«Si la justicia existe, tiene   que ser para todos; nadie puede quedar excluido. De lo contrario, ya no sería justicia»

Paul Auster

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POLÍTICOS M.R. y POLÍTICOS S. A. [*]

Ya sé: voy a entrar en algunos de esos temas que nuestros iluminados dicen que no le interesan a la gente, así es que parto aceptando esa crítica de antemano, para que así no tengamos que perder tiempo en obviedades.

POLÍTICOS M.R.

En este mundillo en que vivimos, regido por las leyes del mercado y la economía global, las marcas son cada vez más importantes, porque juegan ese rol diferenciador imprescindible, que nos permite discernir de entre tanta oferta, aquellos productos o servicios que mejor o peor cumplen su finalidad. Así, hay por ejemplo un producto cuya marca es la No. 1 a nivel mundial, que en realidad gasta más en promocionar su marca que en producir su brebaje, y otras vilipendiadas por una cantante que compara despechada las marcas de relojes del marido que la ha abandonado. O sea, las marcas no son cosa de tomar a la ligera.

Por lo mismo, cada país tiene una rigurosa legislación que regula el uso de las marcas, y su registro, de modo de evitar los gatos por liebres, porque la gracia de las marcas, es que el consumidor al verla, sabe perfectamente con qué se va a encontrar o no, debajo de la etiqueta. Por lo mismo, no es llegar y usar cualquier cosa como marca, y entrando en materia, las palabras genéricas no pueden registrarse como marcas, al menos no en la categoría en que pueda resultar confusa o engañosa, de modo que, si usted quiere registrar mañana la marca “aire limpio” por ejemplo, se va encontrar con que no puede.

Otra cosa sucede en política, donde apropiarse de e inscribir generalidades ambiguas, no representa ningún problema, y ni siquiera los adláteres alegan nada, no se sabe si por complicidad, falta de entendimiento, estulticia, o una combinación de los tres. El hecho es que en nuestro país algunos pueden adueñarse de conceptos como “republicanos” o “demócratas”, sin ningún problema, como si esos adjetivos fueran de su exclusiva tenencia y ejercicio, o sea, por exclusión, habría que pensar que quienes no militamos en esos partidos, no somos ni demócratas ni republicanos, ya que por algo, la “marca” la inscribieron ellos, aunque los que no militamos tengamos sospechas o dudas de qué diablos significa ser una cosa o la otra, o ambas, para los que se apropiaron de la marca. No sería extraño que la bebida cola de marras, bajo la marca ambigua, en lugar de saber a agua super azucarada, venga a saber a agüita de natre… vaya uno a saber.

Que la gracia se dé a un solo lado del espectro político, no es culpa de este escritor, ya que al lado existen partidos como UDI o RN, cuyos nombres no son genéricos, y más o menos apuntan hacia qué lado van esas motos, tal como la DC, el PC u otros, dicen a las claras con su marca, hacia donde quieren ir. Si usted se encuentra con que algún “demócrata” anda nostálgico por alguna dictadura, por favor, pregúntele a su parlamentario regalón, yo me declaro incompetente.

Sí -ya sé- en los Estados Unidos de Norteamérica los dos principales partidos se llaman “Demócratas” y “Republicanos”, pero estamos hablando de un país, en que cuando les he aclarado a sus ciudadanos que yo también soy “americano”, como que entran a enojarse, así es que eso de apropiarse de todo a lo gringo, no me parece gran ejemplo.

Para hacerla cortita, declaro aquí que me considero republicano, pero no “Republicano”, y sobre todo demócrata, pero no “Demócrata”, y como afortunadamente la ictericia se me fue, amarillo no soy tampoco…  se entiende ¿no?

POLÍTICOS S. A.

Como probablemente no escape a su visión, hoy todo es mercado y mercadeo, y seguramente tampoco escapará a su observación que los grandes actores suelen ser sociedades anónimas, dejando otras formas societarias a las pymes, cuando no a personas individuales. En cada tanda publicitaria de su canal favorito, los buenos avisos de 30 segundos, en horario prime, son todos de sociedades anónimas o conglomerados relacionados a estas, pymes no aparecen, salvo en canales de provincias. El efecto de esto, es que la publicidad logra que usted tienda a elegir productos de esas empresas en desmedro de las chicas o de desconocidas.

Esto mismo sucede en política: Tenemos un sistema que privilegia a los grandes, de modo que estos entran en un círculo virtuoso para ellos y nefasto para la ciudadanía, en que los mismos de siempre se aseguran la repetición del plato, porque no hay forma de que usted se entere de qué otros “productos” hay en el mercado, y si los pilla en la góndola del supermercado, los va a mirar con suspicacia.

De esto ya escribí hace harto tiempo, sin ningún resultado, pero como soy majadero, voy a insistir sobre el punto, aunque el resultado no sea el mismo. Por algo en nuestro sistema, los partidos reciben espacio de publicidad gratuito en función de los votos obtenidos previamente, y reciben financiamiento, adivinen en función de qué.

Supongamos que usted está tranquilo en su casa, tocan a la puerta y se encuentra con un vendedor que le habla durante 15 minutos sobre las bondades de la aspiradora que hasta tiene tiempo de enchufarla y mostrarle cómo suena, y luego viene otro vendedor, con otra aspiradora, pero sólo alcanza a decirle “buenas tardes” y se tiene que ir. ¿A cuál cree usted que le irá mejor?

En el plano de las ideas, de los proyectos sociales, de las finalidades políticas, no puede haber algo más anti democrático que el no poder acceder a las ideas y propósitos de quienes postulan a nuestro voto, para poder tener un voto informado, cosa que los mismos que lo impiden, dicen que es consustancial a la democracia. Una idea, un pensamiento, no pueden ser aquilatados por su receptor, si no pueden expresarse a cabalidad. ¿Cómo puede usted elegir libremente entre una idea expresada con claridad y tiempo, y otra en que alcanzan a decirle sólo el nombre?

Estoy cierto de que esto no va a cambiar, porque los dueños de la sartén no van a dejar que otros la meneen de otra forma, saben que no les conviene, saben que esta relación endógena es la que les ha permitido perpetuarse por decenios, relegando a cualquier otro que tenga una idea distinta, a una fila en la que jamás alcanzarán los puestos de poder, con los beneficios que graciosamente obtienen por su espíritu de servicio público.

Así las cosas, en la próxima elección haga lo de siempre: Vote la marca registrada que usted cree que representa lo que representa, y por la sociedad anónima política que haga más propaganda. En Chile -como en casi todo el mundo- eso del voto informado, es puro cuento.

ACC
14/04/2023

[*] Esta columna fue publicada en El Magallanes (Punta Arenas) el 14.04.2024

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