“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.

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¿Qué terreno pisamos?

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

La jornada electoral de los días 15 y 16 de mayo ya concluyó, pero sus réplicas y secuelas permanecerán por largo tiempo.

Los derrotados de ese momento histórico no atinan a creer en los números que ven y parece que se esforzaran en compenetrarse de pesimismo, repitiendo incesantemente un discurso en que predominan la angustia y la incertidumbre.  Ya no solo se trata de los tradicionales sectores de los privilegios y del “rechazo”, de los mismos partidos políticos de siempre empecinados en defender un modelo que a todas luces estaba haciendo agua sino también de las colectividades que recuperaron la democracia política tras diecisiete años de dictadura pero que poco a poco se burocratizaron, se dejaron estar, se contentaron con las variaciones de los índices estadísticos negándose a ver una realidad humana y social que impactaba los sentidos de todo aquél que estuviese dispuesto a mirar lo que era evidente.

El cuadro de los vencedores resulta bastante complejo. Sin duda, el triunfo electoral, claro, neto, indiscutible y sorprendente es para la autodenominada “lista del pueblo”, conglomerado carente de estructuras orgánicas a través del territorio, con un financiamiento muy básico, con campaña realizada a través de redes pero con una mística y un compromiso muy fuerte con el mundo social, con el mundo de las ollas comunes y con los problemas vitales del Chile vulnerable. A continuación la emergente alianza del Partido Comunista con el Frente Amplio, y luego el heterogéneo mundo de los “independientes”, campo en que confluyen en general actores críticos del statu quo pero cuyas definiciones frente a la treintena de nudos constitucionales que es necesario desatar son bastante diversas.

La elección comentada deja algunos datos, tanto buenos como malos, que no pueden ser desconocidos a la hora del análisis.

El primero, y que debe tenerse hoy presente para el devenir político futuro del país, es el elevado nivel de abstención en el proceso que puede ser atribuido en parte importante a causas sanitarias pero que es expresión de la creciente desafección por la responsabilidad política que corresponde a cada ciudadano. La histórica torpeza de la supresión del sufragio obligatorio es un hecho que, más temprano que tarde, nos pasará la cuenta y que debe ser enmendado. Un 53% de abstención expresa un desinterés mayoritario y una exclusión importante de medio Chile.

Positivos, sin duda, son dos hechos inéditos. La consideración formal de la representación de los pueblos originarios y el logro efectivo de la paridad de género: 77 mujeres y 78 varones, cifra que casi refleja con exactitud la realidad demográfica.

Por otra parte, es destacable constatar que tanto el poder del dinero como de los tradicionales medios de comunicación – prensa papel y televisión abierta – perdieron al parecer definitivamente su capacidad de manipular las decisiones ciudadanas en beneficio de los grupos de interés que los sustentan y a los cuales representan con bastante impudicia.

Puede afirmarse que el 2021 está marcando el surgimiento de un Chile distinto. Que ello constituya algo positivo o negativo dependerá ciertamente de la respuesta que como nación seamos capaces de construir.

El punto de partida radica en la disposición a ver, comprender y juzgar la realidad en la cual estamos insertos. Si nuestra actitud es la de justificar nuestros propios privilegios y explicar las exclusiones de “los otros” sin tener ni siquiera un atisbo de crítica a las inequidades estructurales del medio en que vivimos, será imposible que pueda cambiar nuestra mirada. Con ello estaremos consolidando y perpetuando un mundo en que será cada vez más difícil convivir y en el cual la amenaza de una explosión social estará siempre latente. Llega el momento en que es imprescindible contar con una voluntad dispuesta a cambiar lo que alimenta una sociedad de clases y castas, fracturada y carente de un sentido mínimo de “lo común”.

¿Estaremos dispuestos a hacer una reflexión profunda y eficaz sobre lo que nos está sucediendo? ¿O nuestro propósito será el de exacerbar los conflictos para avanzar hacia el caos o las soluciones de fuerza? ¿Podrían ser las universidades con sentido y compromiso con lo público, las entidades llamadas a provocar el diálogo y debate participativos en comisiones temáticas a través de las cuales surjan soluciones en respuesta a las demandas impostergables?

Si en verdad queremos modificar lo que constituye piedra de escándalo en una sociedad democrática, debemos estar dispuestos a pagar los costos ineludibles que nos permitan lograrlo.

Como señalara en una oportunidad el profesor Humberto Maturana, ha llegado la hora de dejar de lado la enfermiza competencia neoliberal para abrir cauce a la cooperación como forma de vida.

Eso implica construir una nueva cultura, una nueva ética social, en que nuestra convivencia no se desarrolle tras la persecución del dominio de unos sobre otros, tras la conquista del poder que se impone por la fuerza del dinero o del control de relevantes áreas de influencia o, en último término, por la amenaza y utilización de las armas, sino que se funde en reconocer la dignidad de los demás, sus derechos como persona.

El desafío no es tan simple: Sustituir egoísmo, agresividad, competitividad, por un poco más de humanidad.

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2 Comentarios en ¿Qué terreno pisamos?

  1. Me gustó el análisis, profundo y certero. Sobre el modo de convivencia futuro aún se ven dificultades, pues los amigos de la amenaza y de la violencia están reapareciendo en el escenario. No me refiero a “la gente” que conforma la abrumadora mayoría de constituyentes electos, por supuesto, sino a los golpistas de siempre. Ojalá se sosieguen y no perturben el limpio proceso democrático del que todos somos testigos. Por otra parte queda meridianamente claro que los partidos políticos tradicionales no dieron el ancho y están acabados. No les resultó el contubernio con palmoteos de espaldas que armaron. Deben asumir la derrota e irse para la casa. Ahora le toca al pueblo asumir las responsabilidades que los politiqueros eludieron.

  2. Me gustó el análisis, profundo y certero. Sobre el modo de convivencia futuro aún se ven dificultades, pues los amigos de la amenaza y de la violencia están reapareciendo en el escenario. No me refiero a los de “la gente” que conforma la abrumadora mayoría de constituyentes electos, por supuesto, sino a los golpistas de siempre. Ojalá se sosieguen y no perturben el limpio proceso democrático del que todos somos testigos. Por otra parte queda meridianamente claro que los partidos políticos tradicionales no dieron el ancho y están acabados. No les resultó el contubernio con palmoteos de espaldas que armaron. Deben asumir la derrota e irse para la casa. Ahora le toca al pueblo asumir las responsabilidades que los politiqueros eludieron.

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