
MIRANDO (UN POCO) LA POLÍTICA
A quienes nos interesó o gustó participar en política en los mejores años de nuestra inquieta juventud, nos tocó sufrir el deterioro de un espacio al que solíamos entregar muchas de nuestras mejores energías. “Casi es un lugar común reconocer el desprestigio actual de la política, de los partidos y de los políticos. El fenómeno es común en toda América Latina, a pesar de las diferencias observables en las realidades políticas entre los países. Una primera manifestación de este desprestigio es el rechazo al elitismo político, que se expresa en afirmaciones como ‘todos los políticos son iguales’, ‘sólo se representan a sí mismos’, ‘no luchan por ideas sino por prebendas’, ‘se han alejado de la gente’. Hay en estas expresiones de rechazo un fuerte componente ético, que descalifica a los políticos de manera personal y, por extensión, a la política en general” (Stolowicz, 2022) [1]
Podemos conceptualizar una crisis como una situación transitoria de estrés, en la que se solemos tener clara conciencia de la disparidad entre las capacidades habituales de nuestros recursos y las exigencias que provienen de la situación crítica, cuya resolución puede requerir una decisión estructurante. Las manifestaciones de este estado dependen del modelo de vida individual o social, de las experiencias anteriores, incluyendo las posibles historias traumáticas, del nivel de crecimiento y de madurez, de la configuración de su entorno socio-cultural, y del tipo de situación que precipita la crisis.
“Una crisis política es, básicamente, cuando las cosas se ponen feas en el ámbito del poder. Hablamos de situaciones en las que el gobierno, los partidos o las instituciones no funcionan como deberían. Puede ser por líos internos, corrupción, falta de liderazgo o porque la gente está tan descontenta que sale a la calle a protestar. Es ese momento en el que todo parece tambalearse y nadie sabe muy bien cómo va a terminar la cosa. A veces estas crisis se cocinan a fuego lento. Problemas que se van acumulando poco a poco hasta que, de repente, explotan. Otras veces, todo estalla por un hecho concreto: un escándalo político, una mala decisión del gobierno o un conflicto que nadie supo manejar a tiempo. Sea como sea, una crisis política siempre deja huella.” (Gálvez, 2021)[2]
Naturalmente, una mayor madurez individual o colectiva (social), una mejor capacidad resolutoria, una menor duración de la crisis y una mayor facilidad de salida de la misma, hacen posible que la crisis se viva como un mero tropezón de algún proceso de la vida, que, a lo más, dejará algunos aprendizajes.
Por otro lado, “una crisis global genera consecuencias profundas, graves e incluso devastadoras para muchos países. América Latina es una víctima de esta crisis. Las vulnerabilidades en la región se manifiestan en las dificultades para concertar políticas que posean un carácter de Estado, es decir, que sean capaces de reflejar el conjunto de voluntades de los diversos actores en el ámbito nacional. Estas dificultades de coordinación se expresan también en el nivel regional, en donde no se ha logrado construir visiones compartidas para enfrentar la crisis. Más aún, en muchos casos han surgido respuestas que apelan más al proteccionismo que al desarrollo de acciones concertadas entre los países. El ejemplo más evidente ha sido el caso del G-20 y de las posiciones regionales en la última reunión de la Ronda de Doha[3].” (Rojas,2009)[4]
La violencia y los conflictos persistentes dañan la seguridad y el bienestar personales. Para impedir la violencia y alcanzar una paz sostenible se precisan instituciones democráticas y representativas, sistemas de justicia que funcionen bien y, sobre todo, ciudadanos fuertemente comprometidos y organizados con la preservación de modelos de vida pacíficos.
