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SOLIDARIDAD, PRECIADO TESORO.

Maroto

Desde Canadá.

Ciudad de México, 19 de Septiembre 2017, 11 de la mañana. Suenan las alarmas en toda la ciudad avisando un bien promocionado simulacro general de catástrofe. Los edificios son evacuados ordenadamente y después de unos 15 minutos nos encontramos todos en la calle, entre risas y bromas, en los puntos acordados de reunión. Se respira un ambiente relajado.

Ciudad de México, 19 de Septiembre 2017, 1:14 de la tarde. El edificio donde trabajo empieza a sacudirse violentamente y desde la ventana del piso 17 observo como los edificios vecinos, todos de gran altura, se mueven de lado a lado; a la distancia se dibujan algunas columnas de polvo y humo en lo que parecen ser edificios que se han derrumbado. Se activan automáticamente las alarmas y en cosa de segundos estamos todos reunidos en los puntos de emergencia de cada piso. La tranquilidad observada durante el ejercicio de evacuación realizado solo unas horas atrás da paso a caras de nerviosismo, ansiedad y en algunos casos desesperación. Después de interminables segundos, las brigadas de emergencia de cada piso inician la rápida evacuación del edificio. Bajamos los 17 pisos por las escaleras de emergencia, en silencio y de manera razonablemente ordenada; no hay gritos ni pánico, pero si consternación y angustia. Después de menos de 15 minutos nos encontramos nuevamente en la calle, pero ya nada es lo mismo.

Terremoto en México; el Servicio Sismológico Nacional de México informa que el sismo alcanzó una magnitud de 7.1 grados y sus efectos se dejaron sentir con gran fuerza especialmente en Ciudad de México, causando el derrumbe de casi 40 edificios, daños mayores en más de 2000 y cerca de 300 muertos en las zonas afectadas.

Han transcurrido ya algunos días y lo que he observado en esta ciudad me lleva a comentar brevemente dos temas; los grandes contrastes que existen en nuestros países y el valor de la solidaridad.

México, al igual que muchos países de Latinoamérica, es un país de contrastes, donde coexisten la violencia y la paz social, la opulencia y la pobreza, el desarrollo y grandes niveles de analfabetismo; y esto queda en evidencia en catástrofes como esta. Los destrozos y muertes ocasionados en algunos barrios están absolutamente ausentes en otros. La desesperación y tristeza que se observa en los habitantes de algunos sectores gravemente afectados, es remplazada por caras relajadas y sonrientes en aquellos donde la tragedia parece no existir. La forzada interrupción de la vida normal que ha afectado a  miles de mexicanos, parece no tener eco en algunas zonas privilegiadas, donde la vida parece seguir transcurriendo al ritmo de siempre.

Y es en este mundo de contrastes donde la solidaridad nos llena de esperanzas.

La solidaridad es un valor humano fundamental que se manifiesta en un sentimiento de unidad que nos lleva a hacer algo por los demás sin esperar nada a cambio; la solidaridad nos motiva a asumir sacrificios personales en pro de beneficios para nuestra comunidad; la solidaridad se expresa especialmente en situaciones de crisis o cuando se viven experiencias extremas. La solidaridad es un acto social que normalmente trasciende las barreras socio-económicas, políticas y religiosas, reforzando los lazos fundamentales de pertenencia que nos unen como seres humanos y comunidad.

La solidaridad no nace en forma espontánea; la solidaridad se enseña y se decide.

La solidaridad se aprende a lo largo de la vida, a través del ejemplo que observamos en nuestros padres, familia y amigos y del modelo de sociedad que construimos como país. La solidaridad se fomenta y desarrolla en la infancia y juventud, generando sentimientos de cohesión social y empatía que, en situaciones de necesidad, nos llevan a actuar como un todo.

La solidaridad se decide. Nadie nos puede obligar a ser solidarios. Enfrentados a situaciones de desigualdad y dificultad, tenemos la oportunidad de decidir libremente entre desafectarnos o ser solidarios. La entrega y sacrificio normalmente asociados a la solidaridad requieren de una decisión personal, en que conscientemente optamos por salir de nuestro espacio de comodidad y seguridad para adentrarnos a un mundo incierto. La solidaridad no es obvia. La solidaridad requiere de nuestra decisión de abandonar la inercia de nuestras vidas para, en comunidad, arriesgar, comprometer  y construir.

Y México es un ejemplo de solidaridad; enfrentados a la tragedia, miles de mexicanos optaron por ser solidarios. Como comentara Ana Rojas en BBC Mundo, inmediatamente después de ocurrida la catástrofe y de forma instintiva, muchos corrieron a quitar, incluso con las manos desnudas, los escombros para buscar a quienes habían quedado atrapados; se formaron cadenas humanas, en que jóvenes y adultos, solos o en grupo, con apenas palas y cubetas, se dieron a la riesgosa tarea de salvar vidas. Y en los días posteriores, hombres y mujeres, de todas las edades, se han volcado a las calles para expresar de distintas maneras su solidaridad: recolectando agua y comida, ofreciendo alojamiento, repartiendo artículos de primera necesidad y materiales de construcción, pasando largas horas esperando una oportunidad para contribuir y aportar, apoyando a las cuadrillas de rescate en los edificios caídos, etc… Muchos de ellos, probablemente la mayoría, no fueron directamente afectados por el terremoto, sin embargo decidieron dejar de lado la tranquilidad de sus vidas para unirse como comunidad y arriesgar, comprometer y construir.

Con seguridad, la tragedia dejara huellas imborrables; la solidaridad demostrada será sin lugar a dudas una de ellas. En el mundo complejo e individualista de hoy, esta solidaridad nos llena nuevamente de esperanzas.

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5 Comentarios en SOLIDARIDAD, PRECIADO TESORO.

  1. La reacción de los méxicanos es una maravillosa muestra de verdadera solidaridad y empatía! Admirable, un excelente ejemplo a seguir!
    Muy buen artículo!

  2. Maravilloso ejemplo el que comentas. Aunque la empatía, ma teria prima de la solidaridad, es un rasgo muy humano, se necesita voluntad, ganas, energía, para tener el gesto de ir en esas circunstancias en ayuda de otros. Qué byeno saber que aún hay esperanza en nyestra especie.r

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