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LOS ARBOLES, El MAITEN Y LA COMUNIDAD

Volvamos a vivir en comunidad.

Existe una  preocupación colectiva por lo que está pasando en nuestras ciudades y eso es tremendamente tranquilizador. Hoy escribo desde la esperanza y no desde la resignación, desde el optimismo y no desde la  rabia. Así me lo ha inculcado mi madre, y aunque cueste a veces, su manera de sobreponerse a los problemas me reafirma la sabiduría que respalda su actuar. Lo que el día lunes 14 fluyó de manera rápida y espontánea como un grito de desahogo e impotencia, hoy se materializa en la sensación de no estar sola frente a la angustia y preocupación de ver como nuestra ciudad se transforma y deforma de una manera que muchos de sus habitantes reprueban. Recibí muchos comentarios de apoyo a la carta que escribí y que publicaron en El Diario Concepción y en El Sur. En ella expreso la inmensa tristeza que nos tocó vivir como familia el día sábado por la caída del maitén que plantó mi madre hace más de 35 años en el jardín de la casa donde crecí  (O´Higgins 1160 interior). Para contextualizar la importancia de este árbol de origen nativo, puedo afirmar que hasta el sábado recién pasado se mantuvo estoico frente al crecimiento acelerado que ha tenido la ciudad, presenciando la construcción de edificios de más de 20 pisos en su entorno, pero cobijando siempre el jardín donde habita, haciendo a su vez de biombo natural y hogar para los zorzales que anidaron durante muchos años en este pequeño y hermoso oasis en medio de la ciudad. El maitén fue siempre celebrado por todos los que visitaron la casa de mis padres, incluso, ganando un premio en el concurso “Un gigante en mi jardín”, otorgado por la Facultad de Ingeniería Forestal de la Universidad de Concepción en el año 2013.

Así como para mucha gente nuestro maitén fue siempre objeto de admiración, refugio y belleza, para otros no simboliza otra cosa que un “árbol más”, “un obstáculo molesto” o “un pilar natural inservible”. Esto último quedó en evidencia al iniciarse la construcción de un edificio en el terreno contiguo, para lo cual se le permitió a la constructora remover la pandereta que delimitaba ambos terrenos e incluso ampliarse un metro hacia la propiedad de mis padres, poniendo como única condición la de tomar las precauciones necesarias para proteger el maitén y sus raíces de la mejor forma posible. Aceptada la condición, la orden de excavación se hizo como si el árbol no existiera, cavando y rompiendo sus raíces sin ningún reparo y terminando con el derrumbe de éste sobre la casa de mis padres.

Aparte del daño material y moral que con este hecho se produjo, existe un daño aún más grande que se gesta a través de la violación consciente de un bien natural cargado de simbolismo: la caída de la confianza al tratar de llegar a acuerdos que beneficien a ambas partes y vivir en comunidad respetando los intereses mutuos.

A través de mensajes de apoyo, he podido constatar que son muchos los que repudian este tipo de atropello, y que de alguna manera se sienten identificados por que han conocido o sido víctimas de situaciones similares. Hay gente que sí quiere vivir en comunidad y que sí ve la importancia de escuchar, acoger y respetar lo que el vecino tenga por necesidad. Esta es la comunidad de la que me siento parte y por la que vale la pena hacer “un acto de desahogo” que permita aunar criterios y frenar este tipo de abusos. Necesitamos lograr que se respete un plan regulador estable, consensuado con comunidades y vecinos, que proteja y acreciente nuestras áreas verdes con sus árboles y raíces porque estamos conscientes del beneficio que otorgan a todos los habitantes y a la fauna. Me atrevo a asegurar que los habitantes de los edificios que aledaños que se construyeron también extrañarán a nuestro maitén porque de alguna forma pasó a ser el árbol de todos los que habitamos alguna vez ahí y tuvimos el privilegio de disfrutar de su belleza.

Como dije al principio, hoy me siento positiva por lo que termino este escrito aludiendo al optimismo de mi madre: con el mismo amor que ella plantó nuestro maitén se fabricará con lo que quedó de él, un trencito con sus vagones, que serán instalado en la plaza de juegos comunitaria para los niños en Las Vegas de Coliumo y que tendrá como nombre “Expreso el Maitén” ¿quién se anima a subir?

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2 Comentarios en LOS ARBOLES, El MAITEN Y LA COMUNIDAD

  1. Me sumo a cada una de las palabras y contenidos de su reflexión Ana.
    Esto debe difundirse mucho mas.

  2. Gran testimonio, hermoso relato para una tragedia que debería hacernos mas sensibles y a las autoridades mas rigurosas en la fiscalización.
    A los empresarios inescrupuloso, soberbios y arrogantes todo el repudio de los ciuadadanos.

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