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Las vacunas, la prevención y el mercado

Carlos José Vivas Sanchez

Médico. Especialista en Administración de Hospitales

El 6 de julio de 1886, un químico francés de un sólido prestigio  logrado por su dedicación a la investigación en muchas áreas, con su trabajo había demostrado que la causa por la cual se dañaba la producción de vinos era la presencia de microorganismos que producían ácido; en esa fecha asume un reto mayúsculo no exento de riesgos, un niño de 9 años llamado Joseph Meister está irremediablemente condenado a la muerte: unos días antes camino a su escuela había sido mordido por un perro con ‘mal de rabia’, y el pronóstico no era otro que el desenlace fatal, no siendo médico, se vé ante el panorama de una madre que sabe del futuro poco alentador para su hijo, y la pequeña posibilidad de que pueda ser salvado mediante la aplicación de una vacuna que ha sido probada solamente en perros. El método de elaboración y aplicación de la vacuna es completamente experimental, no hay ninguna garantía solo esperanzas, durante diez días el niño inoculado no desarrolla la enfermedad y su vida se salva; vivirá 54 años más hasta 1940, ¿el nombre del científico?, Louis Pasteur.

No es Pasteur el primero en intentar prevenir enfermedades mediante este método, su trabajo se deriva de otros investigadores que lo han hecho en el pasado como Edward Jenner, que había desarrollado y demostrado el proceso de aplicación de una vacuna y la posterior protección contra la viruela.

El impacto para la Salud Pública de estos dos investigadores, es de gran trascendencia al demostrar que las enfermedades contagiosas tiene un organismo causal y que es posible prevenir y evitarlas. Va a llevar a la medicina del siglo XX, a transitar caminos sumamente exitosos, y que en su momento será complementado por Fleming y el descubrimiento de la penicilina.

La microbiología y la inmunología, adquieren identidad propia como ciencias que investigan buscando respuestas y nuevos caminos; la humanidad empieza a ver resultados tangibles, las pandemias bíblicas devastadoras pueden ser explicadas, atacadas y eventualmente controladas, sin afirmar que es imposible que puedan seguir ocurriendo, para ello en los últimos años los virus de inmunodeficiencia humana, ébola, zika y chikungunya en las zonas tropicales, la influenza H1N1, nos recuerdan que no se puede bajar la guardia.

Tener un método que permita hacer a las personas resistentes a una gran cantidad de enfermedades infecto contagiosas, es la garantía de una vida más sana; la sentencia “es mejor prevenir que lamentar” no puede ser más a propósito

que en la salud, tratar la enfermedad es mucho más costoso que evitarla; pero ello “no es gratuito”, como todo proceso que requiere producción de algo determinado, invariablemente pasa por tener requerimientos de tipo económico, y la producción de vacunas no escapa a ello.

La industria farmacéutica, al igual que cualquier industria, requiere  la inversión de ingentes recursos para investigación; desarrollar un medicamento tiene muchos riesgos, una molécula prometedora puede terminar siendo un fiasco, no dar los resultados esperados para salir al mercado. A pesar de la especialización los laboratorios tienen muchas líneas de investigación y buscan posibles tratamientos para diversas enfermedades; el proceso “no es barato”, porque una vez descubierto un medicamente efectivo requiere ser probado bajo normas muy estrictas desde el punto de vista científico y ético antes de salir al mercado; esto puede durar años, y cuando esto ocurre necesitan recuperar la inversión en ese medicamento, y por supuesto reponerse de las “perdidas” de los que no funcionan.

