La ciudadanía no puede permitir que lleguen al gobierno, los que se coluden contra sus intereses.
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¿Independientes?

Dos son las características que recorren gran parte de las campañas y candidaturas por estos días. En primer lugar la nula mención, referencia o vínculo de los candidatos con partidos políticos, y en segundo lugar, declararse o presentarse como independiente; es decir, un sujeto impoluto, incontaminado de la política, pero principalmente de partido político alguno. En otras palabras hemos transitado en estos últimos años desde aquel que se declara apolítico, pasando por el antipolítico hasta llegar el día de hoy a los independientes. Esta situación viene a representar otro síntoma más de la falta de convicciones de quienes buscan hacer política a través de alguna candidatura. Parafraseando a Bauman, estamos en presencia de una política liquida y de algunas candidaturas desechables.

Parece ser que militar, simpatizar o situarse en una determinada postura política e ideológica fuera un problema más que un mérito o atributo, incluso una especie de estado o condición vergonzosa o desventaja para competir. Como si declararse partidarios de las ideas de izquierda, derecha, progresistas, neoliberales, conservadoras o marxistas constituyeran una situación de descrédito público.

No haya nada peor para un sujeto que renegar o querer ocultar su posición política, ideológica o valórica, más aun si se es candidato; es decir, busca la disputa del poder para transformar la sociedad.

Ya en otras columnas hemos manifestado que la política es la principal herramienta con la cual cuenta las personas para ejercer poder. La política es construcción, disputa, disenso, conflicto, lucha por un orden deseado, por eso, declararse apolítico o antipolítico, no sólo está mostrando una ignorancia supina, sino también una falta de convicciones que deja a las personas expuestas a la manipulación, pero principalmente carentes de toda coherencia y consecuencia en su forma de pensar y actuar.

Entonces, una cosa es el independiente, entendido como aquel sujeto que no tiene vínculos o relación con algún partido político y otras es pensar que alguien puede ser independiente política, ideológica o valóricamente.

No existen los neutros, ambiguos, imparciales o indefinidos, todos de una u otra forma tenemos algún punto de vista, sensibilidad, inclinación u opinión sobre los diversos temas y problemas que afectan a nuestra sociedad. Distinto es que no se diga públicamente, ya que -como hemos señalado- puede que no traiga réditos. Así, el independiente no habla de política, menos de ideologías, más bien habla de lugares comunes e ideas generales. Prefiere ocultar su identidad o postura política, encubriéndola bajo una falsa neutralidad e imparcialidad; es decir, una impostura intelectual.

 

Danny Gonzalo Monsálvez Araneda. Doctor en Historia.

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