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LAS DERROTAS DE PIÑERA Y EL TRIUNFO DE BACHELET

Los triunfos así como las derrotas no solamente se miden sobre la base de guarismos, también se requieren una lectura más allá de lo que puedan decir los números. Es indudable que Sebastián Piñera logró la mayoría de las preferencias. Nada nuevo en todo caso, ya que la mayoría de las cuestionadas encuestas lo daban por ganador; sin embargo, ese triunfo, esconde y expresa tres derrotas.

En primer lugar y más allá de lo que hoy se esté diciendo, Piñera no logró alcanzar la votación que se había propuesto. Su piso era el 40%. Todo lo que fuera de ahí hacia arriba conllevaba un triunfo prácticamente asegurado en la segunda vuelta. Que decir de aquellos que deslizaron que el ex Presidente alcanzaría la mayoría absoluta el pasado 19 de noviembre. Hoy Piñera tiene un 36% y la pregunta que surge es: ¿de dónde saldrá el restante 15% para imponerse a Guillier? Los votos del ultra derechista Kast (7,9%) no le bastan y pensar que un sector del Frente Amplio vote por él, es a lo menos ser muy cándido. Le queda, como ya suele ser repetitivo, apelar a los votos de la DC. A ese “centro político” que parece ser más bien una construcción discursiva que una realidad concreta. Por último, Piñera señala que esta elección es similar a la del 2010. Se equivoca. En aquella oportunidad se enfrentó a una coalición venida a menos, desgastada, sin nada que ofrecer al país y con un candidato muy poco competitivo (Frei). Además, a diferencia de Enriquez-Ominami el 2010, hoy emerge con fuerza y representación el Frente Amplio, que no es solo expresión de rabia o molestia, también es un proyecto de sociedad, diametralmente opuesto a lo que representa Piñera y la derecha.

La segunda derrota de Piñera fue a su discurso de la crisis permanente que vive nuestro país. Se vino abajo la perorata catastrofista de la derecha en el sentido que el país se está cayendo a pedazos, que la gestión de la presidenta le ha causado un daño enorme a los chilenos. Si ese fuera el escenario, Piñera debería haber triunfado sin problemas en primera vuelta y las candidaturas de Guillier y Sánchez, que apuntan a profundizar las transformaciones, habrían obtenido un mísero resultado, cuando entre ambos suman más del 40%, superando al propio empresario.

La tercera derrota de Piñera es el fracaso de su discurso que lo chilenos y chilenas no quieren más reformas. Todo lo contrario, existe un porcentaje mayoritario de compatriotas que votaron el pasado domingo para continuar con los cambios que ha impulsado la presidenta Bachelet. Los candidatos de centro izquierda, Guillier, Sánchez, Marco Enríquez y Goic, todos ellos (la suma de ellos) de una otra forma están por la continuidad de las transformaciones. Ninguno busca detener los avances y conquistas obtenidas y menos retrotraer lo alcanzado al día de hoy, como si lo pretende la derecha.

Por último, ésta elección tiene en la presidenta Bachelet una de sus principales ganadora (el otro es el Frente Amplio). Desde el primer día se jugó por una serie de reformas, apostando todo su capital político para que nuestro país logre alcanzar progresivamente mayores niveles de igualdad, derechos sociales y libertad.

Bachelet ha tenido la fuerza, convicción y el compromiso para avanzar en los cambios, muchos de los cuales fueron respaldados el 19 de noviembre. Por ello y por responsabilidad histórica, correspondería respaldar, en base a la unidad en la diversidad, la continuidad de aquellas transformaciones.

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