El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Rusia, Australia, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

El partidismo líquido.

René Fuentealba Prado, abogado.

El 9 de enero, falleció en Leeds, Reino Unido, el filósofo y sociólogo Zigmunt Bauman. Intelectual  destacado en el análisis de la naturaleza y características de la sociedad actual, acuñó el término de “modernidad líquida” pues llegó “a la creciente convicción de que el cambio es lo único permanente y la incerteza  la única certeza”. Una expresión suya sintetiza su pensamiento: “Con nuestro culto a la “satisfacción inmediata” muchos de nosotros hemos perdido la capacidad de esperar”.  La “modernidad líquida”, el “amor líquido” y, ahora, en Chile, ¿el   “partidismo líquido”?

Sumando ideas  de la teoría política y definiciones legales, se puede afirmar que un  “partido político es una  asociación voluntaria,  dotada de personalidad jurídica, formada por ciudadanos que comparten una doctrina y / o un programa, y que procura participar del ejercicio del poder político para realizarlos, para lo cual confían el ejercicio  de responsabilidades públicas a sus militantes, simpatizantes o aliados, para alcanzar el bien común y servir al interés nacional”.

Es posible que en un próximo comentario analicemos cada uno de los elementos que conforman el concepto precedente,  puesto que varios de los puntos señalados merecen una discusión interesante. Por ahora, queremos referirnos a la idea central: que se trata de una asociación  voluntaria  de ciudadanos que comparten una doctrina y / o un programa.

De lo dicho, fluye obviamente el hecho de que hay colectividades doctrinarias que, a partir de ciertos principios fundamentales, elaboran un programa concreto de acción para aplicar en una determinada realidad, y también hay partidos simplemente programáticos. De más está decir que tanto las ideas mismas como la forma de alcanzar su aplicación práctica, van evolucionando conforme van cambiando el conocimiento y  las sociedades.

Queremos centrar este texto en dos ideas. La primera, es  que a un partido político se ingresa voluntariamente. La segunda, es que quienes ingresan lo hacen porque comparten una doctrina y / o un programa.

Históricamente, Chile mantuvo una tradición marcada por la existencia de partidos consolidados que se repartían de izquierda a derecha en todo el espectro político. Sin embargo, durante el largo período de la dictadura su acción se diluyó rápidamente. Algunos, porque se incorporaron con  gusto  al régimen,  renegando de toda convicción democrática, y otros,  porque se consagraron a la lucha  destinada a ponerle término por vía pacífica o violenta, según los casos.. Lo concreto es que, durante este lapso, se apagó  la rica vida interna de estos movimientos y murió toda reflexión doctrinaria pues no había tiempo para pensar ya que la orden del día era simplemente  actuar.

Al término del régimen militar-gremialista, algunos partidos renacieron y otros surgieron, pero ni unos ni otros volvieron a tener la capacidad de ser comunidades vivas, con capacidad de participación efectiva, con presencia social activa de sus militantes, ya que priorizaron el ejercicio de cargos públicos y se transformaron en máquinas electorales más o menos eficientes. Los partidos pasaron a convertirse en “cooperativas de parlamentarios” a la vez que se consolidaban verdaderas castas que se perpetuaron en la administración del poder.

¿Cuál es el panorama actual?

En los sectores de Derecha, un ex presidente se vislumbra como candidato presidencial “independiente”  y el principal partido del sector, sin haber tomado decisión alguna, permite que relevantes militantes trabajen remuneradamente para él. Diversos grupos se descuelgan denunciando que en el sector no existe participación alguna y emprenden sus propias aventuras personales.

En el lado de la centro-izquierda tradicional, el paisaje no se ve más auspicioso. La participación efectiva de militantes se ha anulado, las máquinas se han apoderado del control interno, los parlamentarios se involucran en la medida que les garanticen su cargo o su ascenso a senadores,  y los desafiantes se reparten el país como un botín de guerra,

Al margen de las dos habituales coaliciones, han ido surgiendo innumerables nuevas colectividades. La mayor parte de ellas, responden a aventuras y caprichos personales o, como afirman algunos malhablados, a maniobras tendientes a captar algunos recursos de financiamiento estatal.  Otros nuevos partidos posiblemente perdurarán en la medida en que sean capaces de ocupar espacios ideológicos que hoy están libres, que sean consecuentes y que tengan capacidad de soportar derrotas a la espera de la maduración de sus proyectos.

Los partidos son indispensables en una democracia participativa siempre que sean capaces de responder a su razón de ser. Al contrario, si el afán de alcanzar o de mantener el poder los encandila, su deterioro será inminente. La situación concreta actual impone la existencia de coaliciones políticas. Las coaliciones, si quieren ser sólidas y consolidarse en el tiempo, requieren concordar en una propuesta programática común que diga, de cara a la ciudadanía, “esto es lo que nos comprometemos a hacer en un tiempo equis”. Pretender incluir todo en un programa para dar satisfacción a todos, puede tener razones electorales pero, como ha quedado demostrado, dificulta  la gobernabilidad y daña gravemente  al país.

La asistencia de personeros de partidos que no han definido formalmente sus opciones presidenciales a la proclamación de un precandidato de otro partido, es claramente una irresponsabilidad, cualesquiera que sean las razones justificatorias o explicativas que se den.  Insólito, además, resulta el llamado de Alejandro Guillier a que los partidos que integran el conglomerado de que él mismo forma parte den “libertad de acción presidencial” a sus militantes sin ejercer sobre ellos “control disciplinario”.  Si bien sus expectativas explican por qué lo hace, precisamente su carácter de “independiente” debiera llevarlo, más allá de sus intereses propios, a respetar la institucionalidad de los partidos.

Si los partidos, a pesar de todos sus defectos, dejan de ser una cierta “comunidad de ideales” para transformarse en montoneras en que cada cual resuelve “a su pinta”, se socavarán sus cimientos y ello afectará, más temprano que tarde, el funcionamiento del régimen democrático para solaz de sus solapados enemigos.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl