUE SE NOS VAN (23.09.2014)

J. Antonio Zelada Espinosa

Arquitecto Premio Regional de Arquitectura y Diseño Consejo de la Cultura y las Artes 2012

Este artículo es de 2014, casi cinco años atrás. Tiene una relación con mi oposición al Pacyt de la Universidad de Concepción (UdeC), pero entonces eso no era lo fundamental. Algún lector lector dirá ¡pero que obsesión con el Pacyt! Y claro que sí, es que yo no quiero que con ese proyecto pierda:

1°) la Universidad, que es como mi universidad, no porque haya estudiado allí (soy de la U. de Chile), sino porque estuve trabajando 20 años allí, con muchas ganas y amor por lo que hice, que fue fundar y poner en marcha la carrera de Arquitectura, lo que ocurrió a partir de 1992;

2°) que pierda la ciudad y el barrio donde viví y trabajé por unos 50 años (aún tengo mi oficina en la Diagonal) y

3°) que no se pierda la idea de un Pacyt, porque de fracasar allí se va a perder; pero si se hace en un lugar adecuado de la gran ciudad, puede potenciar a la misma y a la región toda.

EL CAMPO, EL CAMPUS Y EL BARRIO QUE SE NOS VAN

El cambio de los sentidos del tránsito en las calles Edmundo Larenas y Beltrán Mathieu ha complicado a los residentes en ese barrio y a los usuarios que trabajan o estudian en la Universidad de Concepción, ya que hasta hace pocos días en ambas calles el flujo vial era en ambos sentidos, excepto en la cuadra entre Víctor Lamas y Chacabuco, que era unidireccional hacia la Plaza Perú. La medida de cambio fue decretada por la Municipalidad a solicitud de los vecinos, según ésta ha dicho, y sus ventajas prácticas parecen ser dudosas por la cantidad de reacciones en contra que se han leído en la prensa y en las redes sociales. Pero yo estoy casi seguro de que los vecinos no saben que la cosa tiene proyecciones mayores: porque el Plan Regulador Comunal (PRC) proyecta la unión de la comuna de Chiguayante con el centro de Concepción mediante un camino por el cordón de cerros del Caracol, que baja y conecta justamente en este par de calles, simplemente porque no hay otras alternativas. Por lo tanto la Municipalidad tenía programado este esquema funcional desde que formuló su Plan Regulador. Y el camino por el alto existe, aunque solo lo suban por ahora los vehículos 4×4.

Como docente de la UdeC (donde, por petición del rector Augusto Parra en 1991 fui uno de los dos profesores creadores de la carrera de Arquitectura) alerté a la Universidad cuando aún no se oficializaba el PRC para que objetara esta idea, al menos como una conexión vial de primera jerarquía en el sistema urbano. Esto porque, según mi punto de vista, esta conectividad haría cambiar la vida de todo el barrio -el campus y el barrio La Toma- con este flujo vial que podría llegar a ser muy intenso. Nadie “me dio boleto” y poco después pude ver que la U “tenía su pañito que cortar” en esta vialidad proyectada, cuando sus autoridades y el profesor Jaime Baeza, entonces Director de Investigación, formularon el proyecto de una urbanización en ese cordón de cerros -que es de propiedad de la UdeC- para establecer el denominado Parque Científico Tecnológico (Pacyt), así como también dar margen a futuros negocios inmobiliarios.

En mi visión, el barrio La Toma y el campus universitario hoy constituyen una especie de tranquilo y bucólico “bolsón urbano”, una situación privilegiada ideal para cualquier área de la ciudad, especialmente en este caso donde se está a solo cuadras del corazón de la ciudad. Privilegio este que ha permitido el crecimiento del campus en un medioambiente muy sano, natural y tranquilo o quieto, qué decir de las áreas residenciales, desde la “aérea” calle Los Aguilera y la vía de borde Victoria – Edmundo Larenas, el límite simple y todavía tranquilo entre la universidad y la ciudad residencial.

Un flujo vehicular ajeno a la vida propia del sector sería simplemente fatal para estas características reseñadas, de verdad un sector privilegiado, tanto para la gente residente como para la academia, donde hoy se funden casi naturalmente el campo y el campus; privilegio que a mi juicio se debería mantener como, en un ejemplo análogo e ilustrativo, se ha tratado de mantener a todo trance en el barrio Pedro de Valdivia Norte en Santiago, tal vez lo que va quedando como barrio singular, no anodino y verde en esa ciudad.

¿Por qué aquí no sabemos apreciar ni potenciar nuestras singularidades y, a contrario sensu, tenemos que romper la armonía urbanística siempre?

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