«Los peores enemigos de la ciudadanía son los pobres que se creen ricos, son los que mienten acerca de la nueva constitución y son por supuesto aquellos que se oponen al desarrollo de una nueva sociedad con mas justicia y dignidad»

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La universidad de la vida.

El problema de la educación en Chile, es, sin duda, de alta complejidad. Durante muchos años, la atención de las autoridades y de la opinión pública se ha centrado en las demandas de los estudiantes de liceos y de pregrado universitario, no porque en sí sean prioritarias sino porque son los estamentos que con más fuerza se manifiestan.

El proceso educativo del país es a todas luces deficiente y los sucesivos gobiernos – todos – angustiados por las manifestaciones muchas veces violentas, han sido incapaces de definir “políticas de Estado” en la materia, que comprometan a todos, dejando en claro que una revolución educacional de verdad requiere el transcurso de toda una generación. Las medidas de parche sirven para subsistir y tranquilizar las aguas, pero de ninguna manera apuntan al fondo de la cuestión.

Para simplificar el análisis, diremos que una reforma real en la materia solo puede lograr resultados en el largo plazo ya que en términos generales debe partir por la formación pre – escolar: salas- cuna, jardines, escolaridad básica. Ello implica ingentes recursos humanos, financieros, tecnológicos, materiales, para lograr un acceso generalizado y de calidad al proceso, especialmente de los niños de sectores vulnerables y del mundo rural, históricamente excluidos. El problema radica en que, simultáneamente, deben ser atendidos los requerimientos inmediatos, impostergables, de los otros estamentos (enseñanza media, pregrado superior) puesto que no es aceptable, ni moral ni políticamente, sacrificar a las generaciones presentes en favor de las generaciones futuras.

A pesar de lo dicho, la realidad nos impone la obligación de partir por comentar el problema universitario del país.

El presidente Gabriel Boric, el miércoles 22 de junio concurrió a la Casa Central de la Universidad de Chile para participar en la ceremonia oficial de asunción del cargo de la primera mujer rectora del plantel, Dra. Rosa Devés elegida para suceder al profesor Ennio Vivaldi. De acuerdo a la ley, el Presidente de la República tiene el carácter de “patrono” de la Universidad. En tal carácter, en su discurso oficial el mandatario comprometió el apoyo prioritario del Estado a las universidades estatales en particular.

Lo manifestado, que no debiera causar sorpresa alguna ya que estaba así considerado en su programa de gobierno y que, por lo demás, es de absoluta lógica que el propietario de las casas de educación superior –en este caso, el Estado.

Sin embargo, las palabras presidenciales provocaron de inmediato la airada reacción de personeros de los planteles privados. Harald Beyer ex ministro de Educación bajo el gobierno de Piñera I y actual rector de la U. Adolfo Ibáñez, fue terminante: “Todas las universidades, independientemente de su naturaleza, sirven al interés general y deben recibir el mismo trato”.

¿Es tan así la cosa?

Un análisis detallado de la situación no es fácil, ya que en el sistema confluyen diversos tipos de actores con características diversas. El abanico es muy amplio y debiera considerar universidades estatales (tradicionales y nuevas); universidades tradicionales (de génesis y gestión comunitaria o social como las de Concepción y la Austral, o de propiedad de la Iglesia Católica) y privadas propiamente tales que han surgido de iniciativas personales o familiares como la Autónoma y la Diego Portales o que derechamente responden a propósitos religiosos e incluso políticos.

Pregunta: ¿Debe darse a todas el mismo trato? ¿O principios mínimos de equidad nos indican que deben ser tratadas como diferentes que son?

Más allá de la propiedad misma, que siempre es un dato a tener cuenta, toda calificación debe considerar los objetivos y propósitos de cada plantel, es decir si éste está o no al servicio del bien común, del interés general, o primordialmente sirve a grupos de interés particulares de cualquier tipo. La cuestión podría resumirse de la siguiente forma: Sus egresados (médicos, enfermeras, obstetras, odontólogos, profesores, entre otros) ¿se van a ejercer a localidades lejanas o a sectores sociales marginales que tienen marcados déficits o se concentran en su actividad en las comunas del privilegio? 

Por lo demás, hay casos que llaman profundamente la atención. Nadie ignora, por ejemplo, que la Universidad del Desarrollo está profundamente ligada a un partido político al extremo que en la jerga estudiantil se la reconoce como la “Universidad del Desarrollo”, al extremo que se ha transformado en una asociada al diario El Mercurio para crear “climas de opinión” mediante encuestas cuyos resultados siempre se conjugan con los propósitos ideológicos del mencionado rotativo. Similar es el caso de la Universidad San Sebastián, ligada al mismo sector anterior, que se ha transformado – Andrés Chadwick mediante – en centro de operaciones del “piñerismo” según diera a conocer el diario La Tercera.

Las consideraciones sobre el tema pueden extenderse indefinidamente pero pareciera evidente que muchas veces los tratos igualitarios son injustos, por lo que todo abordaje de la materia exige una evaluación muy profunda.              

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1 Comentario en La universidad de la vida.

  1. El requisito serio para discutir el tema de la universidad chilena no podemos partir asumiendo que en nuestro país existen 7 tipos de universidades (ver artículo de mi autoría el 19 de junio en LVC) como lo plantean con muy poco decoro los lobistas de Aequalis, en donde participan ex rectores de universidades serias. La universidad desde siempre ha sido una sola y por mi experiencia de post grado en Alemania el requisito básico es «tener la ciencia como su dignidad», según Ortega y Gasset, no existe la posibilidad de que sea un negocio burdo como en nuestro caso, disfrazado de ¿universidad docente?

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