“Vivir la política significa involucrarse activamente en los asuntos públicos, informándose, debatiendo y participando en la toma de decisiones que afectan a la sociedad. Esto puede implicar votar, apoyar candidatos, participar en movimientos sociales, o simplemente mantener una conversación informada sobre las políticas que nos afectan.” (Fundación Giordani, 2024)[5]
La paz y la política están intrínsecamente relacionadas, siendo la paz un objetivo central y un resultado deseable de la política, especialmente en los actuales tiempos difíciles que vive el mundo. La política, a través de la construcción de instituciones democráticas y sistemas de justicia, puede contribuir a la paz, mientras que la paz, a su vez, crea un entorno propicio para el desarrollo político y social. En esta perspectiva, el papel de la política en la construcción de sociedades que decidan vivir en paz entre sus miembros y con sus vecinos debe esforzarse en:
- La creación de instituciones y marcos legales:
La política establece el marco institucional y legal necesario para la convivencia pacífica, incluyendo la protección de los derechos humanos y la regulación de los conflictos.
- La resolución de conflictos:
La política juega un papel crucial en la gestión y resolución de conflictos, a través de la negociación, el diálogo y la búsqueda de soluciones pacíficas.
- La promoción de la justicia social:
La política puede contribuir a la paz al abordar las causas subyacentes de los conflictos, como la desigualdad, la pobreza y la falta de oportunidades.
- La diplomacia y relaciones internacionales:
La política en el ámbito internacional, a través de la diplomacia y la cooperación, es fundamental para prevenir conflictos y promover la paz entre naciones.
- La paz como resultado de la política:
- Estabilidad política:
La paz, a su vez, genera estabilidad política y permite que las instituciones funcionen de manera efectiva, promoviendo el desarrollo y la participación ciudadana.
- Desarrollo social y económico:
La paz crea un entorno propicio para el desarrollo social y económico, al reducir la violencia, permitir el acceso a la educación y a servicios básicos, y atraer inversiones.
- Respeto a los derechos humanos:
La paz implica el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de las personas, lo que contribuye a la cohesión social y a la construcción de sociedades más justas.
- Cultura de paz:
La paz también implica la construcción de una cultura de paz, donde se promueve la tolerancia, el diálogo y la no violencia.
- La Educación:
Entendida como factor clave de la participación política, la inclusión, la promoción y la democracia. Si bien la educación puede contribuir a reducir y eliminar los conflictos, también puede desempeñar un papel vital en la consolidación de las medidas que evitan que a la democracia se la desatienda. Las iniciativas en el campo de la educación, especialmente las impulsadas por organizaciones de la sociedad civil, pueden ayudar a las poblaciones marginadas a obtener acceso a la justicia. Las personas necesitan tener información y competencias para para participar e inscribirse para votar, comprender lo que está en juego e interesarse por los resultados de las decisiones. Una mejor educación puede también ayudar a la gente a reflexionar más críticamente y a mejor comprometerse políticamente y puede ampliar la representación de los grupos marginados.
Bueno, todo lo dicho hasta aquí constituye un esfuerzo, sin duda muy limitado, de asociar racionalmente mi comprensión de la política con algunos de los temas que me sorprendieron los últimos años. Creo que, si estuviera cerca mi recordado amigo Juan Ruz, me desafiaría diciéndome “Si quisieras asociar razonablemente la política a lo que estás buscando ¿cómo lo harías?” Yo no le miento a mis amigos así que intentaré poner en mi mente todo lo que aparece ante la pregunta ¿en qué estoy?
1. Asumiendo mi edad: Este año cumplo 83 años (lo que me resta de vida se puede contar en semanas). No es mucho lo que puedo inventar hacia el limitadísimo futuro que me queda, excepto tal vez, entender cómo podría vivir mejor la vida que Dios quiera regalarme y, además, cómo me prepararé para bien morir.
2. Cuidando mi salud: Soy diabético, hace 20 años vivo con las secuelas de un ACV [6], que hizo necesaria una cirugía a cráneo abierto y el subsiguiente uso de una silla de ruedas, lo único que puedo hacer es mantener el actual nivel de control de la diabetes, estudiar cómo cambiar mi actual silla de ruedas por otra eléctrica y convencer a mi neuróloga para que diseñe y me aplique una estrategia terapéutica que permita eliminar o disminuir los dolores que me provocan las secuelas del ACV.
