“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.

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Un breve análisis de la estupidez humana

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC. Ambientalista.


Recordando las conferencias del economista chileno Manfred Max-Neef, que decía que “el humano es el único ser viviente capaz de ser estúpido”, y matizaba su aseveración con la mención de que no había ‘animales estúpidos’ (¿has visto tu alguna vez algún gato estúpido, o un caballo, o un pájaro estúpidos? Interrogaba; no, ¿no es cierto?), me puse a investigar en las referencias de Internet acerca del tema y encontré en el blog de Ugo Bardi -científico italiano de quien se publican interesantes artículos en este semanario-, un trabajo sobre este tema publicado en la revista científica Systems, que escribió junto a su colega científica Ilaria Perissi,  en el que se hacen la siguiente pregunta: ¿cuál es la razón de la estupidez humana?

Sabemos que estamos rodeados de estupidez, la que realmente empapa a todo,  en todo el mundo; y también en Chile, por supuesto, abunda la estupidez. Lo vemos todos los días y como ejemplo de tantas menciono la estupidez de eliminar los humedales urbanos –accidentes geográficos -maravillosos acumuladores de agua- echándoles tierra y escombros encima… ¡en plena sequía y crisis hídrica! ¿Podemos imaginar otra estupidez más grande que está?

Otro es el reciente caso del término de la ocupación de Afganistán, uno de tantos. Esto ya había sido señalado en la década de los ‘70 por Carlo Cipolla, un economista e historiador italiano. Cipolla había propuesto «Cinco leyes de la estupidez» [1]. La «3ª  Ley», es la básica, que dice: «Una persona estúpida es una persona que causa pérdidas a otra persona o a un grupo de personas, mientras que él mismo no obtiene ganancias e incluso posiblemente incurra en pérdidas».

Se ve bien y razonable ¿verdad? Cipolla propuso la ley pero no pudo encontrar razones para que existiera. Entonces, para ello se usó un modelo dinámico simple, llamado de Lotka-Volterra desarrollado por ellos de forma independiente en la década de 1920, para la exploración de cómo las interacciones entre las personas están reguladas por un cierto ‘potencial financiero’ que gobierna los intercambios de bienes y dinero. 

El modelo que se puede aplicar también a los sistemas socio-económico. Lo bueno de él es que es relativamente simple y que funciona. Se puede aplicar a campos tan disímiles como la búsqueda de oro en la época de la fiebre del oro y la caza de ballenas en la época de Moby Dick. 

Con un pequeño giro, podríamos usar el modelo Lotka-Volterra para una descripción cualitativa del «cuadrante» de Cipolla que describe los cuatro tipos de estrategias humanas: inteligente, indefenso, bandido y estúpido.

La pregunta entonces es ¿por qué existen los estúpidos? Y es simplemente porque explotan los recursos (u otras personas) tan rápido que no les dejan tiempo para recuperarse (o la gente no tiene tiempo para recuperar su riqueza). Es el fenómeno llamado «sobre-explotación». ¿Le suena a algo conocido en Chile y en el mundo, con la pesca por ejemplo?

La idea de los investigadores (ya nombrados) de la estupidez surgió después de haber estudiado la historia de la caza de ballenas y de varias otras pesquerías. Un ballenero estúpido mata a todas las ballenas, se queda sin recursos para explotar, y luego se arruina. Es exactamente lo que sucedió en el siglo XIX cuando la caza excesiva agotó de tal manera la población de ballenas que la industria ballenera colapsó. 

¿Por qué los balleneros (y muchos otros) se comportaron de una manera tan estúpida? Porque operaron en una escala de tiempo demasiado corta y enfatizando las ganancias a corto plazo. Esta es la base del problema de la sobre-explotación que nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos. 

Se encontró, sin embargo, algo optimista para plantear. Las personas pueden aprender y los sistemas, adaptarse. El modelo Lotka-Volterra, en su versión «competitiva», muestra cómo una actitud a corto plazo puede autocorregirse a largo plazo. Así, después de varias interacciones, el sistema alcanza la homeostasis: depredadores (explotadores) y presas (explotadas) encuentran un acuerdo para beneficio mutuo. La belleza de este punto es que no es necesario ser especialmente inteligente para adaptarse. Al contrario, si se es verdaderamente estúpido, es posible adaptarse más rápido a una situación que cambia rápidamente. Al final, bien puede ser que el origen de la estupidez humana sea la inteligencia humana. Que somos demasiado inteligentes para nuestro propio bien.

Desgraciadamente, no importa cuán estúpidos seamos, la adaptación lleva tiempo. En el peor de los casos, el tiempo necesario puede ser infinito, ya que el recurso explotado puede ser no renovable o extinguirse, como el pájaro dodo. Por fortuna, ese no es el caso de las ballenas y aún podemos esperar su repoblación  en grandes cantidades. Pero para el ecosistema de la Tierra, será una historia larga y difícil. El problema, se dice, es siempre el mismo: ¡demasiada inteligencia nos hace demasiado buenos para destruir cosas!

Y en esto tenemos, en cuanto a estupideces, bastante experiencia: la sobre-explotación de bosques nativos y de las pesquerías; la destrucción de los suelos con los monocultivos; la destrucción de humedales, turberas y bofedales; las modificaciones inadecuadas de los planes reguladores urbanos, y tantas otras. 

Y ahora, que se nos viene mal la mano, y que seguimos con el salvavidas de plomo del eterno crecimiento empujado por la estupidez, ¿podremos aprender y adaptarnos?

Fuente de imagen: https://elpeoncoronado.com/liderar-la-estupidez-humana/

Referencias:

[1] https://www.theguardian.com/education/2012/apr/09/improbable-research-human-stupidity

[2] https://dialnet.unirioja.es

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