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¿HASTA CUANDO?

Análisis político

René Fuentealba Prado, abogado.

Poco a poco se ha ido develando una larga serie de situaciones irregulares (o claramente delictuales) en el campo de la política, las que han sido descubiertas ahora pero que se han venido cometiendo hace largo tiempo. Algunos de los involucrados se han escapado simplemente porque el derecho a ejercer las correspondientes acciones penales se encuentra prescrito.  Otros justifican su accionar y afirman su inocencia. Los ciudadanos se sienten profundamente desconcertados ante tanto desparpajo.

Durante muchos años, la política permaneció en un ámbito idílico en el cual, si bien se hacían reproches permanentes cuestionando el actuar de quienes se movían en este campo, generalmente no se hacían imputaciones concretas que merecieran reproche penal.

Un conflicto más bien privado, abrió la compuerta y llevó los hechos al lugar en que siempre debieron estar: el de la Fiscalía y la Justicia. Hugo Bravo, mano derecha del grupo Penta, peleando por su derecho a recibir determinadas indemnizaciones laborales, dio a conocer la forma truculenta en que sus empleadores financiaban generosamente (pero fuera de la ley) a un determinado sector político. Como por arte de magia, la avalancha se precipitó y se fueron sumando casos y casos: ex senador Jovino Novoa, senador Orpis y Corpesca, hijos del senador Pizarro y del diputado León, ex diputado y ex ministro Secretario General de la Presidencia Jorge Insunza Gregorio de Las Heras (¡qué apellido materno más cargado de patriotismo y de historia!), ex senador y ex ministro Carlos Ominami, candidato presidencial Marco Enríquez Ominami, ex senador, ex ministro y otrora precandidato presidencial Pablo Longueira, colectividades políticas, etcétera, etcétera, conforman la “lista de honor” de la política chilena. A lo dicho, se suma la aún no suficientemente aclarada actuación de Natalia Compagnon.

Lo curioso de todos estos casos, y lo que más llama la atención, es que de todos los imputados, nadie es culpable.

Novoa, condenado por la Justicia, alega haber reconocido su culpabilidad para evitar ser sometido por largo tiempo al enjuiciamiento ciudadano. La senadora van Rysselberghe repite y repite que los hechos imputados a Novoa no eran delito a la fecha de su comisión (con lo cual está señalando que éste fue condenado en abierta violación de principios fundamentales del Derecho consagrados por la Constitución, principios ignorados hasta  por los abogados que asumieron su defensa). Ominami alegó con éxito la prescripción de la acción penal, curiosamente por  haberse cumplido el plazo para que actuara un determinado servicio público. Orpis e Insunza explican que por largos años recibieron remuneraciones de empresas pero que “nunca jamás” vendieron su conciencia. Otros explican que recibieron pagos millonarios simplemente por hacer informes verbales. Los de más allá señalan que utilizaron un avión de una empresa brasileña para su campaña  pero que por un error olvidaron incorporar este gasto en la contabilidad.

Nadie tiene el valor y la entereza de asumir sus responsabilidades a cara descubierta.

En los últimos días, ha ocupado los espacios de la prensa el ex ministro Insunza. Remunerado generosamente por una empresa minera mientras presidía la Comisión de Minería de la Cámara de Diputados, hay en su forma de actuar una deslealtad sin nombre ante la Presidenta de la República.

En comentarios anteriores, se ha  señalado hasta el cansancio que “la política” y “los partidos políticos” son esenciales para la subsistencia de un régimen democrático.  A lo anterior se agrega otra afirmación categórica: Es bueno que se conozcan todos los casos de corrupción para que así se dé comienzo, cuanto antes, al saneamiento de la política.

Las críticas ciudadanas se dirigen mayoritariamente a muchas de las colectividades tradicionales. Ello ha abierto un terreno propicio para el surgimiento de nuevos movimientos y partidos. Lamentablemente, muchos de ellos no constituyen sino aventuras personalistas que serán, por supuesto, flor de un día. Otros, han sido capaces de sustentarse sobre la base de un enjuiciamiento crítico a la realidad que se vive pero sin que se logre saber cuales son sus ideas fundamentales, sus propuestas, su relato. Sus cuadros dirigentes, angustiados por la necesidad de lograr un crecimiento electoral rápido, han abierto las puertas a tirios y troyanos, en la esperanza de que en el camino se arreglará y limpiará la carga.

Las recientes primarias municipales han significado un toque de alerta para las dos grandes coaliciones. Salvo excepciones, los niveles de participación han sido paupérrimos.  Una posible lección a sacar: los ciudadanos carecen de confianza en sus eventuales dirigentes. Los ven como “grupos de interés” o como clanes familiares que han encontrado en la política una forma fácil de vivir.  Si no hay una renovación moral pronta, las aguas abandonarán los cauces normales y se desbordarán de forma caótica e incontenible.

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