3. Aceptando un mundo afectivo semi disperso: Soy el único sobreviviente de mi familia original, actualmente divorciado, mis hijos: Pati en Holanda, Fernando en Chillán y Felipe en todo Chile. Lo más inmediato es reafirmar, en primer lugar, el inmenso amor que siento por mis hijos y el profundo cariño por quienes, como “mi bendición venezolana” (Yaqueline, mi cuidadora) me ayudan a aceptar con valor y esperanza la vida que me toca vivir. Al mismo tiempo mantengo vigente la esperanza en que los indescifrables designios del universo se movilicen para generar el milagro de encontrar y reconocer si existe un alma gemela femenina (lo siento, soy definitivamente heterosexual) y luego organice el mutuo descubrimiento.
4. Viviendo “a concho” el mundo de la amistad: Lo primero que me nace decir es que me siento bendecido con los amigos y amigas que tengo, pero aún lloro diariamente la demasiado pronta ausencia de Pancho y de Mario. Cuando pienso en este irremplazable mundo lo vinculo decididamente con el anterior, porque como un capítulo importante parte del mundo afectivo y muy probablemente será el principal espacio donde pretenda comprometer mis mejores intenciones y energías para construir una plataforma común cuyo propósito sea integrar las diferentes ideas y reflexiones que podamos convocar para colaborar con los esfuerzos de construir el Chile justo y acogedor con el que tantas veces hemos soñado.
5. Rezando diariamente con mucha fe: Soy católico devoto y me siento ungido en muchos sentidos, aunque con poca misa por falta de transporte. No obstante, mi convicción, la vivencia de mi fe tiene un historial demasiado inestable y fluctuante, debido probablemente a reiterados encuentros con muy buenas personas no creyentes y al cruce con muy diversos tipos de pensamientos agnósticos que provocaban alteraciones a mi opción espiritual, insuficientemente elaborada y muy poco consolidada. Gracias a Dios siempre aparecía alguien o algo que reactivaba la luz interna que me conecta nuevamente con el cielo.
6. Reactivando mi lesionado cerebro: La dimensión que llamamos intelectual la siento muy menguada, especialmente en lo referente a la memoria[7] y a la concentración[8] claramente disminuidos. Es un dominio de mi vida que, de verdad, me tiene muy preocupado porque desde la ocurrencia del ACV siento que, lentamente, algunas facultades mentales se han venido deteriorando. Una de las manifestaciones de esto, es la pérdida del gusto e interés por la lectura, habiendo sido un gran lector desde las primeras lecturas de mi infancia en Bolivia, muchas de ellas en inglés, idioma obligatorio en el American Institute, colegio donde había estudiado mi padre y también lo hacía yo hasta la separación de mis progenitores y el traslado definitivo a Chile de mi madre, mi hermanita y yo. Otras manifestaciones: un notorio desinterés y la falta de dedicación a conocer y saber más de temas (como la política) que antes me motivaban con notoria prioridad. No descarto que la vejez también algo tenga que ver con esto.
7. Gestionando el escurridizo dinero: Me parece que es un asunto que está resuelto para el nivel y tipo de vida que llevo, básicamente debido a lo previsor que fui cuando trabajaba. Así, por ejemplo, la venta de propiedades que junté para producir renta, me permitió sobrevivir bien 22 años después del ACV. Luego y hasta ahora el 90% de mis gastos los cubro con un seguro de renta vitalicia contratado tempranamente y la diferencia la cubren mis hijos Pati[9] y Feli[10], exclusivamente por generosidad, por lo cual se lo agradezco especialmente de corazón.