En un artículo publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública (Crager SE. Improving Global Access to New Vaccines: Intellectual Property. Am J Public Health. 2014;104:e85–e91. doi: 10.2105/AJPH.2014.302236.), la investigadora Sara Eve Crager de la Universidad de California, Los Ángeles, hace un análisis sobre el proceso de investigación, desarrollo, y posterior oferta al público de las nuevas vacunas; expone que hay una brecha entre  los países desarrollados y los de “ingresos medios o bajos” (así los denomina la autora) que favorece ampliamente a los primeros, poniéndolos en situación de franca ventaja, en primer lugar tienen el dinero para financiar la investigación, en segundo lugar las nuevas vacunas están disponibles más rápidamente para sus ciudadanos, y las coberturas (porcentaje de personas vacunadas) son muy altas, y otra ventaja que es quizás la que hace mayor diferencia; no son precisamente las poblaciones más vulnerables porque tienen condiciones socio económicas, sistemas de saneamiento ambiental y salud, que permiten que sus riesgos de enfermarse no sea precisamente por enfermedades infecciosas, por supuesto hacen la tarea de protegerse.

Del otro lado de la ecuación, los países económicamente más débiles, son los que aportan la mayor carga de enfermedad y muerte por enfermedades infecto contagiosas en el mundo, y su acceso a vacunas no es tan expedito; allí se ubican los países africanos, una parte de Asia y también buena parte de Latinoamérica.

¿Se puede cerrar la brecha? Es posible hacerlo mediante soluciones creativas, y Crager hace una propuesta que en líneas generales habla de compromiso político, alianzas internacionales y acuerdos con las empresas productoras de vacunas en un escenario de ganar-ganar. La epidemia de Influenza H1N1 trajo un elemento al escenario: la capacidad de producir vacunas a gran escala tiene sus límites, y es necesario ampliar esa capacidad. Expone la autora que el modelo de transferencia de tecnología tradicional empresa-empresa, sería muy costoso, es por eso que una opción puede ser que los estados mancomunados, aporten fondos para que se creen empresas con talento propio, y hacer convenios con las empresas matrices para que se comparta conocimiento, en cuanto a métodos de manufactura y tecnología, pagando un precio adecuado a esas casas matrices, abaratando así los costos de producción para productos orientados a sus pueblos, sin invadir los mercados de los países económicamente más fuertes.

Puede parecer utópico, pero el esfuerzo para construir este escenario vale la pena, al fin y al cabo, los gobiernos deben velar por el bienestar de sus ciudadanos. Garantizar el derecho a la protección de la salud es apostar por un mundo mejor y por la paz.

Las vacunas son vitales en la lucha que llevamos a diario por preservar la salud. La viruela ya fue erradicada en el mundo y forma parte de la historia; la poliomielitis y el sarampión son dos enfermedades a erradicar, y hacia allá van los esfuerzos de las últimas tres décadas, por lo menos. Las investigaciones para conseguir vacunas contra el VIH y el dengue continúan, las amenazas del virus ébola y la llegada de los virus de fiebre chikungunya y zika hasta América, destacan la importancia de buscar vacunas en plazos no muy largos. La posibilidad cierta de impactar favorablemente en la incidencia del cáncer del cuello uterino por aplicación de una vacuna contra el virus de papiloma humano (VPH) es otro reto, y la lista de posibilidades es amplísima.

Más que de conocimiento y financiero, el desafío es político.

Fuente imagen: https://www.cbc.ca

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4 Comentarios en Las vacunas, la prevención y el mercado

  1. Gran Aporte mi señor, una enseñanza que se debiera tomar en cuenta y difundir en los colegios a los apoderados y en las poblaciones a las mamitas.

  2. Artículo educativo, sólido en argumentos, un gran aporte a la educación en salud, respecto de un tema que ha sido un tanto controvertido en nuestro país.

  3. Y todo partió por una mordida.

    Tremendo material doctor, aunque aún hay muchas personas en contra esta práctica, ya sea por su religión, valores familiares, anti “evolución artificial”, entre otros. Quizás de tema para un segundo capítulo.

    La próxima inyección que se debería crear para estos tiempos es para acabar con el egoísmo, individualismo y arribismo. Todas estas son enfermedades son crónicas para la especie homo sapien y se está propagando a velocidad de un rayo por todo el mundo.

    Pasteur no debió abandonarnos el 1895, la humanidad necesitaba más de él… Salud!

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