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Krisha

Krisha, 2015, dir. Trey Edward Shults

 por Iván Ochoa Quezada

Hacer cine es difícil. Lo es en general, y más aún en países donde no hay una real industria cinematográfica autosustentable, como el nuestro. Por ello, quienes aspiramos a formar parte de la comunidad creativa caemos muy pronto en el desencanto de ver que todo opera bajo una lógica mafiosa y francamente mediocre, derrotista, y alienada. Nos hacen creer que dependemos de fondos públicos cuyo acceso está sumamente obstaculizado, que nuestras ideas carecen de potencial y/o impacto social, que nuestras sensibilidades son erróneas o inapropiadas, y un sinfín de otras trabas que contribuyen a ese sentimiento de desasosiego. Por ello, de vez en cuando, debemos recordarnos el mirar hacia otros lugares en busca de reafirmación, de apoyo moral, para darnos cuenta que avanzar por fuera de los caminos preestablecidos para nosotros es posible, y sobretodo, es lo que debiésemos hacer.

Krisha es uno de esos ejemplos. Aplaudida en diversos festivales, incluyendo Cannes, y hecha por un presupuesto ínfimo (menos de $15 mil dólares, recaudados en una campaña de crowdfunding o financiamiento colectivo), la cinta debut de Trey Edward Shults es el ejemplo epónimo de una película que maximiza los escasísimos recursos que tiene, y es capaz de entregar una historia absorbente y concisa que sostiene su impacto por mucho más que sus exiguos 80 minutos de duración.

Krisha es la protagonista, una mujer sexagenaria que carga muchísimo peso emocional en su espalda. Desde el primer momento de la película, cuando la vemos en un oscuro primer plano acompañado de música ominosa, advertimos cuál es el viaje que tenemos por delante. El resto de la historia la sigue durante el día en que es invitada a pasar Acción de Gracias junto a su familia, de la que se ha auto-marginado por larguísimo tiempo para buscar “mejorar su calidad espiritual”. La verdad es que Krisha es una alcohólica drogadicta, profundamente autodestructiva, que no sólo se ha abandonado a sí misma sino a quienes la aman, incluyendo su hijo Trey. Durante la velada, donde ella es la encargada de cocinar el pavo, las tensiones escalarán de manera insoportable cuando se hace evidente que su estabilidad mental es sólo una fachada – que las risas y abrazos iniciales son sólo un velo que oculta la ebullición de emociones brutales acumuladas durante una década de vejaciones y falsas redenciones.

Filmada en una sola locación durante 9 días (que conforman un día de historia), y un elenco limitado formado en su mayoría por una familia real, Krisha es un testamento del poder de una narración firme y experimental, económica y honesta. La cámara y el montaje de Shults, junto a la música de Brian McOmber y las finas actuaciones de todo el elenco, hacen un excelente trabajo construyendo la tensión entre Krisha y su familia, y el peligro que corre su estabilidad mental (y la velada en su totalidad) a medida que surgen los remordimientos, y convierten una premisa familiar en una historia extraordinaria.

Así que cada vez que sintamos que la marea está en contra nuestra, ejemplos como éste nos recuerdan que tener todo en contra puede, a veces, ser usado como una bendición.

Krisha, al ser una cinta tan pequeña, está disponible para visionado sólo mediante streaming.

 

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