8. Adaptándome a no tener “pega”: El ACV me ocurrió en un momento en que dirigía una reunión en Espigar Tecnología Humana S.A. empresa consultora que había fundado 17 años antes y que me demoré casi dos años en cerrarla y algunos años más en entender que una de las consecuencias de ello es la transformación brusca en un “cesante”, que a poco andar, te enseña que estar cesante es mucho más que no tener trabajo y que, entre otras cosas, es un paso necesario para alcanzar el honroso rol de “desocupado” que detento actualmente.
9. Olvidando un mundo necesario: Me refiero al deporte, actividad a la que hoy sólo me conecto mirando la TV y observando cómo la practican otros.
10. Añorando la exaltación de mejores futuros: Aparentemente, la globalización está contrabandeando una suerte de depresión que se expresa en una especie de contagioso olvido de cómo imaginar el futuro como algo mejor que lo que sucede en el presente. Y yo me siento relativamente contagiado.
11. Imaginando un posible retorno a la acción política: La disolución del MAPU, hace ya algúntiempo, definió una situación altamente cargada de frustraciones y desilusiones respecto de ese partido y de la política, configurando un contexto con dos significados: por un lado, una amarga despedida a la vertiente naif de la política de izquierda, parcialmente integrada en el “Mapu Garretón” (donde yo militaba) y, por otro, la desaparición del novedoso pensamiento de izquierda propuesto por Rodrigo Ambrosio[11]. Este hecho marcó el final de mi participación activa en política, pero, siendo sincero, no la explica completamente; en más de una ocasión fui invitado a ingresar al PS y no lo hice.
Finalmente, no sé si respondí completamente al imaginario desafío de Juan, pero, respetuosamente, es lo que hay.
[1] Beatriz Stolowicz, “El desprestigio de la política: lo que no se discute”, Política y Cultura Universidad Autónoma Metropolitan México, 2002
[2] Rubén Gálvez, “Crisis política: qué es, causas, tipos e impacto”,
[3] La Ronda de Doha es la ronda de negociaciones comerciales entre los Miembros de la OMC. Tiene por objeto lograr una importante reforma del sistema de comercio internacional mediante el establecimiento de medidas encaminadas a reducir los obstáculos al comercio y de normas comerciales revisadas.
[4] Francisco Rojas Aravena, “Siete efectos políticos de la crisis internacional en América Latina Nueva Sociedad 224, Noviembre – diciembre 2009
[5] Fundación Igino Giordani, “Vivir la política en la vida cotidiana, pese a sus diferencias políticas o ideológicas, conviven y se puede compartir sus vidas”, noviembre 2024
[6] ACV significa «Accidente Cerebro Vascular». Es una condición médica grave en la que el flujo de sangre al cerebro se interrumpe o se produce una hemorragia en el cerebro. Esta interrupción o hemorragia causa daño cerebral severo, lo que puede resultar en discapacidad permanente o incluso la muerte
[7] Hace referencia a una capacidad mental cuya función es codificar, almacenar y recuperar información. Es decir, nos permite guardar en nuestro interior experiencias tales como sentimientos, sucesos, imágenes o ideas. En definitiva, cualquier elemento que pertenece a nuestro pasado.
[8] La concentración mental es la habilidad de enfocar la atención en una tarea específica, ignorando las distracciones. Es un proceso mental que involucra la capacidad de dirigir la atención de manera voluntaria y sostenida hacia un objetivo, actividad o pensamiento.
[9] Patricia Núñez Zamora, mamá de Simón y actual experta de la Fundación Van Leer con sede en La Haya (Holanda) luego de trabajar 10 años en la UNICEF, primero en Chile y luego en la oficina Regional para Latinoamérica y el Caribe con sede en Panamá.
[10] Felipe Ortiz Jara, gran papá y mejor hijo, propietario y Gerente General de Ferromat S.A. Ferretería Importadora
[11] José Rodrigo Ambrosio Brieva, (5/01/1941- 19/06/1972) fundador del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU). aña del MAPU. A su muerte tenía 31 años de edad, estaba casado con Michelle Uttard, tenían un hijo, Camilo de 4 años y otro por nacer.







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