Imperativo ético: la ciudadanía y los demócratas consecuentes, deben impedir la presencia de fuerzas Neo Fascistas en Chile.
Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Reglas del Juego, Ética y Estética, ¿¿y el bien común?? (O ¿la libertad de mercado contra el bien común?)

En la prensa y en los medios en general se denota en estos últimos meses una especie de embate de las empresas inmobiliarias, principalmente de la dirigencia empresarial del gremio y su siempre eficaz institución gremial, (la CChC) por la densificación urbano-habitacional de las grandes ciudades chilenas, e incluso las no tan grandes. 

Si uno se deja llevar por sus artículos y argumentos, no habría otra vía que sea más racional para crecer en nuestras ciudades que la densificación, es decir la construcción de edificios, ojalá muy grandes y altos, en las manzanas urbanas. Es decir

dónde había 50 viviendas, multiplicar eso por ‘N’, hasta llegar a triplicar o lejos más que eso, lo que se pueda poner sobre el mismo suelo. Cuando los urbanistas hablan de densidad, hablan de tener más viviendas y por lo mismo más habitantes por hectárea (100×100 metros), o de manera más tradicional, por manzana urbana (125×125 metros).

Las ciudades chilenas, en su versión tradicional son de baja densidad, entre 100 a 200 habitantes por hectárea, aproximadamente unas 50 familias y unas 40 casas. En la zona central de las ciudades mayores, la densidad puede ser de unos 300 a 500 personas por manzana, ya que hay edificaciones de varios pisos de altura donde pueden vivir muchas más familias, además claro está, de haber primeros pisos con locales comerciales o de servicios, oficinas, etc. Pero eso, que hace no mucho tiempo se consideraba una alta densidad o “buena densidad” central urbana no es lo que tienen en mente los actuales empresarios de la construcción inmobiliaria. Ellos piensan en 800 o 1.200 personas por manzana como si nada.  Si usted cree que eso es mucho, eso se logra con 2 edificios de 20 pisos cada uno y 8 departamentos por nivel. Y cualquiera aquí en Chile sabe que si una empresa dispone de un terreno de una manzana completa no piensa en hacer allí dos edificios, sino muchos más.  De hecho, aquí en Concepción, en lo que era la sede anterior del Colegio Alemán, los propietarios quieren construir 7 edificios, y ese terreno ya disponible es menor que una manzana.  Entonces, en una ciudad tradicional, como aun es gran parte del centro de Concepción, o como es todo el casco urbano central de Chillán, imagínense los lectores cuantas viviendas, oficinas, comercio y cuanta población (residente o flotante) puede haber, si multiplicamos el simple ejercicio que ya hicimos antes por un numero teórico de manzanas “disponibles.”

Quizás si se trata ahora de una situación emblemática, pero por primera vez antes de un proyecto inmobiliario anunciado, aunque claro está que en este caso con mucho bombo y platillo, hay reacciones adversas de los ciudadanos, aunque por ahora son principalmente del vecindario inmediato al caso indicado, y por factores ambientales más que por efectos de la densificación física y social propiamente tal.

Ahora bien, mi tesis es que con casos como éste se pasa a llevar el concepto de bien común, que hasta ahora (y en buena hora) aun se dice que le da los cimientos a la política nacional de desarrollo urbano en Chile. Pero en la práctica eso se ha ido quedando solo en buenas intenciones, si no quisiéramos decir que ha pasado a ser derechamente una falacia.  Es en el interés de la ciudadanía donde podemos “asilar” o “cobijar” (ahora casi defensivamente) la idea de ‘bien común’, ya que vemos que se privilegia el interés particular de las empresas inmobiliarias, interés que va a la búsqueda de sacar el máximo rendimiento a sus inversiones construyendo y vendiendo muchas más viviendas que lo que sería “normal”, o a costa de lo normal. Hay entonces una contradicción absoluta  entre la declaración de la gobernanza y la práctica real de las grandes empresas; pero la verdad es  que la gobernaza ha gobernado para eso, mediante las leyes y reglamentos para la inversión privada (y debajo del ala también la pública) en urbanismo y edificación, para las soluciones inmobiliarias, para los establecimientos humanos, ahora bajo el paradigma del neoliberalismo.

 Para mí lo malo (otros dirán que lo bueno) para los ciudadanos es que las ordenanzas locales de los  Planes Reguladores Comunales, la Ordenanza General de Urbanismo y la política económica nacional de libre mercado, inspirada en el neoliberalismo a ultranza imperante,  permiten esta anormalidad de la que hablamos.

