«La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo. El respeto a las culturas milenarias es hacer nacer la paz en el presente». Rigoberta Menchú, activista por los derechos indígenas.

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Mundos paralelos

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.


Las personas que tienen interés por el devenir de la cosa pública en el país, tienen clara preocupación por el desarrollo y evolución de los acontecimientos futuros. Si bien el plebiscito de noviembre pasado y las diversas elecciones habidas en estos dos últimos meses han entregado algunos datos básicos, es claro que ellos no aportan la indispensable claridad necesaria para un análisis maduro.

Tales antecedentes pueden ser observados como contradictorios entre sí y como esencialmente variables, hasta el punto que puede afirmarse que las agrupaciones y movimientos que fueron vistos como los grandes triunfadores de un día han visto disiparse sus perspectivas al poco tiempo, en tanto que los derrotados de otrora han sentido renacer sus esperanzas. Existe consenso, sin embargo, por ahora, en que el proceso de estos meses ha marcado un juicio tremendamente negativo al modelo vigente con duras consecuencias electorales para sus representantes hoy en el Gobierno.

Por lo demás, debiendo tenerse claro que nada de lo sucedido marca una situación irreversible, no debe dejar de considerarse un antecedente grave: la participación ciudadana ha extremadamente pobre y ha llegado a un extremo tal que en los últimos comicios cuatro de cada cinco ciudadanos no participaron.

Los hechos configuran un panorama general bastante impreciso. Si bien la crisis que estalló en octubre de 2019 hizo patente el descontento larvado y terminó empujando a los poderes institucionales a abrir las puertas a un proceso de cambios, es incuestionable que el diagnóstico sobre este fenómeno social no ha sido hasta ahora exhaustivo.

El punto de partida de cualquiera reflexión sobre el tema, radica en la necesidad de tomar debida conciencia de que la sociedad chilena pasa por una crisis generalizada, prácticamente global. No basta con tener una visión crítica de la política y de su instrumento esencial que son los partidos, si no se logra comprender que la incomodidad alcanza a los campos económico, social, cultural, religioso. Nos encontramos ante una sociedad profundamente fracturada en la cual los principios básicos en que puede sustentarse una convivencia civilizada se encuentran destruidos. Pretender centrar el cuestionamiento en la desigualdad o en la pobreza, implica un enfoque muy parcial. Aunque es obvio que el común de las personas a lo mejor no puedan definirlo debidamente, el trasfondo del problema radica en una serie de factores valóricos que han sido despreciados a diario en la vida en comunidad. El individualismo, el egoísmo, la prepotencia y la soberbia, han aplastado sentimientos positivos como la solidaridad y la necesidad de trabajar juntos para lograr objetivos comunes mínimos de un país decente.

Al día de hoy, es posible percibir una sensación constante de angustia que permea a todos los grupos, derivada de un clima de incertezas e inseguridades ya que no sabemos si podremos alcanzar la educación necesaria, la salud indispensable, la vivienda digna y la protección adecuada para nuestra vejez.

Como vivimos dentro una democracia formal, resulta lógico que se tienda a culpar a este sistema por su incapacidad de atender adecuada y oportunamente las demandas de la población, generándose una profunda desconfianza que deriva en la negativa creciente a ser partícipe de un modelo que perpetúa el gobierno de los mismos de siempre y la búsqueda de soluciones aparentes impulsadas por la violencia inorgánica.

La cuestión que flota en el ambiente, es: ¿Cuál es la puerta de salida de esta crisis?

La ilusión que se nos pretende vender – y así lo viviremos en los próximos seis meses – es que en la elección de un nuevo gobernante encontraremos ese camino. O, en la redacción de un texto constitucional impecable.

Uno y otro son elementos meramente formales. Tampoco los populismos de izquierda o de derecha constituyen una vía responsable.

Enfrentar nuestro futuro, nos obliga imperiosamente a construir precisos acuerdos en torno a los cuales confluyan las grandes mayorías. El país nos demanda respuestas urgentes y concretas, susceptibles de ejecutarse en plazos específicos y acotados. Se trata de respuestas surgidas desde la deliberación y participación colectiva y que convoquen el esfuerzo y la colaboración comunes.

Pretender gobernar en torno a eslóganes y listas de supermercado, es una simple irresponsabilidad. De cada ciudadano depende tanto la selección de un camino de futuro como el control y fiscalización permanente de nuestros representantes.

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