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LA ATMÓSFERA DE LA TIERRA Y OTROS PLANETAS

Ronald Mennickent Cid

Astrónomo. Director departamento de astronomía, Universidad de Concepción.

La atmósfera de la Tierra es aquella masa de gas que la rodea y cuya composición es principalmente Nitrógeno y Oxígeno. Cuando respiramos llenamos nuestros pulmones de aire, llevando oxígeno al torrente sanguíneo. Este oxígeno es fundamental para el desarrollo de las actividades celulares que nos mantienen vivos. En particular, el oxígeno participa de las reacciones de oxidación dentro de la célula, proceso del cual se obtiene la energía que nos permite vivir y escuchar este programa, por ejemplo. Pero, si no existiese esta reserva de oxígeno en la atmósfera de la Tierra no sería posible la existencia de vida humana. Se cree que el oxígeno apareció en la atmósfera terrestre producto de la descomposición del anhídrido carbónico por especies vegetales hace millones de años. La atmósfera no sólo es la fuente del agente oxidante para los seres vivos, sino también una capa protectora que detiene los dañinos rayos ultravioleta que provienen del sol. Esto rayos, capaces de destruir el material genético de la célula y producir cáncer, son absorbidos por un compuesto de la atmósfera llamado ozono.

Es la atmósfera la que permite la sustentación del vuelo de las aves voladoras. Si no existiese este medio de “sostén” sería imposible su vuelo, e imposible hubiese sido el desarrollo del transporte aéreo para la humanidad.

El fenómeno del sonido, que no es otra cosa que variaciones de densidad del aire desplazándose a una velocidad de unos 360 metros por segundo, necesita de una atmósfera para existir. El desarrollo del arte musical hubiese sido imposible sin la existencia de una atmósfera.

Un parámetro físico importante de la atmósfera, aparte de su densidad y temperatura, es la presión. Todos estamos acostumbrados a las diferencias de presión al “volar” por una montaña rusa, durante las turbulencias en un viaje aéreo o bien al pasar por un bache pronunciado de una carretera. Estas diferencias de presión se traducen en un cosquilleo en el estómago. Al subir una montaña vamos a regiones de menor presión, porque en las alturas hay menos aire, menos gas atmosférico, luego existen menos moléculas en agitación que produzcan fuerzas sobre nuestros cuerpos. El peso de la columna de aire también es menor a medida que ascendemos (hay menos aire sobre nuestras cabezas). Por el contrario, si nos sumergimos como buzos bajo el mar, experimentaremos cada vez mayor presión, producto del peso del agua que está sobre nuestros cuerpos. Ningún buzo puede bajar más allá de unas decenas de metros sin equipamiento especial debido a los nefastos efectos fisiológicos que experimentaría su cuerpo, por ejemplo, el paso de burbujas tóxicas al torrente sanguíneo.

La atmósfera de la Tierra satisface los requerimientos de presión y composición química de los seres vivos, no así algunos de los planetas que forman el sistema solar.

Nuestros vecinos planetarios tienen una atmósfera muy distinta a la de la Tierra. Por ejemplo, Venus, siempre rodeado de una densa capa de nubes que impide ver su superficie, tiene una atmósfera compuesta de dióxido de carbono y ácido sulfúrico muy venenoso para los humanos. Marte por otra parte, tiene una atmósfera compuesta principalmente de dióxido de carbono, pero con una densidad menor al 1% la de la tierra. Las temperaturas de Marte son en promedio 50 grados más bajas que las de la Tierra, mientras que Venus es un infierno de 462 grados Celsius.

La luna y otros satélites naturales menores no tienen atmósfera. Esto se explica porque debido a su pequeño tamaño fueron incapaces de retener (por fuerza de gravedad) los gases con que se formaron sus cuerpos sólidos. Por el contrario, los planetas gigantes gaseosos, Júpiter, por ejemplo, son tan masivos que retuvieron incluso los gases livianos que no están presentes en la atmósfera de la Tierra, como el hidrógeno y el helio.

La única atmósfera “respirable” en el sistema solar es la de la Tierra. Los astronautas llevan escafandras justamente para provocar una atmósfera artificial dentro de sus trajes espaciales. Si súbitamente dejaran sus trajes durante una caminata espacial, morirían no sólo por la falta de oxígeno, sino porque que reventarían por la diferencia de presión que se produciría entre sus cuerpos y el medio interplanetario, el cual tiene una presión mínima, por ser casi vacío.

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