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Sobre el llamado lenguaje inclusivo

Tulio Mendoza Belio

Premio Municipal de Arte de la Ciudad de Concepción (2009).

En relación al llamado lenguaje inclusivo, lo primero que hay que decir es que el género gramatical no es lo mismo que el sexo ni que el género ideológico o como construcción cultural. Toda lengua natural es un sistema de comunicación con sus propias reglas, tiene su organización interna como un sistema de signos. Ya en 1916, Ferdinand de Saussure hace una bella y práctica comparación entre la lengua y el ajedrez. Ambos tienen piezas y cada una con un valor distinto y combinaciones determinadas: eso permite la comunicación y el juego, respectivamente. No puedo yo de la noche a la mañana cambiar esas reglas sin alterar el sistema y, por lo tanto, los resultados. El problema es que hay varios asuntos de carácter diferente en el tema en cuestión, entonces se mezcla mucho y la gente en general, que no es especialista, no sabe de lo que está hablando y confunde. Existe, como bien señala el reconocido académico Ignacio Bosque, “un conflicto de competencias.” Y esto constituye algo muy marcado en nuestra actual sociedad: cualquiera se cree con el derecho y la competencia de hablar sobre cualquier tema. El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. La gramática señala que el género masculino incluye al femenino, entonces es inclusivo, pero el femenino no, es exclusivo. Pero, ojo, si digo “el hombre” puedo referirme a Pedro y también al ser humano, hombres y mujeres. Si cambio el artículo y hago el plural “los hombres”, me estoy refiriendo solo a los seres humanos de sexo masculino. En otro caso, por ejemplo, el sustantivo “el día”, género masculino, incluye al sustantivo “la noche”, pero esta no incluye al día. Alguien podría pensar, entonces, que aquí hay un privilegio por lo femenino que excluye el género gramatical femenino.

Si digo, por ejemplo, en una sala de clases donde hay hombres y mujeres, que salgan los hombres, evidentemente no saldrán las mujeres y solo lo harán los hombres. Si voy en un bus y alguien ofrece sus productos en voz alta y dice: “Señores pasajeros” o esto mismo lo leo en un aviso. ¿A quién se dirige la oferta, a quién el aviso?

Carácter neutral de la lengua

¿Por qué la lengua tendría que ser neutral o incluso lógica? El sistema de la lengua funciona así y si yo altero una pieza la lengua entera se verá alterada. Porque hasta aquí solo se habla de los casos de algunas palabras, particularmente del adjetivo indefinido “todos”, pero que también es pronombre indefinido y que, evidentemente en nuestro sistema incluye a los géneros masculino y femenino y “todas”, exclusivamente femenino. Pero qué sucede con el pronombre relativo “quien”, por ejemplo, que es para masculino y femenino, ¿acaso se pretenderá un “quienA” para el femenino exclusivo? Por otra parte, el signo lingüístico es arbitrario, inmotivado, otra enseñanza de Ferdinand de Saussure. Nada hay en la materia que vehicula el significado con el significado mismo. De hecho el mismo género gramatical cambia en las diferentes lenguas: las vocales son masculinas en francés; “mantequilla” es masculino, etc.

Modificaciones en el lenguaje

Cuando se habla de una lengua o de modificaciones, la gente en general se refiere a las palabras y no a la sintaxis, el orden de las palabras en la oración y lo que ello implica: concordancias de género y número, por ejemplo. El aspecto diacrónico de una lengua [una vez más Ferdinand de Saussure], es decir el desarrollo de esa lengua en el tiempo, demuestra que los cambios son lentos y abarcan todos los aspectos de una lengua: fonología, fonética, morfología, sintaxis, semántica, pragmática. Si el uso establece una norma es algo que se aprecia con la perspectiva del tiempo. Esto también para no confundir una moda puntual por algo particular.

