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LA ESTAFA DE LAS ENCUESTAS (Y SUS CÓMPLICES ACTIVOS)

En toda sociedad democrática, los estudios de opinión son útiles para auscultar lo que sienten y piensan las personas en un momento dado de la actualidad. También son útiles para hacer estudios de mercado, lo que permite a la industria y al comercio conocer cuáles son las razones que llevan a los consumidores a preferir un producto sobre otro. Obviamente, si estos estudios de opinión son manipulados por sus autores o si son manipulados por los medios de comunicación que actúan, en tal caso,  como “cómplices activos”, claramente estamos en problemas.

Marta Lagos, de la empresa de encuestas CERC-MORI y de LATIN BARÓMETRO, hace algunos meses publicó un documentado trabajo señalando que las encuestas que se realizan en Chile carecen del necesario rigor técnico y que no son comparables unas con otras ya que trabajan con metodologías diversas y miden universos distintos. En efecto, si la muestra seleccionada no se ajusta a la realidad, tenemos una deficiencia injustificable: más hombres que mujeres;  menos jóvenes que lo que indica la realidad; entrevistas presenciales o telefónicas; entrevistas a teléfonos fijos o móviles (lo que hoy tiene un  sesgo etario y social); exclusión del mundo rural; muestra limitada a la metrópoli o a grandes centros poblados; mala estimación del votante seguro y probable; y muchos etcéteras más, configuran un trabajo mal hecho.

Además, toda encuesta, cualquiera que sea su rigor, tiene un margen de error es decir un porcentaje de imprecisión que debe tenerse presente a la hora de analizar los resultados entregados.

En el país, al no existir ninguna institucionalidad ni pública ni privada que controle a las entidades que trabajan este campo, la seriedad de su actividad está seriamente  cuestionada. Recordado es el caso del ex diputado UDI Darío Paya (el mismo que alteró su apellido original “Payacán” para ocultar sus ancestros mapuches), quien hace algunos años inició su propio “emprendimiento”,  llamado Benchmark,  y estuvo entregando sistemáticamente estudios de opinión que fueron acogidos con beneplácito por la prensa tradicional. En el último año, entró CADEM a la arena política, ente que llevaba décadas haciendo estudios sobre detergentes, productos de tocador, medicamentos, etc. pero que, ahora, por iniciativa de su nuevo socio Roberto Izikson (ex funcionario de confianza del gobierno de Sebastián Piñera), entregó boletines semanales lo que no hace ni el Centro de Estudios Públicos ni ninguna de las grandes empresas del mundo por ser imposible alcanzar un mínimo de rigurosidad técnica en seis días.

Las elecciones del domingo 19, dejaron a las empresas nacionales de “encuestología” en el banquillo. CADEM, ADIMARK e incluso el CEP (proclamado siempre como el más “prestigiado”,  pese a su clara dependencia del gran empresariado) erraron gravemente. Sólo Criteria Research y la Universidad del Desarrollo lograron una aproximación aceptable.

La famosa “encuesta CEP” (y con ello el mismo Centro de Estudios Públicos) han resultado irremediablemente dañados pues ha dejado de ser confiables. Las declaraciones de su Coordinador de Opinión Pública, Ricardo González, negando intencionalidad o manipulación de datos, no son aceptables por el solo hecho de que sus resultados son bastante coincidentes con los de su competencia. ¿Se puede, entonces, creer en un error generalizado? Es por lo menos extraño que una candidata disminuya en un 50% su nivel de conocimiento entre una encuesta y la anterior; que MEO marque alto en el mundo rural; que Goic haya alcanzado su mejor nivel entre los jóvenes; que  Sánchez y Kast se les estime empatados entre los encuestados de derecha; que el candidato más cuestionado por su ética en los negocios haya aparecido con la honestidad como uno de sus atributos más positivos…  Hace tres semanas, El Mercurio publicó una encuesta encargada por el mismo diario a a una hasta ahora desconocida empresa “Líbero Consultores”,  respecto a la proyección electoral  de Antofagasta. Sus resultados lo dicen todo: Artés 0.6, obtuvo 0,4; Navarro 0,2 obtuvo 0,25; Goic 2,2 obtuvo 3,8; Piñera 36,1 logró 34,3; Kast 5,3 obtuvo 8,1; Enríquez-Ominami 1,3 obtuvo 6,7; Guillier 14,9 alcanzó 24,5 y Sánchez 13 logró 22. Luego, el diario concluye que el ex presidente supera por 22 puntos a Guillier en su propia región; que la suma de Guillier, Goic, Meo, Sánchez y Navarro no le hace el peso a Piñera.

Si bien es posible que, por ene factores, las encuestas no sean capaces de predecir adecuadamente los resultados de una elección (hagamos un ingenuo acto de fe a este respecto),  es absolutamente condenable, incluso desde el punto de vista de la ética profesional del periodismo, que las conclusiones entregadas y ampliamente difundidas con pertinacia tengan el propósito manifiesto  de manipular a la opinión pública e inducir determinadas reacciones. En los casos en que se deducen consecuencias que no fluyen de la pregunta;  en que una disminución de 1% es presentada como un retroceso ocultando deliberadamente que ello está en el margen de error; en que se carece de independencia para medir la solvencia técnica de estos trabajos; se está incurriendo en una falta gravísima. Lo extraño e incomprensible es que un Centro de Estudios que pretende ser serio, no haga presente en cada caso su molestia ante los medios por extrapolar artificiosamente conclusiones que no fluyen de sus encuestas.

Por lo demás, estas actitudes constituyen una torpeza política. Por años y años, los sectores más conservadores de la sociedad han creído que plantar la convicción del triunfalismo les traerá réditos. Lo hicieron con Gustavo Ross en 1938; con Alessandri en 1970; con Pinochet en 1988. Mejores resultados obtendrían si hicieran un esfuerzo por comprender la realidad y la evolución de las sociedades; si proyectaran políticas de justicia, inclusión y solidaridad; si dejaran de ser esa “derecha cavernaria” como la motejó el propio Vargas Llosa.

Lo curioso es que,  al final  de la jornada, la soberbia del exitismo arrollador se deshace como pompa de jabón. Sobrevienen la frustración,  el desencanto y la angustia. Se recurre, entonces, como tantas otras veces, a las campañas del terror que, paradojalmente, no atemorizan a la ciudadanía sino que terminan asustando a sus propios autores.

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1 Comentario en LA ESTAFA DE LAS ENCUESTAS (Y SUS CÓMPLICES ACTIVOS)

  1. ¡Cuánta realidad nos presenta este artículo! El cual parece ser algo simple, pero no lo es, porque una vez más vemos que Chile padece de una triste historia política, y para colmo se agregan las estafas de las encuestas que se le presentan a la ciudadanía. ¿Se está transformando nuestro país en uno completamente capitalista, donde el factor dinero es el que manda?. Por favor, aprendamos de las horribles experiencias que se están viviendo en los EE.UU. en este momento, para no caer en lo mismo.

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