«La ética, la moral, las personas, la solidaridad, la justicia social y el medio ambiente, y una economía a escala humana, deben estar en primer lugar de los programas de quienes pretenden gobernarnos»

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La familia irreflexiva

Estos comentarios se han referido en general a puntos tales como Gobierno / Oposición, la relación entre ambos sectores, la actuación de los partidos y de los parlamentarios, el diseño y ejecución de políticas públicas y materias similares. Sin embargo, hoy nos vemos obligados a tocar un tema delicado que tiene notorios alcances sociales e incluso morales.

En los días previos a la Navidad, el Centro de Información e Investigaciones Periodísticas CIPER, hizo público el resultado de una indagación que había constatado que la esposa del Presidente da la República, María Cecilia Morel Montes, había viajado de vacaciones a Miami junto a sus hijas Magdalena y Cecilia entre los días 4 y 13 de diciembre.

El hecho en sí mismo, no debiera llamar mayormente la atención. Sin embargo, las circunstancias que lo rodean son preocupantes.

La “primera dama” viajó a los Estados Unidos a comprar regalos en medio de un clima de grave empeoramiento de las condiciones sanitarias del país. Curiosamente, en el ámbito de acción de un Gobierno que ha mostrado una preocupación fanática por las encuestas y por el qué dirán, el tour se mantuvo en absoluto silencio. Aunque su Oficina como encargada del Área Socio-Cultural de la Presidencia, tras la información de CIPER se apresuró en puntualizar que estos días de legítimo descanso familiar se habían tomado “cumpliendo con todos los protocolos y normas sanitarias vigentes”, muy luego se constató que durante estas diez jornadas su equipo había estado entregando diariamente un informe de actividades como si ella estuviera en el país. Así, la cuenta oficial de twitter la relacionaba con su participación en exposiciones del Museo Mirador, en ciclos sobre el eclipse, en la conmemoración de los 75 años del Nobel de Gabriela Mistral, en la divulgación de los protocolos para visitar a personas de la tercera edad, etc.  

A pesar de la defensa acérrima asumida por el Ministro París y otros funcionarios de confianza, las críticas no han cesado. El doctor Sebastián Ugarte, director de la Unidad de Cuidados Intensivos e Clínica Indisa, precandidato a Gobernador Regional por Chile Vamos y rostro televisivo, dijo: “Ir a los EE.UU. es irse a meter a la boca del lobo. Yo, a un familiar no se lo recomendaría. Con el mayor respeto a la Primera Dama”. Luego comentó: “Educamos más por lo que hacemos que por lo que decimos. La gente se queda con la práctica, no con el discurso. La gente pide que el lenguaje de los hechos coincida con el lenguaje de las palabras”.

La situación descrita bien pudiera quedar como una anécdota más. Sin embargo, tiene un simbolismo mayor: es la expresión de una clase que se siente con el derecho a estar por sobre la ley.

Desde la incorporación de sus hijos Cristóbal y Sebastián en la delegación oficial a China, pasando por las fotos de plaza Baquedano, por el paseo a la Vinoteca de Vitacura, por la excursión sin mascarilla por las playas de Cachagua, la entrega de viviendas del conjunto “Monte Andino” en Los Andes sin respetar normas sanitarias, el Presidente y su familia han mostrado una permanente actitud de irrespeto a las normas que se pretende sean obedecidas y acatadas por la toda la ciudadanía. Se trata finalmente de una violación de uno de los principios morales básicos de la República: la igualdad ante la ley.

Al anunciar la apertura de fronteras (aeropuerto Arturo Merino Benítez), el Mandatario expresó: “Estos importantes avances que mejoran la calidad de vida de todos (sic) los chilenos, no debe significar un debilitamiento en los cuidados personales… lavado frecuente de manos, uso de mascarillas, distanciamiento social”.

Cuando las personas se interrogan sobre las causas del estallido social de octubre de 2019, la respuesta es obvia: Hay un sector muy minoritario de la sociedad que vive en un mundo paralelo, que ni siquiera tiene conciencia de sus privilegios indebidos y que, por supuesto, es incapaz de renunciar a ellos. La Primera Dama, que en esa fecha estaba aterrorizada ante la invasión de los “alienígenas”, le comentaba a una amiga: “Parece que vamos a tener que renunciar a algunos de nuestros privilegios”. Transcurridos quince meses desde ese entonces, aún no se conoce iniciativa alguna para concretar esa idea.

Los infractores de ley que viajan en costosos helicópteros a su segunda o tercera vivienda para eludir controles, los doscientos y tantos mil autos que se desplazan a la playa en cualquier fin de semana largo, los organizadores de fiestas en el Espacio Broadway con reservas de mesas por $800.000.-, constituyen todos la expresión palpable, de un sector que no logra tomar conciencia de la realidad que se vive en el seno de una sociedad tremendamente fracturada.

Hay quienes, por lo menos, deberían dar el ejemplo. No lo han hecho y, de seguro, en el futuro tampoco lo harán.

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