«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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El día “D”.

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

El 6 de junio de1944, día del desembarco de las tropas aliadas en las playas de Normandía, fue la fecha determinada por el general Dwight Eisenhower para abrir un sorpresivo nuevo frente en el combate contra el Ejército alemán. Desde ese entonces, tanto en la jerga militar como en innumerables actividades civiles o de grupos armados de variada índole, la expresión de “el día D” es utilizada para indicar un momento que se estima decisivo.

Si bien las elecciones presidenciales chilenas de hoy domingo 21 de noviembre probablemente no sean decisivas, están llamadas a constituir un hito trascendente en cuanto crearán las condiciones que determinarán en gran medida el futuro político del país al seleccionar mediante el balotaje el nombre de los dos postulantes que pasarán a la segunda vuelta que será la definitoria.

Como en anteriores oportunidades lo hemos señalado, los procesos electorales en todo el período pos dictadura han puesto de manifiesto la escasa formación cívica de la inmensa mayoría de la ciudadanía. Los deteriorados partidos políticos, llamados naturalmente a poner a disposición del elector los elementos en base a los cuales pueda discernir fundadamente su opción, han abdicado de su responsabilidad y paulatinamente han ido declinando corrompidos por sus apetitos individuales o grupales de poder, por la búsqueda sin tapujos de financiamientos externos incompatibles con su propios fines y por el manejo interno de grupos de poder frecuentemente ligados a espurios intereses.

Es, pues, muy fácil apreciar cómo las campañas deliberadamente esconden antecedentes básicos que pudieran ser herramientas útiles para orientar a las personas en la adopción de sus decisiones y se enfocan en los ataques personales anónimos a través de las redes sociales, en la creación de imágenes insulsas o de eslóganes sin contenido sustantivo. Los pactos políticos se muestran carentes de liderazgos que lleven a una reflexión madura sobre el presente y que entreguen un mensaje de futuro, un sueño de un mejor país. La tarea política de convocar y comprometer al ciudadano, dejó de ser una acción de socialización, en que pueden confrontarse actores que incluso piensan distinto, para transformarse en operaciones de marketing manejadas remuneradamente por agencias de publicidad, transformadas hoy en los selectos manipuladores de la opinión pública.

Tras el último debate televisivo (ANATEL 15.11. 2021) que constituyó un fiasco para el candidato de la ultraderecha, éste se quejaba públicamente porque no se habían tocado temas tan importantes como la delincuencia, el terrorismo, la inmigración. Tales puntos constituían la cancha perfecta para exacerbar en su favor las inquietudes de una ciudadanía tensada por la incertidumbre y el temor.

Pero cabe preguntarse: ¿puede un país decidir su destino inmediato teniendo el miedo como la razón de su determinación?

De hecho, los sectores conservadores de toda sociedad, preocupados de imponer sus “principios” y de preservar sus privilegios, actúan política y electoralmente exacerbando el temor de la población como herramienta de trabajo. La delincuencia, el terrorismo, el narcotráfico, la incertidumbre, la inmigración, son mostrados como los problemas fundamentales de un país en tanto que la pobreza, la inequidad, la desigualdad, factores que claramente son responsables de las tensiones sociales en toda comunidad.

El sistema democrático, en teoría, entrega a cada ciudadano una pequeña fracción de poder, la que en su ejercicio pasa a constituir “la voluntad nacional”. Y es, precisamente, la actuación responsable y madura de cada elector lo que se requiere como punto de partida hacia una sociedad más justa, integrada y solidaria.

Ante una elección como la de este domingo 21, hay un set de cuestiones que debiésemos plantearnos: El candidato, y la coalición política que lo sustenta ¿defienden y trabajan en pro de un determinado sector de la sociedad y sus intereses? ¿Están dispuestos a hacer cambios fundamentales para lograr mayores niveles de equidad? ¿Están dispuestos a hacer tales cambios respetando las reglas de la democracia y cerrando las puertas a la violencia? ¿Promoverán la equidad territorial de tal forma que la inversión pública logre igualación de oportunidades para todas las personas? ¿Promoverán la igual de género y respetarán una amplia diversidad? ¿Impulsarán la creciente organización de sindicatos, juntas de vecinos y organizaciones sociales para que las personas puedan defender adecuadamente sus derechos? ¿Sus discursos y programas de campaña son viables política y financieramente?

El cuestionario precedente, sin duda que puede ampliarse a tópicos de primera importancia en aspectos tales como la educación, la salud, la seguridad social. De lo que se trata es lograr que cada ciudadana o ciudadano, ahora o en una segunda vuelta, sea capaz de reflexionar sobre su responsabilidad y las consecuencias de sus actos.

Los fanatismos e ideologismos dogmáticos no nos conducirán hacia una mejor vida en común. Por el contrario, profundizarán las heridas de una sociedad notoriamente fracturada.

Con urgencia el país requiere una nueva cultura que supere el egoísmo y el individualismo, que abra paso al respeto mutuo y eche las bases indispensables para caminar hacia una convivencia solidaria.

Y en ese esfuerzo, todos tenemos algo que aportar.

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