Las personas y la ciudadanía deben estar conscientes de los pasos que se dan, para orientar el desarrollo o para estancarse y retroceder... El próximo plebiscito, es una oportunidad de desarrollo para la ciudadanía y para dignificar al ser humano y transformarlo en soberano.
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Para el ordenamiento de las ideas

José Víctor Núñez Urrea

Sociólogo Universidad de Lovaina, Bélgica.

NOTA DE LA REDACCIÓN: El texto siguiente puede ser, a nuestro juicio, una buena guía para clarificar ideas y promover una discusión ordenada sobre una nueva Constitución para Chile. Las páginas de La Ventana Ciudadana están abiertas a recibir contribuciones y aportes que permitan encauzar un análisis fructífero sobre el tema.

APLICACIÓN DEL MODELO AL DEBATE CONSTITUCIONAL

1. El modelo

2. Valor

Toda sociedad, al igual que cualquiera organización, se constituye en torno a un Valor o Constelación de Valores (Principios Constitutivos) que le dan sentido a su existencia y al tipo de relaciones que sostiene con el mundo en el que opera.

Muchas veces, en el dominio organizacional, se utiliza la expresión Promesa de Valor y podría ser interesante aplicarla a la sociedad.  Desde el punto de vista de los actos del habla, una Promesa tiene el propósito de construir confianzas y credibilidad, las que aumentan o disminuyen según se cumpla o no la promesa. En nuestro país, donde las confianzas y las credibilidades están tan deterioradas y en que todos los estudios demuestran sistemáticamente que ni el actual gobierno ni la oposición logran convocar mínimamente la aprobación de la ciudadanía, la tarea de definir cuáles son los principios que constituirán el Valor Esencial de la sociedad chilena del futuro. Este es, precisamente, el tema de fondo de los debates sobre una nueva Constitución y, por eso, son tan importantes.

Es evidente que la “Constitución Guzmán-Pinochet” se estructuró desde una Estrategia orientada a preservar los principios constitutivos del modelo de desarrollo neoliberal impuesto bajo el poderío de las bayonetas, durante la dictadura cívico-militar, modelo que correspondía a una Visión de la sociedad cuyos principales rasgos eran:

a) El enfoque individualista que supone que la sociedad se compone de individuos (y no de personas porque son sujetos de derechos, con lo cual evadieron la ética social que surge naturalmente de los derechos).  Por eso toda la atención pública se concentra en los medios para satisfacer necesidades individuales fragmentadas, siempre sujetos a las restricciones financieras.

b) La centralidad del “mercado” en la asignación de los recursos, uno de cuyos efectos es el desplazamiento del criterio de reconocimiento social, desde el valor como ciudadano hacia la capacidad como consumidor. Entonces, se opera con la idea de vales por lo que tienes y no por lo que eres. Bajo esta lógica, se entiende la permisividad pública respecto del manejo abusivo de precios (farmacias), o frente a los monopolios y a las colusiones comerciales, la fijación de tarifas garantistas de rentabilidades excesivas, etc.

c) La opción por la competencia por sobre la colaboración o la solidaridad, como el principal principio impulsor de las iniciativas genera una diferenciación entre “ganadores” y “perdedores”, situación que explica la denuncia de “los dos Chile”, o de “ciudadanos de primera o de segunda” lo que se expresa de múltiples maneras: la calidad de los barrios, la calidad de los servicios de salud, educación, descanso, etc.

d) La preminencia del “capital” como factor prioritario en la generación de riqueza y de trabajo, sin duda favorece la excesiva financierización de la economía que tiende a maximizar la rentabilidad de los recursos financieros, expandiendo abusivamente los precios de su colocación (créditos) y minimizando los costos de captación de estos recursos, hasta un valor 0, como el caso de las AFP.

e) El carácter estratégico que inspira esta Constitución se expresa muy nítidamente en todas las restricciones antidemocráticas (quórums especiales, procedimientos, normas, tribunales, etc.) que condicionan las decisiones gubernamentales, parlamentarias, funcionarias e incluso personas jurídicas o individuales-

Pese a los diversos esfuerzos realizados por los gobiernos de centro o centro-izquierda para quitarle o reducir los contenidos autoritarios de esta Constitución, la masiva rebelión popular de octubre, tuvo y tiene una clara dirección en contra el “oasis” que el gobierno de Piñera, la elite empresarial y la derecha política creían estar manejando a su antojo.  Pero, más importante que esto, cambió radicalmente (revolucionariamente) el ámbito en que debe darse la discusión constitucional, desde el eje UP – BOTTOM de la Estrategia a la Estructura, que opera bajo una lógica instrumental[1] orientada a favorecer operaciones con Foco en la Conveniencia y la Adaptabilidad, hacia el eje BOTTOM – UP de la Cultura a la Visión que actúa con una lógica relacional [2] orientada a constituir la Identidad y especificar el Sentido. 

En el primer caso, los resultados de un realineamiento se especifican en cambios estructurales que, cuando no son coherentes con la Cultura, no son respetados y ahí mueren.  Desde este punto de vista, se entiende por qué mientras más hablan el presidente y sus ministros, menos convencen, porque el modelo neoliberal que tratan de preservar a toda costa, es antagónico con los mejores valores y creencias de la cultura del pueblo chileno.

En el segundo caso, se generan cambios visionarios consistentes con los nuevos valores culturales que, en segunda etapa, pueden inspirar cambios coherentes de Estrategia.  Es evidente que por acá hay que transitar hacia un mejor futuro.


En consecuencia, los líderes políticos, empresariales y sociales deberían darse cuenta en qué terreno y por qué es necesario situar el debate constitucional, lo que, desgraciadamente, no parece suceder hasta el momento en el mundo político: basta mirar la discusión sobre cuotas de género o de pueblos originales para la realización de las tareas de este proceso.

Resulta claro que, a lo menos, habría que reponer a la Persona como sujeto de la historia, a los derechos como preocupación central de un Estado garante (derecho a la educación, a la salud, a la vivienda, a una jubilación digna), a la colaboración y la solidaridad como factores culturales de las iniciativas sociales,  a la protección de los sectores más desvalidos de la sociedad, al cuidado de un acceso razonable a los mercados de los productos y servicios esenciales para la población y al ejercicio de una justicia real e igualitaria para todos.


[1] La lógica instrumental se rige por un pensamiento calculador, la racionalidad como ajuste de medios a fines y una actitud técnica orientada al control o al poder.

[2] La Lógica relacional se rige por un pensamiento reflexivo, la razonabilidad como ajuste de fines y medios a valores y una actitud práctica orientada a lograr acuerdos y consensos

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