Existir es fácil, vivir un tanto más complejo. ...Pero vivir comprometido con un cambio de las injusticias sociales, humanas, económicas y medioambientales, eso sí es difícil, pero realmente valioso, eso es vivir de verdad!!!
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Los problemas que se esconden

Todas las sociedades son esencialmente complejas. En su interior, se encuentran ilimitados contrapuntos que son silenciados por los grandes medios de comunicación que insisten en convencernos de que solo hay “una cosa” importante y esa la determinan directores y editores que, sin vergüenza alguna, insisten en pautearnos y empujarnos a pensar conforme a los intereses de los grupos de poder que los financian y que ellos representan.

 La opción entre la gran metrópoli y el Chile real es notoria. La opción entre salud para ricos y salud para pobres, también La opción entre educación para ricos y educación para pobres, qué decir. La opción entre justicia penal para los poderosos y justicia penal para los marginales, casi no merece comentarios. La opción entre las mansiones cota mil y los campamentos, está sobradamente definida. La opción entre la vida urbana y la vida rural, pareciera no importarle a nadie.

La gran prensa escrita y los canales televisivos de libre recepción, determinan día a día qué tenemos que pensar, de qué sucesos tenemos que preocuparnos, qué cosas son “oficialmente” importantes. Hechos graves, significativos, que tendrán secuelas en la vida comunitaria, son silenciados y banalizados, hasta hacerlos desaparecer como si nunca hubiesen ocurrido. La artificiosa farándula, llevada hoy a los matinales, permite transformar a sujetas y sujetos de mínima formación, en líderes de opinión.

Por ahora, (y al parecer por hartas jornadas más), la plaga del corona virus, ha copado todos los espacios de prensa disponibles.  No digo que el tema no sea importante. Claro que lo es. Nos enfrentamos a una pandemia ofensiva que pone en juego miles y miles de vidas humanas y que, no cabe duda alguna, transformará nuestros modos de vida y aun el sentido de nuestra existencia. Pero, tal como sucede en cualquier momento de la vida humana, el impacto de un problema grave no puede hacernos olvidar otras situaciones que pocos días antes conflictuaban nuestra existencia.

Si bien es absolutamente lógico que el Gobierno concentre sus esfuerzos en abordar sanitariamente la pandemia, cuya fecha de recesión se estima para 14 o 40 días más, o para la aún remota primavera, no podemos, por ejemplo, meter la sequía en un cajón y hacernos los tontos frente a un problema que no será temporario sino que marcará por décadas nuestro futuro humano y económico. Ligado a este asunto, con proyecciones nacionales y globales, está el cambio climático que, de la noche a la mañana, perdió toda prioridad e interés en los titulares y los análisis periodísticos. Derivado de uno y otro, está el paradojal problema de la alimentación: mientras miles de millones de seres humanos son víctimas del hambre y la desnutrición (como lo denunciara documentadamente Martín Caparros), muchos de los países hiper desarrollados botan a la basura toneladas de alimentos cada día y se ven amenazados por la pandemia incontrolable (para ella no hay vacuna en perspectiva) de la mala nutrición, el sedentarismo y la obesidad.

Desde los tiempos de la dictadura, se señaló que Chile, por su variado clima, por su aislamiento, y por la calidad de su suelo, reunía las condiciones para transformarse en una potencia agroalimentaria de rango mundial. También se relevó la potencialidad de su suelo para un óptimo cultivo del pino y el eucaliptus y la consiguiente producción de celulosa. El negocio, sin embargo, fue para unos pocos. Fruticultores y forestales alcanzaron buenos niveles de producción y rentabilidad pero a costa de la depredación del territorio.

Julio Berdegué, representante de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ha llamado la atención al señalar que “la sequía todavía no ha afectado la vida cotidiana de la mayoría de la población, especialmente urbana. Son los habitantes rurales y los agricultores los que están llevando el peso del problema. Pero si Chile no resuelve el problema de fondo, esa será otra historia: Si no se toman medidas profundas, complejas y, lamentablemente, caras, en los próximos años gran parte de este país va a vivir limitaciones de agua para todos los usos” (El Mercurio 19.03.2020).

El tema es complejo y reclama definiciones jurídicas y técnicas impostergables. No puede ser que el régimen privatizador de las aguas favorezca a unos pocos señores a costa del daño humano. “En Chile hay regiones que exportan productos agrícolas y donde al mismo tiempo hay que llevar camiones aljibe para la gente y la ganadería”. No se puede seguir deforestando los bosques y arruinando la biodiversidad. No se puede seguir tolerando la destrucción impune de humedales, lagos y cursos de agua. Es indispensable seguir produciendo al menos la misma cantidad de alimentos pero con menos agua. Ello requiere fuertes inversiones en innovación y tecnología. Pero, asimismo, requiere una reorientación en cuanto al tipo y calidad de alimentos que producimos y consumimos. Con un dramático 80% de niños menores de 12 años con sobrepeso, la situación es trágica. Acota Berdegué: “¿Chile puede aspirar a ser un país desarrollado si la mayoría de sus niños recen obesos y, por lo tanto, serán personas enfermas crónicas y con una baja autoestima?

 La pandemia del corona virus es urgente y apremiante. Su combate requiere medidas sanitarias pero también cultura de la responsabilidad y de la disciplina social. Sin embargo, eso no basta. El agua es una condición indispensable para nuestro desarrollo y calidad de vida. Es intolerable su apropiación para el negocio lucrativo de unas pocas familias entre las que se encuentra la del propio Ministro de Agricultura. Si no tomamos hoy debida conciencia de esto, en pocos años más será demasiado tarde para llorar.

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