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El invierno se acerca. ¿Cómo estamos preparados en casa?

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC. Ambientalista.

Se acabó el verano, se nos viene el invierno y de nuevo debemos defendernos del frío. Resurge la vieja discusión sobre la calefacción ¿Cómo estamos preparados en nuestras casas para recibirlo y mantenernos en un saludable estado de bienestar y “confort térmico”? Repasemos algunos aspectos importantes y primordiales a tener en cuenta en nuestras viviendas para lograrlo. Son el aislamiento térmico, la condensación interior de humedad, el control de rendijas y los tipos de calefactores.

Lo que debemos hacer  en nuestros hogares para estar cómodos es calentarlo hasta alcanzar la temperatura de confort en el aire, la que está en el rango de 19 a 21 grados centígrados, de la manera más económica posible y mantenerla uniforme durante el día (en la noche se cambia el rango a 15 a 17 grados centígrados). Con esa temperatura  nuestro cuerpo, con vestimenta normal (calzoncillos o calzones, pantalones, camisas o blusa y pullover o chaleco) se siente cómodo, en estado de equilibrio térmico, sentimos “ni frío ni calor”.

Sin embargo, aun siguiendo estas recomendaciones, en la casa, en el trabajo o cualquier entorno cerrado, pueden surgir divergencias. “Ningún ambiente térmico puede satisfacer a todas las personas. En una misma sala siempre habrá alguien insatisfecho”, señala Sami Karjalainen, investigador científico del VTT Technical Research Centre de Finlandia, autor del estudio ‘El confort térmico y el género’.

Veamos qué aspectos básicos debemos considerar para lograrlo sin gastar mucho dinero.

La primera condición es que nuestra casa debe tener un buen aislamiento térmico tanto en los muros exteriores como en el cielo falso y la techumbre. También las ventanas y puertas exteriores deben ser térmicamente eficientes y ojalá sin rendijas para evitar infiltraciones de aire frío desde el exterior, los  vulgares “chiflones”. El aislamiento bajo la techumbre, en casos de no existir cielo falso debe ser generoso, con un espesor no menor a 10 a 15 cm de lana mineral compacta o de placas de poli-estireno expandido (el mentado “plumavit”) ya que la techumbre tiene una gran superficie. En caso de existir cielo falso, el aislamiento mencionado se coloca sobre él, con los mismos espesores.

¿Por qué aislamiento térmico de la casa? Pues porque debemos “abrigarla” poniéndole una “vestimenta” en su envolvente para evitar la fuga de calor por transmisión desde el interior cálido al exterior frío, tal como los humanos hacemos con la ropa para mantener nuestro calor corporal. Los animales están mejor preparados que el “omo sapiens” (muchas veces no tan “sapiens”) y típicamente no necesitan ropa, la tienen puesta, como se dice, “de fábrica”. Así, necesitaremos poca energía calórica, a suministrar por nuestros calefactores, para mantener la temperatura de confort. Por el contrario, si nuestra vivienda está mal aislada, el consumo de calor será muy alto y, por tanto, el gasto de dinero en combustible será elevado.

¿Qué tipo de calefactores son los más adecuados? Aquellos con cámara de combustión cerrada con caño de evacuación de gases de combustión hacia el exterior. Entre ellos las salamandras, los calefactores de doble cámara con revestimiento interior refractario, ambos a leña seca; los calefactores a “pellets”, de operación automática y los calefactores “a gas” o “a kerosene” (parafina). ¿Por qué con caño? Porque la combustión es una reacción química que genera calor + dióxido de carbono (CO2) + agua. Y en este último componente está el problema; los calefactores con caño evacuan, como dijimos, los gases y el vapor de agua hacia el exterior, sin generar contaminación intra-domiciliaria.            Los calefactores a leña del tipo “combustión lenta” tienen el inconveniente que contaminan la atmósfera, además de los gases, con humo y partículas finas (PN 2,5 y PN 10), sobre todo cuando queman “leña verde”, aquella con contenido de humedad mayor a 25% “base seca”. Los a pellets, son muy eficientes y poco contaminantes.

No es recomendable entonces utilizar calefactores portátiles de combustión abierta sin caño, ya sean a gas o a kerosene, pues tiene el grave inconveniente de entregar el agua en forma de vapor invisible en el interior, la que es importante ¡entre ½ y 1 litro de agua por cada hora!, provocando además contaminación intra-domiciliaria.

El agua – en estado de vapor invisible – así desprendida, migra por el aire interior hasta hacer contacto con las caras internas de los muros exteriores. Si estos muros están fríos, debido a un aislamiento térmico deficiente o una temperatura ambiental interior por debajo de la de confort ya indicada, el vapor de agua condensa y la condensación humedece las superficies lo que provoca el crecimiento de hongos microscópicos, de color verdoso o negruzco, vectores favorables a albergar los virus que provocan los resfríos y las gripes. Esta proliferación de hogos es mayor en los rincones superiores de encuentro entre dos muros ortogonales y el cielo falso.

Esta humedad condensada y casi invisible hace creer, a no pocas personas, que ella se debe a que “los muros se pasan”, es decir, que el agua de lluvia que moja el estuco exterior de un muro de albañilería de ladrillo o de hormigón armado, pasa de algún modo hacia el interior. Normalmente, en edificaciones bien construidas no es así, sino que sucede el fenómeno detallado en el parágrafo anterior. No quiero decir que no existan casas o edificios de departamentos que, por diseños constructivos deficientes o estar mal construidos, con muros que permitan la infiltración de agua desde el exterior por fisuras o porosidad; si fuese así ello es fácilmente detectable. Acá funcionan las leyes de la química y de la física, ciencias muy útiles y simpáticas que debemos respetar. (Para ello nos las enseñaron los maestros de nuestros queridos, extrañados y entrañables liceos fiscales y colegios particulares de antaño).

También podemos usar las llamadas técnicamente “bombas de calor”, es decir los equipos de aire acondicionado tipo “Split”, reversibles frío/calor, en modo calor en invierno. Son muy económicos y recomendables por su alta eficiencia energética, pues “multiplican la energía eléctrica que absorben de la red por cuatro”. Es decir una potencia equivalente de 1kW produce una potencia calórica de 4 kW.

Es muy importante recordar que se deben sellar las rendijas existentes e intersticios que pueden haber en puertas y ventanas con burletes auto-adhesivos para evitar las infiltraciones de aire frío, las que en días ventosos pueden provocar una pérdida de calor mayor que la producida por transmisión por muros, ventanas y techo.

“El gasto energético en calefacción es importante –  hasta el 50% del consumo en el hogar – y por cada grado que se suba la temperatura, el gasto aumentará un 7%. La temperatura de confort en invierno es entre los 19 y 21 grados centígrados, y durante la noche basta con que los dormitorios estén entre 15 y 17º, según indica el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDAE), España”.

Por último, un par de consejos útiles:

  • Para ventilar completamente una habitación es suficiente con abrir las ventanas 10 minutos para renovar el aire.
  • Cierre persianas y cortinas por la noche: evitará importantes pérdidas de calor.

Lectura relacionada https://elpais.com/sociedad/2013/10/02/actualidad/1380748936_565485.html

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