«La falta de humanidad, misericordia y solidaridad presente en las conductas de autoridades y las ciudadanías, en Chile y el mundo,frente a los migrantes,permite observar cierto nivel en la pérdida de humanidad e inteligencia colectiva en la sociedad contemporánea«

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OCASO DE LA POESÍA EN CHILE

Fernando Arriagada Cortés

Investigador y escritor.

Estoy convencido que con el deceso de los poetas Gonzalo Rojas y Nicanor Parra, se cierra el siglo de oro de la poesía chilena. Si, es cierto que todavía viven Oscar Hahn, Raúl Zurita o Manuel Silva, pero ninguno de ellos siquiera igualarán a los llamados grandes del siglo XX, que, al decir de Nicanor Parra: “somos un equipo de baby” en donde están Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Pablo de Rocka y Jorge Teillier, más Rojas y el mismo Parra. Con el respeto que me merecen Oscar Castro, Carlos Pezoa Vélez, Juvencio Valle, María Monvel, Fernando González Urízar y tantos más. Todos ellos bonísimos vates, dignos de este siglo de oro que tuvo su cenit cuando dos de ellos alcanzaron el Premio Nobel de Literatura.

Mi pesar va al advertir que poco pasa con la creatividad lírica de este siglo. Si hacemos un viaje en el tiempo y volvemos a 1921, advertimos que Huidobro y con solo 28 años, ya lleva 13 poemarios y está traducido al francés. Francisco Contreras es una figura en París y sus obras llaman la atención  de muchos intelectuales anclados en la ciudad luz.

En nuestro Chile, se lee a jóvenes que harán historia en la literatura como una joven Gabriela que siete años antes había hecho fama con sus inspirados Sonetos de la Muerte, era muy conocida por el acierto de Guzmán Maturana de incluir 55 de sus poemas en su famoso libro de lectura escolar El Lector Chileno desde 1917. Otro joven llamado Neftalí Reyes prepara sus poemas que lee entre sus amigos en noches de bohemia juvenil y solo dos años después aparecerá su Crepusculario. Otro joven llamado Pablo de Rocka, ya había publicado Versos de la Infancia y estaba redactando sus famosos Gemidos. Habíase publicado una doña antología llamada Selva Lírica, verdadero primer testamento de la poesía nacional en 1917.

Nada de esas promesas ocurren en la actualidad, muchos publican sus versos, pero en tiraje limitado, sin mayores perspectivas, casi como para satisfacer el ego, mucho de estos con sobrepeso. Igual pasa con los jóvenes que se entusiasman, pero pronto, al ver que su talento no da fama, abandonan esta empresa intelectual, exigente, solitaria y de mucho esfuerzo personal. Ser un buen literato en Chile es una tarea difícil, debido a que tienen que lidiar con estos gigantes del siglo pasado, que elevaron a los seguidores de la musa Erato a niveles nunca antes logrado. Es cierto que somos un país de poetas, así nos reconocen fuera del país, pero como hay varios muy buenos, sobresalir es una odisea que solo uno que otro lo logrará como lo espero con más fe que realismo. No vislumbramos en el horizonte de la literatura ese joven adolescente o veinteañero que sea un artista de la palabra, un intérprete de nuestros tiempos que anuncie y cual profeta, nos señale el derrotero a seguir. Por algo, sinónimo de poeta es vate, el que vaticina, el que se adelanta.

Es cierto que todavía nuestro mundo no llega ni siquiera al primer cuarto de siglo y en lo personal, estimo que solo el fin de la pandemia nos hará entrar de verdad y en forma definitiva en el siglo XXl tal como lo hizo el fin de la primera guerra mundial con el siglo XX. Por ello, sigo esperando este renacer artístico con mucha  fe en esos jóvenes que hace dos años nos despertaron con su estallido social. Ahora anhelo un Estallido Cultural y Artístico en todas sus expresiones, un amanecer a una sensibilidad que nos haga más humanos, más preocupados de nuestro desarrollo integral, que potencie todas las capacidades espirituales de nuestro ser y nos haga mejores personas, integrales y seamos capaces de descubrir todo lo bueno y hasta mágico que nos trae la diversidad, equilibrando lo material, tan desarrollado en nuestros tiempos, con lo espiritual. Y los literatos en comunión con todos sus hermanos de otras expresiones artísticas, nos regalen esa sociedad buena y sana que muchos de los que empezamos a caminar por la tercera edad anhelamos desde nuestra irreparable infancia.

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