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EL EGO (YO) COMO LIMITANTE COMPRENSIVO DE LA VIDA EN COMÚN.

Rodrigo Pulgar Castro, Doctor en Filosofía, UdeC.

Es sorprendente la ciega comprensión del fluir de la historia de la clase política y de los dueños del capital. Un ejemplo dentro de varios, sobran a decir verdad, es Andrés Velasco. Su caso es paradigmático. Veámoslo:  al decir que posterga sus aspiraciones presidenciales. ¿Sabrá que no tiene ninguna pero ninguna posibilidad de ser Presidente hoy ni menos mañana?. O quizá recién lo entendió y limita sus aspiraciones al Senado. Empero incluso aquí  las tiene duras, pues no tiene al momento la condición pedida para postular, ya que  su partido, su creación, no prendió como era de esperar. Es probable que en su fuero interno sospeche y a la vez acuse que es todo culpa de la nula capacidad lectora de los ciudadanos. De hecho, el nombre que le da a su partido es sencillamente clarificador de su talante: yo represento a los ciudadadnos, es decir, a todos los que con derecho habitan este país, incluso los que poseyendo la nacionalidad viven fuera del territorio.

Andrés Velasco es un modelo de lo sorprendente que resulta ver como cierta característica mesiánica atrapa en sus redes a muchos de la fronda política y económica, al punto que no miden ni menos disciernen el valor de sus figuras a la luz del protagonismo e incidencia  real que tienen en la esfera pública. Quizá los negocios sean muchos, o quizá el poder,  que es más cautivador que el dinero mismo, sea el responsable de tanta falta de sentido común. O tal vez alguien de sus cercanos les embolina la perdiz y, precisamente, a causa de ello se pierden en el espacio y tiempo.

El ego es peligroso en  razón de que impide mirar la alteridad como constitutiva del espacio común. Somos lo que somos en tanto habitantes de este mundo por la redes de vínculos y ambientes diversos en donde nos desenvolvemos. Al momento que muta  la mirada al yo de la inmanencia para pasar al yo visto como otro, el yo de la trascendencia, encontramos la raíz que explica la fundación de la comunidad humana; ahí ya hablamos de historia, por tanto, de comunidad. En esta, y  en cuanto somos parte del colectivo  reconocidos por otros como integrantes vivos, construimos historia, elaboramos raíces, crecemos y encontramos signos que  en cuanto los entendemos y hacemos propio, nos permiten habitar de mejor modo el espacio. Así entiendo que se es comunidad; entiendo que se es comunidad porque la persona se ve como una parte que colabora en el diseño y construcción de una trama cultural que le otorga identidad, de una trama que claramente es compleja en razón de ser tejida con hilos de distinto tono, grosor y extensión, en donde ni uno de estos es mayor en importancia que los otros. Además,  es evidente que en esta axiología radica la riqueza de la comunidad en la cual creemos, y defendemos.

En esta comunidad  nos proyectamos. Por ser nuestro proyecto, entendemos que  la relación entre las partes se caracteriza por “pedir” ser una situación-simétrica-dinámica. Es cierto, no es una cuestión que se viva en plenitud; por ello, es que la quererla la tenemos presente. Es de suyo nuestro impulso para movernos hacia una ciudad de mejor y mayor justicia , al fin y al cabo, como dice Aristóteles, no se nos olvida que “La ciudad (…) existe para vivir bien” (Política). Es cierto, también, que da la sensación que algunos no la desean como lugar de bien  para todos, pues al igual que en la obra de Orwel La granja de los animales, se sienten más iguales que el resto. Es de toda evidencia que esta mirada pseudo aristocrática es la que instala la desigualdad, puesto que trasunta un hecho mayor como es la apropiación por pocos del discurso sobre el sentido de la vida común, y por asociación el secuestro por pocos de la riqueza. Quienes forman parte de la fronda política y económica, sospecho, y a pesar de sus discursos sobre la igualdad, se creen más iguales  que la mayoría. Por eso, al ver que soplan vientos de crítica articulada en demanda de simetrias, al ser cuestionados en sus privilegios que a sí mismos se han han otorgado  como si fueren imperecederos, insisten en hacer del ego el artículo que identifica en todos los habitantes  la realidad y la via al bien. Pero, se sabe, el yo como articulador principal de la historia  es uno de los mayores peligros para la vida en comunidad.

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2 Comentarios en EL EGO (YO) COMO LIMITANTE COMPRENSIVO DE LA VIDA EN COMÚN.

  1. Un aporte mas para el desarrollo humano, bien Doctor, siga nutriéndonos a través de esta ventana del conocimiento.

  2. ¡Excelente profesor! Y muy útil para comprender como los que se dicen “líderes” se pierden en ellos mismos, en su “yo”, en lugar de entenderse como partes de un todo.

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