La tan "mentada" Carretera Hídrica, desde un punto de vista estructural, ingenieril... como proyecto, claro que es viable. ¿Se puede construir? Sí claro, lo que no se puede es: predecir, con claridad, sus consecuencias y daños colaterales, desde el punto de vista Medio Ambiental y sus alteraciones naturales, con la sola intervención de los espacios...
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INCOHERENCIA VALÓRICA

Maroto

Desde Canadá.

En artículos anteriores nos hemos referido a como las improvisaciones y salidas de libreto parecen ser una característica propia de esta administración; improvisaciones que, en repetidas oportunidades, han dejado en evidencia la falta de coherencia o ausencia valórica del segundo gobierno de Sebastián Piñera.

La semana que acaba de terminar no ha sido una excepción.

Al defender la justificación de su visita a China y la firma de acuerdos con este país, el presidente Piñera señaló “cada cual tiene el sistema político que quiere” en abierta contradicción con la batería de argumentos que él, su ministro de relaciones exteriores y los diferentes partidos y movimientos de Chile Vamos han utilizado para defender el valor de la democracia y justificar la estrategia que el gobierno ha adoptado en relación con la actual situación en Venezuela. ¿Por qué las violaciones a los derechos humanos, las restricciones a la libertad de expresión, las persecuciones y encarcelaciones y el autoritarismo son condenables en un caso, pero aceptables en otro?

La Cancillería chilena emitió una declaración sobre los alcances de la labor de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH); esta misiva, firmada en conjunto con los gobiernos de derecha y extrema derecha de Argentina, Colombia, Paraguay y Brasil, fue presentada a la CIDH sin discusión pública previa y en el más absoluto sigilo. En ella se cuestiona el sistema interamericano de derechos humanos, el alcance de los esfuerzos que la CIDH pueda realizar para protegerlos, y se pretende limitar su accionar por la vía de esgrimir argumentos basados en el principio de la subsidiariedad y la autonomía de los estados. ¿Por qué los espacios multilaterales y los organismos fiscalizadores son aceptables para este gobierno en el ámbito del comercio o en la firma de acuerdos como el TPP, pero son cuestionables cuando se habla del resguardo del medio ambiente, la defensa de los derechos de los inmigrantes y la protección de los derechos humanos en Latinoamérica? ¿Por qué el compromiso absoluto con la defensa de los derechos humanos es enarbolado como bandera cuando se habla de Venezuela, Nicaragua y Cuba y sin embargo se pretende limitar cuando se refiere a las facultades de la CIDH?

La respuesta a estas interrogantes es simple y compleja a la vez.

El gobierno actual ha demostrado, con estas y otras acciones, que carece de una claridad y compromiso valórico, lo que hace que sus iniciativas e intervenciones aparezcan muchas veces como el resultado de impulsos personales inconsultos, la aplicación de un doble estándar, o la improvisada toma de decisiones erráticas y zigzagueantes.

Esta falta de claridad se ve agravada por la tozudez de un gobierno que se rehúsa a entender la reflexión compartida, discusión y el intercambio de ideas como una herramienta que enaltece y enriquece y no como signo de debilidad. Es absolutamente legítimo que una administración pretenda impulsar su agenda programática; pero, cuando esta agenda toca temas valóricos, altamente sensibles y trascendentes, es de primordial importancia que el gobierno lo haga en un ambiente de transparencia, aportando claridad en relación con los valores que pretende perseguir o fortalecer y promoviendo un debate profundo, que incluya a todos los estamentos pertinentes de la sociedad.

La carencia de valores o principios orientadores se hace aún más evidente en una administración que intenta gobernar fundada en los resultados de las encuestas. No estamos hoy frente a una autoridad que lidere sobre la base de su formación como estadista, su capacidad ética, su compromiso moral, y su vocación de cambio; por el contrario, estamos frente a una autoridad cuyas decisiones oscilan y vacilan dependiendo de lo que las últimas encuestas le indican, lo que necesariamente genera decisiones con miradas miopicas y cortoplacistas. Lamentablemente, como señalara recientemente el filósofo italiano Nuccio Ordine en una entrevista a The Clinic, pareciera ser que “en el mundo de la política actual, la coherencia es una palabra vacía”.

El mal que aqueja a la administración de Sebastián Piñera no es de fácil solución y se observa también en sectores de la oposición; los valores no se entienden y aprenden de un día para otro; el compromiso con ciertos principios rectores no se adquiere de la noche a la mañana; y la capacidad de valorar y apostar al largo plazo, aun cuando esto implique comprometer beneficios electorales cortoplacistas, no se desarrolla en un abrir y cerrar de ojos.

Lo anterior requiere de tiempo, coraje y esfuerzo. Tiempo para desarrollar y comunicar una visión; coraje para impulsarla; y esfuerzo para que, con generosidad y humildad, se busquen oportunidades de conciliación e integración que permitan avanzar en la implementación de esta visión sumando la mayor cantidad de apoyos, y sin comprometer su esencia.

El desafío antes mencionado nos lleva a recordar una antigua discusión acerca de la importancia de la claridad ética, la moral y su relevancia en la política. Según Aristóteles, la ética y la moral están íntimamente vinculadas a la política y, por lo tanto, toda decisión política debe necesariamente tener un sustento ético y tendrá una innegable connotación moral. Maquiavelo en cambio, considera la política como actividad ajena a la moral, y por lo tanto los valores éticos son prescindibles y no tienen aplicación al momento de actuar en política; según ello, se puede gobernar aun cuando se adolezca de un vacío valórico, ya que lo único importante es alcanzar el poder, conservarlo y acrecentarlo.

¿Hacia qué lado se continuará inclinando este gobierno?

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1 Comentario en INCOHERENCIA VALÓRICA

  1. Perdón, acaso hay algo coherente, que diga relación con la ética, en estas sociedades dominadas por el inhumano Neoliberalismo?
    Buen artículo, pero por favor, con mucho respeto le consulto lo señalado, a usted Maroto y a la ventana ciudadana.

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