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La disciplina y la imaginación en tiempos difíciles

Rafael Galdames Fuentes

Sociólogo CEUR- Universidad del Bío-Bío

En la vida, parte diciendo Ch. Dickens en su novela sobre tiempos difíciles -críticamente- que lo único que necesitamos son realidades. El chorro de ellas forma y educa a la generación de reemplazo,signo de la época victoriana en Inglaterra de mitad del siglo XIX. Las mentes infantiles privilegiadas eran plenas hasta el desborde de la educación cientificista. Por ejemplo, la definición de un caballo: “Cuadrúpedo, herbívoro, cuarenta dientes; a saber: veinticuatro molares, cuatro colmillos, doce incisivos. Muda el pelo durante la primavera; en las regiones pantanosas, muda también los cascos. Tiene los cascos duros, pero es preciso calzarlos con herraduras. Se conoce su edad por ciertas señales en la boca, entre otras características más”. Un escenario de mutilación de los inocentes y la supresión de la imaginación en sus recipientes mentales, es decir, un caballo sin alma imaginaria de la intersubjetividad empática natural y sensitiva.

Tiempo de advenimiento del reinado de la burocracia pública investida por la elite gobernante, a través de paladines de la palabra para asegurar el reinado terrenal de los jefes de negociado. Y de la ceguedad de la disciplina autoritaria patriarcal y de fanfarria de la humildad y del falso sacrificio para alcanzar la cima del poder empresarial en las ciudades ensombrecidas por cielos humeantes de la segunda revolución industrial.

Todo ocurría en Coketown, ciudad imaginaria creada por Dickens -considerado por muchos como un intelectual burgués-, pero representativa de rutina diaria idéntica, de ladrillos rojinegros pintados por las chimeneas de los edificios fabriles movidos a vapor y de gente también parecida, que caminaba igual noche y día, año a año.

Según los estadísticos del empirismo abstracto de la época, la estirpe trabajadora no sabe lo que quiere, pero lo quiere ya. Quejones inconformes que quieren carne de primera y más.  De manera que en la ciudad del realismo estadístico era patente la ausencia de fantasía, el descanso y la diversión natural del ser.

La estadística y la ¿prosperidad natural o nacional, que es lo sabio?, se preguntaba Dickens. La nacional es la afín a la estadística; la otra, la natural está fuera de la caja del sistema en función. Ella, se asocia a la sustentabilidad, al cuidado de ser y su piso en equilibrio, el territorio.

Coketown, ciudad imaginaria de verdad, era una sociedad altamente fragmentada e idiotizada por los números. Todo esto a mediados del siglo XIX en la cuna del crecimiento económico de Inglaterra y en unión a un embrollo institucional al servicio de aquel. Señal de época de desdicha a tener en consideración o tiempo difícil, como ahora.

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