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LOS DINEROS DEL PARTIDO SOCIALISTA

LOS DINEROS DEL PARTIDO SOCIALISTA

En estos días se ha sabido que el Partido Socialista chileno ha invertido, al menos parte de  su legítimo y cuantioso patrimonio, en empresas como SQM, Pampa Calichera, concesionarias de autopistas, compañías eléctricas y sanitarias y algunos organismo regulados por el Estado. Esta información ha causado gran preocupación entre los militantes de dicha colectividad  y los miembros de la Nueva Mayoría, y ha sido promovida como escandalosamente inconsecuente por aquellos que ven en esto una oportunidad de sacar ventajas en un año electoral.

Es importante iniciar esta reflexión aclarando que, con su actuar, el Partido Socialista no ha cometido ninguna acción ilegal.

Lo que se cuestiona en este caso, es la supuesta inconsecuencia que existiría en que un partido político que se define como socialista haga uso de los mecanismos que el mercado ofrece para mantener y aumentar el valor de su patrimonio. Se señala,  además, que esta inconsecuencia sería aún más grave, ya que al hacer uso de estos mecanismos, este partido eligió invertir en empresas que, aun siendo financieramente solventes, están cruzadas por cuestionamientos éticos y morales, reñidos con sus principios.

¿Es este un problema sólo del Partido Socialista? Probablemente no. No sería extraño encontrarnos en las próximas semanas con nuevas “revelaciones” de los medios de comunicación, que indiquen que otros partidos políticos en Chile han tenido conductas similares, lo que los expondrá también al escarnio público.

¿Es éste un problema nuevo? Si bien el cuestionamiento, en lo que se refiere a un partido político, es probablemente nuevo en Chile, el tema de fondo no lo es. Como debieran invertir su patrimonio, instituciones que por su naturaleza debieran estar regidas por estrictos códigos éticos, morales, religiosos y/o sociales, es una pregunta y un cuestionamiento de larga data. Vale la pena recordar las múltiples controversias y escándalos a nivel nacional e internacional de que ha sido objeto la iglesia católica en relación al origen de su patrimonio y a la manera en que éste es invertido.

Parece claro que estamos aquí frente a un problema que al menos presenta dos ángulos que vale la pena explorar: la transparencia en la toma de decisiones y la consecuencia o inconsecuencia de éstas.

Cómo obtiene un partido político su patrimonio, en qué lo invierte para asegurar al menos la mantención de su valor y como lo usa, son cuestiones de orden administrativo que deben ser manejadas con absoluta transparencia. Para ello no basta con el mero cumplimiento de aspectos formales, como los que en el caso que nos ocupa se establecen en el reglamento de la Comisión Patrimonio del Partido Socialista, sino que deben regirse por los más altos estándares administrativo – financieros; asegurando de esta forma que tanto los militantes de un partido político como la ciudadanía en general tengan público, periódico y fácil acceso a esta información. En el caso del Partido Socialista, el origen de su patrimonio no está en cuestión; la decisión de tipo administrativo – financiero de invertir su patrimonio se ajusta a su reglamentación interna y a los requerimientos legales; y el uso y disposición final de sus recursos no parece ser, por lo menos por ahora, materia de debate. Lo que sí está en cuestión, es la ausencia de un esfuerzo proactivo de transparencia por parte de su dirigencia; que de haber existido, habría probablemente dejado en evidencia frente a sus militantes, las dañinas consecuencias ético – morales de las decisiones financieramente apropiadas, que los miembros de la Comisión Patrimonio estaban implementando.

Qué estándar ético – moral deben cumplir las decisiones de orden administrativo y financiero que un partido político toma, es una pregunta de mayor complejidad y que me atrevería a asegurar muy pocos partidos políticos en Chile se hacen. ¿Cuándo un partido arrienda una sede, se pregunta acerca de la historia del lugar arrendado o realiza una debida diligencia respecto del arrendador? ¿Cuándo un partido político recibe aportes, analiza con la debida detención el origen de estos o solo los recibe con rapidez y agradecimiento? ¿Cuándo un partido político invierte su patrimonio, lo hace teniendo en mente las implicancias éticas de sus decisiones o la consecuencia de éstas con sus principios e ideología? Existe probablemente aquí una tarea pendiente por parte de los partidos políticos y de sus líderes,  tarea pendiente que debiera expresarse en la definición de lineamientos claros que aseguren que las decisiones de tipo administrativo – financiero, no solo cumplan con aspectos de transparencia, sino que,  más importante aún,  estén gobernadas por criterios de responsabilidad social y ética, y congruencia política.

Falta de transparencia y claridad en la definición de los lineamientos ético – morales a seguir en relación a la permanente tensión entre política y negocios, son entonces los temas centrales de esta discusión.

Esto no debiera sorprendernos, ya que la falta de avances y definiciones en estas áreas han marcado el debate político nacional tanto en lo que se refiere a la conducta de partidos políticos y líderes en Chile Vamos como en la Nueva Mayoría; ejemplos de ello son los permanentes cuestionamientos que en esta materia afectan al candidato presidencial de Chile Vamos; el financiamiento de la política con dineros de cuestionable procedencia; la utilización de familiares, empresas y consultoras como pantalla para justificar la recepción de aportes; solo por citar algunos.

Sin embargo, esta nueva “revelación” viene a reiterar la necesidad de que nuestros partidos políticos asuman de una vez, seriamente y en forma proactiva, la responsabilidad que ineludiblemente les corresponde en asegurar que la actividad política se ejerce con transparencia, apego a los más altos estándares éticos y morales y de forma congruente con los principios políticos a los cuales se adhiere.

Mientras esto no ocurra, seguiremos viendo desfilar ante nosotros situaciones de este tipo, que contribuyen al descrédito de la política y los políticos.

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