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LA PANDEMIA DEL EGOÍSMO

Patricio Schwaner Saldías

Docente de Filosofía Universidad Católica de la Santísima Concepción

Asumir una postura racional en medio del conflicto en curso resulta casi imposible, particularmente porque nos encontramos en medio de una situación en extremo delicada para el mundo entero. Para algunos, el Coronavirus emerge como una pandemia de características insospechadas, que viene a quebrar los sistemas políticos, sociales y económicos, demostrando que, pese a todo el avance tecnológico, continuamos siendo tremendamente frágiles como seres humanos.

Para otros se trata tan sólo de una forma de “supervivencia” justificada con acciones egoístas, en las que ir a un supermercado resulta ser una ardua tarea competitiva, un desafío radical para obtener lo que solo algunos podrán comprar en desmedro del resto de los ciudadanos de a pie, que no tendrán el mismo privilegio.  Estamos pues, frente a una de las peores crisis de nuestra época; una crisis de humanidad situada en lo aparente. 

Si de pandemias se trata hemos de saber que el egoísmo humano siempre termina por imponerse, la carrera por la competitividad desmedida ya forma parte de nuestro habitar humano y frente a eso poco o nada podemos hacer. Sin embargo, surge en mí una profunda inquietud sobre el modo en el cual estamos haciendo sociedad, entendiendo que siempre en las peores situaciones de la vida, surge lo mejor y lo peor de los seres humanos. En palabras de Víctor Hugo: “Todas las situaciones críticas tienen un relámpago que nos ciega o nos ilumina”.

Frente a todas estas afirmaciones quisiera invitarles a cuestionarnos a nosotros mismos, haciendo de esta crisis humanitaria una oportunidad de reflexión, preguntándonos: ¿Qué realidades humanas son las que verdaderamente nos impactan? ¿Somos capaces de entender nuestro rol como seres humanos? ¿Aceptamos que, en la mayoría de los casos, el egoísmo está por sobre los intereses comunes? En un intento por develar estas interrogantes, abriremos un poco más las rutas del pensar humano, haciéndonos conscientes de nuestra necesaria contribución al entorno que nos rodea. De igual modo notaremos que existe una creciente dificultad a la hora de enfrentar escenarios sociales, pues nos hemos ido cargando de una suerte de apatía, aún cuando en nuestros discursos siempre procuremos una actitud políticamente correcta.

Einstein por su parte señalaba: “Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos”. Frente a esta profunda afirmación estamos invitados a hacernos un poco más humanos, a asumir la profunda realidad que estamos enfrentando y a respetarnos cada día más para construir una sociedad más cohesionada.

Sin embargo, tenemos que enfrentarnos a nuestra propia forma de ser, por lo que para algunos la peor cuarentena tiene que ver con enfrentarse a su propia fragilidad, a su propia forma de ser humano. Por esto es tan importante abrir permanentemente el diálogo, más ahora en que tendremos que vivir con restricciones, asumiendo una vida mucho más sencilla y austera. En otro sentido emerge la necesidad de comprensión hacia el resto de las personas que nos rodean, de modo que podamos apoyar a quienes nos necesitan.

Siempre después de una crisis es posible constatar un espíritu mucho más consciente; lo importante es hacerlo perdurar en el tiempo, para que podamos “comprender y comprendernos”, aceptando que en toda adversidad siempre existe un sentido único y necesario para nuestra existencia humana. 

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2 Comentarios en LA PANDEMIA DEL EGOÍSMO

  1. Esto es clave y va de la mano con la sociedad y el sistema EGOISMO.
    La sociedad solidaria es la única respuesta

  2. Si, el egoísmo, ese es el desafío para cada humano, vencerlo, extirparlo. También debemos aprender de los seres que comparten con nosotros esta ‘arca’ llamada Tierra. Ellos nos enseñan como es posible vivir y pasarlo bien, sin despilfarro y sin dañar la casa.

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