Todas las lenguas tienen sus propios mecanismos para expresar un sinnúmero de ideas, desde lo más sublime hasta lo más abyecto. El lenguaje, o más propiamente la lengua, tiene una serie de palabras que sirven para alabar, enaltecer, amar, seducir, incluir, pero también sus contrarios: destruir, insultar, mentir, adular, etc.  Entonces la discriminación, el insulto o cualquier aspecto negativo no es culpa de la lengua, sino de quien la use y cómo la utilice. Es evidente que el machismo ha usado la lengua como un cuchillo y ha herido torpemente.

¿Modificar el sistema?

La población no adoptará estas proposiciones, primero porque no se trata solo de “términos”, de palabras, se trata del comienzo de una cirugía mayor: modificar el sistema, un modo de ser y la lengua tiene ya los mecanismos para satisfacer una aspiración que nadie podría contrariar: que todos y todas nos sintamos incluidos e incluidas; se da cuenta usted que ya me estoy complicando, no estoy siendo económico, me extiendo inútilmente, debería haber dicho para que “los seres humanos” nos sintamos considerados, pero ya habrá alguien que diga, pero por qué “humanos” si esa “o” es masculina, pero curiosamente es femenina “la o”.

Lo que hay que hacer es manifestar la voluntad de que en aquellos casos en que se quiera incluir a los o las [aquí diríamos “quienes”] que se sientan excluidos o excluidas [¿qué pongo aquí? ¿excluidEs? O cambio los pronombres “los” y “las” por “les” con la famosa “e” propuesta, pero en español ya existe “les” con otro significado y lo deberé cambiar también en el caso, por ejemplo, “Yo les digo”, en que “les” puede ser “a ellos” y “a ellas”.

El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio tiene una “Guía de lenguaje inclusivo de género” bastante interesante para conversar y discutir, recomienda, no impone. En España hay mucha controversia y discusión también.

¿Es más sexista nuestra lengua española?

Sexismo es la discriminación por razón de sexo, el que discrimina es el hablante, el usuario, no la lengua, ya que el sistema naturalmente contiene todas las posibilidades que considera necesarias. Si hay gente torpemente discriminadora usará el lenguaje para discriminar negativamente [no olvidemos que hay una discriminación positiva, por ejemplo, en música, en fonética, etc.]. Hay lenguas, como el japonés, que tienen dos palabras para referirse a “padre” o “madre”, según sean los propios o los ajenos. Y en francés, por ejemplo, “noir” [negro] y “nègre” [negro] y “négresse” [negra] son interesantes a estudiar: “nègre” adquirió un uso peyorativo y discriminatorio, aunque se puede decir “art nègre” [arte negro] sin esa marca negativa.

El lenguaje está vivo, pero tiene una increíble unidad. Piense en la unidad de nuestra lengua española extendida en tantas geografías.

El símbolo @ es solo para lo escrito o dibujado, es decir, algo visual: se “lee” solo en la mente. Ya he explicado que el uso de la “e” como caso neutro no funcionará porque habría que ser consecuentes y cambiar todo el sistema, especialmente las concordancias, porque de eso se trata, no son solo algunas palabras. La “x” es peor y la barra “ / ” que se utiliza en algunos escritos hay que leerla doblemente, incluso existe la posibilidad, ya bastante empleada, de los paréntesis para romper una palabra y darle dos significados: “un (in)digno”, “consumir(se)”, etc.

Los escritores y el lenguaje inclusivo           

Si Cervantes, Borges, Neruda o García Márquez hubieran comentado estas pretendidas innovaciones en la lengua, todos habrían jugado creativamente con el lenguaje, pero no escribirían ni mucho menos hablarían así. Recordemos a Julio Cortázar en el Capítulo 68 de “Rayuela” y su lenguaje “glíglico”: “Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes.”

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1 Comentario en Sobre el llamado lenguaje inclusivo

  1. Buen trabajo nos ha entregado Tulio. Siempre es bueno aprender cada día algo más sobre el idioma castellano. Este artículo debería ser leído por aquellos que lo tienen a mal traer y que promueven cambios hacia una mal ponderada feminización del lenguaje, que nada tiene que ver con contrarrestar el machismo. Felizmente, como todo lo insostenible, será solo una moda pasajera.

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