La soberanía radica en la Ciudadanía y debe expresarse con deberes y derechos, con disciplina y responsabilidad. Sin embargo, también debemos tener una gran cuota de valentía y fortaleza, para defenderla de aquellos que desean apropiarse de ella!

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¿La rebelión de las comunas?

“La Ventana Ciudadana” ha publicado en las últimas dos semanas algunos comentarios políticos planteando la necesidad de que en la elaboración de una nueva Constitución se releve el papel de las comunas y Municipios como el único camino posible para alcanzar una redistribución territorial del poder y lograr que un mínimo de equidad salvaguarde la dignidad de los habitantes del país real. Impresionantes me han parecido algunas cifras destacadas en la primera parte, números que muestran las graves carencias que sufren las localidades pobres y especialmente el mundo rural en comparación con la condición de vida de las “comunas del privilegio”.

Por supuesto, no podría estar más de acuerdo con los planteamientos del autor.

Sin embargo, me parece indispensable avanzar en un análisis más detallado del tema lo que, en mi opinión, podría permitirnos ajustar las medidas constitucionales y legislativas indispensables.

En mi opinión, todo juicio sobre el sistema municipal debiera partir por precisar cuáles son las atribuciones con que cuentan actualmente los gobiernos locales y, acto seguido, proceder a evaluar la forma en que estas entidades están cumpliendo las obligaciones consiguientes. Ello llevará a una distinción básica: Hay Municipios que no cumplen satisfactoriamente con sus deberes por no contar con los recursos humanos, técnicos, financieros, indispensables, y otros (probablemente cerca de una treintena) que no dan respuestas a los requerimientos vecinales por negligencia o por mala gestión. Así, por ejemplo, diversas capitales regionales y comunas aledañas con poblaciones más o menos similares, muestran claros déficits en aspectos tan básicos como aseo y retiro de basuras, tránsito, mantención de áreas verdes entre otros.  En estos casos, los vecinos observan con molestia y hasta indignación, que se contratan obras tales como reposición de aceras que son abandonadas por las empresas y luego permanecen botadas a pesar de haberse provisto oportunamente los recursos para su ejecución. O que mediante cuantiosas licitaciones se concesionen servicios de retiro de basuras y cuidado de áreas verdes sin que ni la administración municipal ni los concejales muestren capacidad alguna de fiscalización del cumplimiento de las actividades contratadas.

Ahora bien: Planteamos estos puntos tan específicos, por la sencilla razón de que los sostenedores del estatus vigente utilizarán mañosamente estos ejemplos para preguntar: ¿Cómo vamos a entregar mayores atribuciones y recursos a los gobiernos locales si son absolutamente ineptos para manejar las herramientas con que actualmente cuentan?

Concuerdo plenamente con la propuesta tendiente a despolitizar los municipios. Mientras la institucionalidad comunal siga siendo vista como un peldaño para ascender en una posible carrera política o como un camino para satisfacer las necesidades ocupacionales de los grupos partidarios, será imposible ejecutar un cambio de timón que se presenta como impostergable.

El municipio burocrático y paternalista está siendo sobrepasado por la historia. Si bien los vecinos tienen derecho a exigir soluciones y a reclamar eficacia y eficiencia en la gestión y a rechazar la instrumentalización política de los cargos, es evidente que el signo de los nuevos tiempos comunales es el de la PARTICIPACIÓN.

Los problemas locales son complejos e interdependientes y resulta imposible abordarlos adecuadamente sin la presencia activa de los vecinos, reconociéndoles su derecho a ser actores en la solución de sus problemas y no meros beneficiarios pasivos de las acciones de las burocracias políticas.

Es claro que hay otros aspectos del desarrollo local que reclaman reformas legales urgentes para evitar que el libertinaje normativo permita que los grupos de interés hagan y deshagan con el patrimonio de nuestras ciudades. Un ejemplo típico es el caso de los planos reguladores, área en que las debilidades y falencias de la legislación vigente han hecho posible que los grandes consorcios inmobiliarios (la mayor parte con sede en la metrópoli) se permitan toda clase de latrocinios y abusos, sin respetar áreas verdes, límites razonables de altura, condiciones de vida y de construcción (caso de los vergonzosos guetos verticales), crecimiento armónico de las ciudades, etc.

En 1993, hace 27 años, se constituyó la Asociación Chilena de Municipalidades, organización transversal que procuró instar por la reforma y consolidación del régimen municipal chileno y que actuó frecuentemente como ente técnico asesor de los gobiernos locales. Pero, en el 2013, en la sede de la Corporación Cultural de Las Condes, 39 municipios decidieron quebrar la entidad y crear una paralela Asociación de Municipios de Chile, con un perfil político muy definido, bajo la presidencia del alcalde de Lo Barnechea y actual Intendente de Santiago Felipe Guevara. Esta fractura sin duda afectó gravemente la dura tarea de construir un camino unitario que permitiera expresar con fuerza el poder comunal, condenándolo a la irrelevancia, en beneficio de los conocidos de siempre.

El desarrollo local es el clamor del Chile real. La tarea es compleja y tiene múltiples aristas. Pero el proceso constituyente podría abrir una puerta. Por esa razón, nos parece altamente positivo que La Ventana Ciudadana haya abierto este debate.  

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