«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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INSEGURIDAD CIUDADANA

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Las noticias que me llegan desde Chillán, son preocupantes. La delincuencia está azotando descaradamente y la inseguridad ciudadana se percibe por todos lados. Sólo un par de ejemplos.

          Hace sólo un par de madrugadas, el Shopping Center chillanejo, ubicado en pleno centro de la ciudad, fue saqueado por una banda organizada de delincuentes, llevándose alrededor de 300 millones de pesos en joyas, relojes, celulares y elementos propios de la telefonía móvil. Los delincuentes actuaron descaradamente y con mucho tiempo para desmantelar aquellos emprendimientos, sueño de esforzadas personas que buscaron en el comercio su medio de vida.

          Semana y media antes, muy cerca del Shopping Center, la Notaría Tejos también fue desvalijada por una banda que actúo de madrugada, utilizando máquinas corta hierros para abrir las puertas del establecimiento. Rompieron cajas fuertes y revolvieron los escritorios de los funcionarios de la notaría. Se llevaron algo más de 3 millones de pesos, en dinero efectivo, más otros elementos de escritorio.

          En estos dos casos –y en varios más que se están registrando en la ciudad-, nadie oyó nada, nadie denunció ninguna irregularidad, se produjo un silencio enorme, temeroso.

          Nuestra ciudad ha sido modelo de tranquilidad, de buen vivir, habitada por gente de bien. Entonces, es válido presumir que la delincuencia ha venido desde otros puntos del país, ha buscado complicidad en sectores marginales y está actuando sobre seguro.

          Las instituciones destinadas a la seguridad, a prevenir el delito, a cautelar el sueño de la gente de bien, están desbordadas, Su personal está agotado y, aunque de vez en cuando reciba modernos equipamientos, se da cuenta de que ha habido utilización política en muchas de sus actuaciones.   

          Por su parte, las autoridades judiciales señalan que se centran en la aplicación estricta de la Ley y que no pueden aplicar medidas más fuertes en contra de los detenidos. Muchos de ellos, son muy conocidos por la policía y los juzgados.

          Entonces, ¿qué nos queda? Nos queda un Parlamento que se esmera en aprobar leyes “modernas”, copiando experiencias de otros países más adelantados, con mayor educación cívica. Especialmente en épocas electorales.

          A los ciudadanos que no queremos vivir enjaulados, nos queda comenzar a tomar medidas. Debemos prevenir y ser solidarios sociales, denunciar cualquier ilícito del cual seamos testigos. Debemos ayudarnos unos con otros y exagerar las medidas de prevención. Debemos exigir que las instituciones funcionen y debemos buscar los nuevos liderazgos que nuestra democracia nos está exigiendo.

Acción social conjunta, solidaria y decidida. Instituciones cumpliendo con su cometido con eficiencia. Jurisprudencia adecuada a los tiempos que corren y un Parlamento que busque en el sentido común las leyes que necesitamos. Entonces, las policías se verán estimuladas, los jueces aplicarán las medidas correctoras suficientes y los ciudadanos volveremos a vivir tranquilos y en paz, pensando en un futuro mejor, con mayor igualdad, justicia y progreso.

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