«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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Liderazgo Pedagógico y violencia escolar

Jocelyn Reinoso H.

Prof. de Estado en Historia y Ciencias Sociales, Mg. en Currículum, Asesora en Educación Superior en Universidad de Chile

Fortalecer la institución educativa pasará por una reforma completa e integral, desde el Currículum hasta la Gestión Escolar, pero también pasará por la reconstitución de su Liderazgo Pedagógico y el reconocimiento, en primera instancia por parte de la propia Escuela, de su rol primordial en nuestra Sociedad.

Abrumadas/os y absortas/os nos sentimos cuando frente a la pantalla o red social nos enteramos acerca del nivel de violencia, amenazas, conflictividad y desborde que se expresa en el espacio educativo. Fenómeno transversal, que no discrimina entre instituciones públicas, privadas, de nivel básico, intermedio y superior.

Una sensación generalizada de incomprensión respecto de las causas (o más bien estallido) y desconocimiento total acerca de los mecanismos o estrategias más adecuadas para hacerle frente. Un sentimiento compartido entre la ciudadanía y quienes viven esta realidad al interior de las comunidades educativas.

Una respuesta posible ha apuntado a fortalecer a estas instituciones con profesionales de apoyo: psicólogos/as, psicopedagogos/as, orientadores/as, coach, entre otro/as. A realizar jornadas de reflexión. A elaborar protocolos de actuación. A extender (aún más) la jornada escolar; medidas sin duda bien intencionadas, pero ¿efectivas?

Adentrarnos en el abordaje de un fenómeno de estas características, implica una mirada compleja, multidimensional e integral de la gestión educativa en todas sus dimensiones: Pedagógica, Curricular, Evaluativa, de Conveniencia y de Vinculación con el Entorno.

Una urgente y necesaria revisión de los contenidos y objetivos educativos, hoy en día inabordables y percibidos como de baja significatividad o contextualización para quienes aprenden; a las formas y modalidades de enseñanza, no sólo en lo relativo a la didáctica y la incorporación de metodologías activas, en lo presencial u on-line, sino también en lo referido a las formas de aprender y enseñar propias de una época caracterizada por el bombardeo y saturación de información a la que están expuestos nuestros/as niños/as y jóvenes, situándoles en una posición de incomprensión e incertidumbre defensiva/ofensiva, de escasez de herramientas para identificar lo relevante de lo que no lo es, que bien puede explicar en parte este fenómeno. Analizar la posición del sujeto (el/la que enseña, el/la que aprende y el/la que deriva esta tarea en otros y otras, de las instituciones educativas, de los medios de comunicación, del entramado social), todo lo  que claramente va más allá de las necesarias, pero insuficientes capacitaciones en TICs y realización de talleres extra programáticos, incluso más allá de la sola introducción de materias relativas a  Filosofía, Ética, Diversidad, Sustentabilidad, Ciudadanía, Cívica, Artes y Deportes, que tan necesarias son en nuestros tiempos, pero insuficientes en sí mismas si no se las conecta directamente con la realidad social chilena, los intereses,  preocupaciones e incertidumbres reales de estudiantes y profesores/as, ¿las conocemos?.

La Educación no puede perder su mayor finalidad, la de habilitarnos para comprender y posicionarnos en la realidad social, laboral, cultural para aportar al desarrollo conjunto de nuestras condiciones de vida material y no material. Esto sólo puede ser logrado a partir de una lectura de la realidad muy diferente de la que se ha desarrollado hasta ahora, para que la traducción de la misma a través de las distintas asignaturas y prácticas de convivencia y administración dentro de la unidad educativa impacten de manera significativa y transformadora en sus integrantes.

Configurar una sociedad que eduque a través del ejemplo de sus adultos/as, de los medios de comunicación, de las políticas públicas de redistribución social, de la convivencia y reconocimiento de la diversidad de sus pueblos, culturas, regiones, creencias, identidades sexuales, ha de partir desde la institución educativa, más aún constatando la fragmentación actual que vive la institución familiar, ya que es en la Escuela donde a la postre se ha concentrado y expresado de manera persistente, en este retorno a la presencialidad, la incomodidad, la molestia, el desconcierto, la violencia, el miedo social, pero también la necesidad de protección, seguridad, certeza y contención no sólo emocional, sino humana de sentirse acogida/a, escuchado/a, respaldado/a para desplegarse, cometer errores y corregirlos, para aprender y mejorar, no sólo para lograr unos puntajes y unas acreditaciones que den el pase a entrar en una competencia frenética y desesperada por conseguir una certificación técnica o profesional, a costa de deudas y valores propios. Ya que cuando la Escuela olvida su posición de liderazgo y compromiso con la sociedad, deja de actuar en consecuencia con esta responsabilidad, pierde el liderazgo pedagógico que está mandatada a ejercer, pierde fuerza, credibilidad, pierde gobernabilidad y nos lleva a presenciar incidentes tan lamentables como los que hemos visto durante todo el mes de marzo.

Se hace necesario iniciar un trabajo intencionado, un impulso concreto y dirigido por resignificar las asignaturas, en sus contenidos mismos, recogiendo las influencias que ejercen las fuerzas sociales en los y las estudiantes, en sus madres, padres y apoderados/as y en función de ello configurar no sólo un modelo de gestión, sino de liderazgo pedagógico que impregne el sentido de la comunidad en general, que reciba, acoja y de la posibilidad de transformar (se).  Esto es lo que no está ocurriendo en el ámbito educativo. Y no se construirá  sólo con más psicólogos/as en la escuela, aunque valoramos enormemente su contribución a humanizar la educación; tampoco extendiendo jornadas que eviten que los y las estudiantes pululen y se expongan por la ciudad o estén solos/as en sus hogares, aunque es una ayuda, la escuela no puede ser percibida como una guardería, sino como un espacio de expresión democrática y de co-construcción del conocimiento formal y cotidiano, de diálogo intelectual y ciudadano, de trasformación social.

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