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¿Luz al final del túnel?

La Derecha chilena gobernante recordará por mucho tiempo el mes de Julio de 2020 como uno de los más negros de su historia.  Caracterizada casi siempre por el orden y la disciplina en sus filas y parapetada en la Constitución de 1980 frente a cualquier amago reformista que pusiera en peligro el modelo diseñado bajo la dictadura, jamás pensó que de improviso todo se haría trizas.

Por supuesto, la principal responsabilidad de lo sucedido recae en el Gobierno que, a partir de Octubre de 2019, ha perdido el control de la situación. Inútilmente trató de encubrir el descontento social haciendo resaltar la parte oscura de las protestas (saqueos, barricadas, violencia…) y recurriendo a la represión policial con trágicas y nefastas consecuencias. Cuando creyó que el temporal amainaba, el azote de la pandemia develó una realidad sanitaria y de pobreza que permanecía oculta bajo la alfombra. Si se pretendiera evaluar la gestión del Ejecutivo en estos nueve meses todo podría resumirse en una sola frase: “Siempre llegó tarde y siempre llegó mal”.

Los problemas que deben considerarse como básicos han sido dos: 1) Su increíble dogmatismo económico – social que le ha impedido ver lo que todo el mundo está viendo; 2) La carencia “de calle” del equipo gobernante y que hasta la prensa extranjero ha destapado sin misericordia.

La tesis de que el crecimiento matemático de la economía derivaría en un chorreo de bienestar hacia los más pobres, nunca pasó más allá de ser un espejismo. Más allá de la situación de vulnerabilidad de un sector importante de la población (campamentos, hacinamiento, cesantía, trabajos informales, remuneraciones y pensiones de mera subsistencia, educación y salud precarias) una numerosa clase media percibía que su nueva realidad, caracterizada por el acceso a ciertos bienes de consumo, era esencialmente efímera y estaba sustentada en crecientes niveles de endeudamiento.

El fanatismo ideológico –sustentado desde el Segundo Piso de La Moneda – nunca entendió (y sigue sin entender) que era indispensable un cambio de rumbo, lo que implicaba necesaria e ineludiblemente tocar los intereses y privilegios de las pocas familias que controlan el poder económico, financiero y comunicacional, en el país.

La pandemia, luego, hizo evidente que las medidas dispuestas para el sector Oriente de la capital no eran en absoluto replicables en otros territorios del que podríamos identificar como el “Chile real”. El deficiente manejo del proceso durante más de tres meses, adornado por una desesperada búsqueda de la “nueva normalidad” para satisfacer a los agentes económicos y repuntar en encuestas de dudosa credibilidad, solo ahora, con el nuevo ministro de Salud, se ha enrielado por cauces de buen criterio, prudencia y veracidad.

En otro aspecto, la derrota oficial en el Congreso por el proyecto de retiro del 10% de los fondos previsionales, trajo una honda crisis en los dos mayores partidos de la coalición pero particularmente en la UDI que finalmente no logró controlar a sus tropas al punto que con sus votos se logró el quórum de aprobación necesario. Además del presidente, (“no hay derrotas cuando se actúa por convicciones”)  la gran dañada es la presidenta de la colectividad gremialista que se jugó, sin éxito, tanto en su defensa de las AFPs y el sistema, como en imponer orden autoritario en sus filas.

Para sobrellevar el fiasco, el Gobierno (siempre tan aficionado a los eslóganes) puso en marcha su plan “Paso a Paso”. Se proyectan cinco etapas para el desconfinamiento, cumplidas las cuales las comunas podrán tener un retorno seguro. Curiosamente, fue “El Mercurio” quien cuestionó ácidamente el programa calificando el primer paso como incomprensible, fácilmente manipulable y como incapaz de revelar ni la contagiosidad ni la extensión de la enfermedad. El diario muestra especial preocupación por la eventual reapertura de los recintos educacionales, ya que “si se toman en cuenta nada más que los efectos en la salud de las personas, sin consideraciones económicas de ninguna especie, existen justificadas dudas sobre el momento de reabrir escuelas primarias, secundarias y universidades”.

En medio de este proceloso mar, que hace temblar a las directivas de los partidos de la coalición de Chile Vamos, todos los rumores apuntan a la inminencia de un nuevo cambio de gabinete. El problema es que los nombres que circulan para ocupar fundamentalmente las carteras políticas, son los mismos de siempre (varios son parlamentarios en ejercicio) y cada uno de ellos implica un problema incluso en relación con los propios partidos en que militan. Ninguno significa un cambio mayor frente a la opinión ciudadana ni tampoco un aporte innovador para desempantanar un carro sumido en la desconfianza y los sucesivos desaciertos.

El tiempo pasa más rápido que lo que uno se imagina. A partir de noviembre se inicia un largo ciclo electoral que permitirá recibir eventualmente por cinco veces el mensaje del electorado. Si a lo dicho se suma el hecho de que las fuerzas opositoras no han mostrado ni madurez ni un mínimo de acuerdos programáticos, el horizonte dista mucho de ser auspicioso. Nuestro país deberá soportar una situación crítica por varios años y, como se ha señalado en reiteradas oportunidades, cabe preguntarse….¿Será posible consensuar un acuerdo político pragmático que se traduzca en un gobierno de emergencia para enfrentar la emergencia que se nos viene encima? 

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1 Comentario en ¿Luz al final del túnel?

  1. Buena pregunta…Creo que la respuesta es NO. Mientras la gente de gobierno, de los partidos políticos y de las empresas sigan hablando de ‘recuperar el crecimiento’, no habrá solución para salir de la caótica situación en que estamos metidos. No hay más vueltas que darle a esto. Lo hemos escuchado bastante: no es posible un crecimiento permanente en una biósfera finita.

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