 Retrocediendo no mucho tiempo atrás, podíamos asimilar a lo normal las pautas de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (los famosos CIAM, realizados entre 1928 y 1959 en Europa), publicadas en la Carta de Atenas (Ciam IV Atenas, 1933), porque  fue en Grecia que se publicó este famoso documento elaborado por los arquitectos del mundo. Y para comprender con un ejemplo simple una de sus normas principales, nos decía que la distancia horizontal o separación entre dos edificios o bloques de departamentos de altura debía ser una y media veces la altura de ellos. Para garantizar así varias cosas al usuario habitante:

  • Contar con la llegada de los rayos del sol a los departamentos (el mejor factor de higiene o saneamiento que existe en este planeta Tierra).
  • Tener una adecuada iluminación y ventilación en las viviendas enfrentadas.
  • Permitir ver el horizonte, más allá de la pared vecina.
  • Tener espacio libre de suelo común, amplio y libre, ojalá verde y equipado, para la recreación física y la convivencia social.

¿Habrán visto los lectores, en nuestra ciudad los 4 grandes bloques paralelos entre ellos que una exitosa inmobiliaria santiaguina construyó casi frente al Hospital Clínico del Sur? La distancia horizontal entre ellos no va más allá de una cuarta parte de la altura que tienen (18 pisos, aprox. 48 metros, nada menos.)  Si aplicáramos la regla de la Carta de Atenas, debiera ser de aproximadamente 72 metros, y tienen aprox. 20 metros, es decir 3 y media veces menos. Pero la ley actual permite esa anormalidad, ya que lo normal ahora es la libertad del propietario inmobiliario de sacarle el máximo interés económico a su emprendimiento, aun sabiéndose que buena parte de los compradores y usuarios reales no podrá beneficiarse de esas óptimas condiciones señaladas porque el plan urbanístico y la arquitectura no lo permiten. Pero ellos no son más que compradores voluntarios o consumidores (¿las leyes del mercado?) y, en el mejor de los casos, ‘simples ciudadanos.’ La política económica y la ley chilena así lo permiten: peor  aun,  lo promueven.

 ¿Es utópico lo antes referido a la Carta de Atenas? Ni mucho menos. En nuestro ámbito urbano, la Villa San Pedro y la Remodelación Paicaví son un ejemplo local de la aplicación de lo que sería normal, es decir óptimo: un urbanismo y una arquitectura verdaderamente humana, ejemplar. Y se hizo en un país y una ciudad aun tercermundista (entre los años 60 y 70), la nuestra, antes de la pretendida asimilación, fórceps mediante,  a la OCDE.

Está demostrado sociológicamente que la densidad extrema en edificaciones habitables es negativa para el ser humano, como también lo es la concentración de edificaciones de gran altura. Baste recordar lo que ha pasado, escandalosamente,  en Santiago en la comuna de Estación Central (la guerra de los ghettos urbanos), así como también, meditar sobre las demoliciones de edificios de vivienda social de gran altura y densidad que se han llevado a cabo en los alrededores de Paris, Francia, para borrón y cuenta nueva.  Concepción y Chillán han sido descritas como ciudades de tamaño controlado, de mediana altura y por lo mismo, gratas y humanas. Lo repite cada vez que viene a este país y a nuestras ciudades François Mabardí, el fogueado y prestigiado arquitecto belga, educador internacional de arquitectos.

Ojalá la ciudadanía logre aquí organizarse y hacer repensar el Plan Regulador local, pues no nos está demostrando que vamos a conseguir una mejor ciudad, y que tal vez, en realidad, la estamos en verdad perdiendo. Concepción, también Chillán, a través de la ciudadanía, pueden demostrar  que nos interesa de frentón el verdadero Bien Común sobre o antes que la desbocada liberalidad del mercado.

Eso  en nuestro urbanismo, en nuestra arquitectura; es decir, en el marco físico y social de nuestras vidas.

 

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

4 Comentarios en Reglas del Juego, Ética y Estética, ¿¿y el bien común?? (O ¿la libertad de mercado contra el bien común?)

  1. En la “Industria” de la construcción no hay ética ni mucho menos estética, sólo cómo “ganar mas…”
    Bajar la calidad y la estética sonlas máximas en este sector, para qué decir, pensar en el futuro, en la gente y las reglas medio ambientales.

  2. las reglas de construcción, cuando existen, sólo están en el papel… el único interés es construir para ganar!

  3. Sí claro, el interés general de la población se ve avasallado por el interés particular de las empresas constructoras, quienes tienen en vista sólo la “rentabilidad”,. Además normalmente cuentan con la complicidad de la falta de normas y procedimientos qué por ejemplo respeten la tradición de los barrios y cuiden el patrimonio, que es por supuesto otra arista que se debería considerar.

  4. Buen análisis acerca del caos urbano que sufrimos en Concepción. Ahora nos toca evitar el desaguisado que se pretende hacer en calle Chacabuco entre Colo Colo y Castellón. Pretenden hacer creer a la gente que los bodrios bosquejados son una maravilla y de paso provocar un gran malestar a los vecinos directos y a toda la comunidad penquista. ¡Cuidado hermanos chillanejos, revisen bien su Plan Regulador Comunal! Pueden encontrarse con desagradables sorpresas.,

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl