«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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Las cartas sobre la mesa.

El presidente electo Gabriel Boric prometió que el día 22 de enero daría a conocer los nombres de su equipo ministerial de trabajo. Yados  cumplió.

El nuevo gabinete, que deberá asumir formalmente sus funciones el 11 de marzo próximo, no trajo grandes sorpresas. Los medios de comunicación llevaban semanas especulando sobre eventuales designaciones y, en general, los dirigentes que durante la campaña se habían mostrado como los más cercanos al candidato aparecen ocupando cargos que son considerados claves.

Entre las características más dignas de destacar tras el anuncio del nuevo mandatario, deben indicarse tres por su valoración positiva y simbólica.

Por un lado, era obvio que con Boric llegaba al poder una nueva generación que viene a sustituir los cuadros ya bastante desgastados de la política nacional, hecho significativo en cuanto implica un nuevo impulso y una clara voluntad de concretar cambios que la sociedad chilena está reclamando. Muchos podrán argüir que muchos de los nominados carecen de la experiencia política y administrativa indispensable para el desempeño de sus funciones pero, si se piensa bien, es casi imposible que el nuevo gobierno pueda superar la cifra record de destituciones y cambios marcada por Sebastián Piñera y que nunca ha sido destacada suficientemente por los grandes medios de comunicación adictos al actual oficialismo.

Asimismo, es remarcable (porque también constituye un aporte a la oxigenación de la política) la fuerte presencia de las mujeres en esta primera línea del nuevo Ejecutivo. Un vistazo a la realidad internacional permite constatar que las féminas han desempeñado y están desempeñando con capacidad, criterio y eficacia, altas responsabilidades a nivel de importantes países del mundo y de organismos internacionales, demostrando con creces que su histórica exclusión sólo respondía a un ideologismo machista retardatario. El criterio de “la paridad de género”, a Dios gracias, ha quedado por el momento claramente sobrepasado.

Una tercera característica, que por sabida se calla y por callada se olvida, tiene que ver con la procedencia educacional y social de los nuevos actores. Los dos gobiernos de la derecha (Piñera I y Piñera II) estuvieron marcados por una impronta indesmentible: tecnócratas egresados de la conservadora Pontifica Universidad Católica de Chile con estudios de pos títulos en universidades estadounidenses y, la mayor parte, asentados en las tres comunas del privilegio. Boric, junto con anunciar que no vivirá en el “barrio alto”, ha conformado un team en base a egresados de la principal universidad estatal del país y con residencia en comunas diversas de la capital y de regiones. La importancia de este dato fluye de las palabras del ex Ministro de Salud Jaime Mañalich cuando con ingenuidad declaró: “No tenía idea de que en Chile existía tal nivel de hacinamiento”. Es decir, se estaría pasando de una tecnocracia alejada de la realidad social del país a nuevos gobernantes insertos en el Chile en que viven no solo los marginados sino, en general, las personas comunes y corriente.

En el nuevo equipo, ahora sometido al escrutinio público, aparecen algunos nombres conocidos y muchos que deberán demostrar en la cancha sus capacidades y aptitudes. Desde el primer momento, algunos nombres aparecen ya cuestionados: la Ministra del Deporte, acusada por trabajadores de la Fundación Londres 38 de maltrato laboral, situación que ella debiera aclarar de inmediato para no perjudicar a las nuevas autoridades; y la Ministra de Defensa Maya Fernández y el de Agricultura Esteban Valenzuela ya que a una y otro se les imputa no tener la preparación pertinente a las tareas del caso.

En lo que pudiera ser calificado como el “golpe maestro” está la nominación del presidente del Banco Central, el socialista Mario Marcel, como Ministro de Hacienda. Economista de alto nivel, no tuvo empacho en oponerse a los retiros de fondos desde las AFPs a pesar de lo impopular de su actitud. Su nombre tuvo una amplia recepción favorable y hace presagiar un serio y confiable manejo de las finanzas públicas. El “punto negro” lo marcó, una vez más, el presidente del Partido Comunista. Marxista – leninista de la vieja escuela, continúa apegado a un dogmatismo fuera de época. Superado ampliamente en la interna del PC por la diputada Camila Vallejos, derrotado en sus aspiraciones senatoriales por la ex ministra Claudia Pascual, criticado por su ramplona frase de “rodear la Convención Constituyente” ahora suma su penúltima torpeza: Al interrogársele acerca del nuevo Ministro de Hacienda respondió “No tengo idea quién es”.

Aunque no lo quiera imaginar, Boric se verá obligado a enfrentar tanto a sus naturales opositores políticos como a algunos de sus aliados de coalición los que, muchas veces, resultan más peligrosos.

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