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Radiografía de la teledictadura en México (II)

Jonathan Marcial Mendoza

Licenciado en Derecho con Especialidad en Formación Docente

Desde México.

El artículo anterior se indicó que existe una seria competencia comercial que llevan los corporaciones televisivas del entretenimiento (Televisa, Televisión Azteca e Imagen Televisión) y que ninguna se ha comprometido por mejorar la calidad del contenido de sus programaciones, pues ha importado más elevar el raiting.

Quedan realmente a expensas de las pocas manos que manejan los medios de comunicación en México y la situación es seria, pues la televisión comercial se ha convertido en una fuente de poder ilimitado o peor aún en un poder absoluto que no rinde cuenta a nadie. Vale agregar que el hecho de que no exista una competencia real para estos corporativos permite que sigan apostando por el exceso de comercialización junto a que se buscan mecanismos en que los televidentes del sector promedio difícilmente tengan que recurrir a otras opciones de informarse o saciar su entretenimiento.

¿Qué enfrentan las televisoras públicas ante este fenómeno de la teledictadura? Al no representar competencia para esta fórmula mexicana de las comerciales, se ven limitadas en la forma de producir contenido de calidad, ya que que no cuentan con el capital financiero suficiente ni el apoyo legal para consolidarse como alternativas reales frente a las programaciones comerciales desechables. No están interesados en mejorar la calidad de los contenidos presentados en la televisión.

González comenta que una “gran parte de la modernidad desigual y chimuela de estos tiempos, ha sido potenciada por los medios de difusión y por ello se convirtieron en los objetos privilegiados para trabajar, para estudiar y reflexionar. Con los medios vive el poder, y el poder seduce nomás de mirarlo” (Cultura [s] y ciber-cultur@…s: incursiones no lineales entre complejidad y comunicación, 2003, página 77); constituye un negocio redituable de la fabricación de figuras políticas empeñados en transformar una imagen mediática.

Un caso hipotético, es el triunfo de Vicente Fox Quezada como Presidente de la República en el año 2000, ahí se demostró el valor y el poder de la llamada telemarketing y la importancia política de la construcción ideológica para ascender al poder; de eso la gama de programas televisivos que se aprovecharon para tal propósito. En este ejemplo es notable como la televisión mexicana ha otorgado un valor simbólico a los personajes mediáticos y a la información difundida.

La información que difunden se convierte, en sentido del materialismo histórico del marxismo, en una mercancía intercambiada por el valor simbólico otorgado por los televidentes; para que ellos le otorguen ciertas preferencias para hacerlas viables hacia los fines comerciales y políticos.

¿Hasta qué punto la teledictadura puede llegar a los televidentes? La responsabilidad publicitaria mediática son los que marcan la imagen, en el aspecto político, de candidatos a gobernadores, Presidente de la República, diputados o representantes de partido político; la popularidad que logre y la imagen que proyecte se verá reflejada en los procesos electorales en donde el votante queda reducido a los televidentes. Villamil (2005), en La televisión que nos gobierna. Modelo y estructura desde sus orígenes, indica que los spots operan como una especie de dios oculto que se transforma en veinte segundos televisivos al político que promociona. Por esta razón, la publicidad es el insumo más caro y polémico del telemarketing.

No obstante, el poder mediático se ha puesto en discusión desde el momento que los corporativos del entretenimiento proporcionan información incompleta o de baja calidad que llegan al borde de la incredibilidad. Ejemplos hay varios, en las más reconocibles son lo sucedido con la matanza estudiantil de 1968 o el mal manejo de la información de la aparición del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el estado de Chiapas del año 1994.

Los políticos mexicanos han buscado instalarse en esa zona de confort para que los corporativos del entretenimiento televisivo apuesten a como alzar el raiting a costa de banalidades, repeticiones, exageraciones, excesos de comerciales, déficit de creatividad hasta recurrir a elementos negativos como el racismo, misoginia u homofobia (Villamil, 2005).

Actualmente, la teledictadura se está observando en tres lineamientos en la programación:

a) Obediencia a la moral única.- La televisión en México ha fungido como promotora y difusora hacia la uniformidad religiosa del catolicismo como eje fundamental para consolidar la identidad del mexicano (fomentando discriminación a los otros credos no católicos, aunque Imagen Televisión ha transmitido series brasileñas de corte bíblico). El guadalupanismo, hasta el día de hoy, está representando el aparato ideológico de cohesión religiosa en sentido económico como la transmisión de las festividades del 12 de diciembre. No acaba ahí el asunto, es cuestión de fe el uso de la imagen de la Guadalupana en la escenografía de variados programas de Televisa (por tomar de referencia inmediata) como es el programa vespertino La rosa de Guadalupe en la cual se relatan historias de vidas intervenidas por la creencia a la Madre de México.

b) Lealtad de concesionarios hacia la clase política.- Si bien es cierto que ha cambiado a partir de la alternancia de partido en la Presidencia de la República, durante varios años se promovía la idea de sumisión al poder establecido ya que la televisión comercial fungía como propaganda del régimen político del PRI. Esto va en colación a una frase de Emilio Azcárraga Milmo (accionista mayoritario del corporativo Televisa): Soy un soldado del Presidente.

c) Homogenización del entretenimiento y del consumo.- La globalización neoliberal ha proyectado en las pantallas sugerencias de estilos de vida basados en el consumo innecesario y la superficialidad, se proyectan estilos de vidas y clases sociales alejadas a la realidad común del mexicano. Las aspiraciones tienden a esos estilos de vida proyectados y la asimilación de estos es el fin de dicha proyección. No se procura la crítica y creatividad de los televidentes, que serán necesarias para la formación de individuos realmente competentes en el sistema capitalista global, que es finalmente, el mundo real al que un día se deben enfrentar. 

En mi opinión, en la televisión en México aplica la teledictadura como una formula mexicana donde los políticos mexicanos se encuentran instalados en una era del espectáculo mediático hacia la popularidad televisiva como parte fundamental del otorgamiento del poder con alianzas de los corporativos televisivos existentes (Televisa, Televisión Azteca e Imagen Televisión). Se materializan a través de contenidos televisivos que engloben la capacidad de seducir a las audiencias.

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