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UN PAIS SIN SUEÑOS

Maroto

Desde Canadá.

En los tiempos que corren, la ausencia de sueños parece ser una consecuencia del excesivo pragmatismo del siglo XXI. Las preocupaciones de hoy se caracterizan por una mirada individualista y de corto plazo, con un sesgo materialista que reniega del idealismo como si este último fuera un pecado.

¿Dónde quedó la capacidad de soñar nuestro país? ¿Dónde están hoy aquellos hombres y mujeres que, como Tomic, Fuentealba, Leighton, Allende, Marín, el padre Alberto Hurtado y el Cardenal Silva Henríquez, dedicaron sus vidas a soñar un Chile más justo y solidario? Hombres y mujeres de ideales; líderes íntegros y consecuentes; servidores públicos por vocación; que se preparaban responsablemente para dar respuesta al llamada a servir;  comprometidos con el país y el bien común; capaces de inspirar a la Patria y motivar a importantes sectores de la ciudadanía en pro de la consecución de un sueño.

Con tristeza observamos como la contienda electoral está marcada no solo por candidatos insípidos sino que por la ausencia de propuestas de futuro. Los foros de radio y televisión no nos dan a conocer un relato ni nos muestran una visión de país; estas instancias de supuesto intercambio de ideas se centran mayoritariamente en lo pequeño y mezquino; los énfasis están puestos en las rencillas y las agendas personales; la atención está mayoritariamente enfocada en los dimes y diretes propios de la parafernalia farandulera, exacerbados por una prensa que busca vender más que informar.

Los temas se discuten sólo en la medida que sirven para sacar provecho electoral y sumar votos; y se desechan rápidamente cuando ya dejan de redituar dividendos electorales, para pasar entonces apresuradamente al siguiente. Los Mapuches, el SENAME y nuestras niñas y niños, la violencia intrafamiliar, la diversidad y la inclusión, las pensiones, la educación y tantos otros temas que en la discusión electoral no son más que consignas usadas con esa temporalidad efímera característica de estos tiempos. Y más que discutirse, se usan; se usan con descaro.  Ejemplos claros de ello son Nabila y el SENAME; ambos, tragedias que afectan en Chile a miles de mujeres y niños y que ocurren desde hace años y que sin embargo, han sido ignoradas no solo por la mayoría de los políticos sino que por importantes sectores de la ciudadanía.

Como señalara el sacerdote jesuita Felipe Berríos al referirse a la crisis de SENAME, “aquí todos hemos fallado”, haciendo con ello referencia a esa actitud de silencio individualista cómplice que todos los gobiernos de los últimos años, la justicia, las instituciones de la Republica, las iglesias, las ONG y la sociedad en su conjunto han adoptado ante temas que afectan gravemente a los más desprotegidos y necesitados.

No basta con hablar de los planes de seguridad ciudadana, del alza o reducción de los impuestos o la aplicación de la ley antiterrorista, por señalar solo algunos temas. Es más importante preguntarnos en qué medida una sociedad que fomenta el consumismo e individualismo exacerbados ha generado las condiciones para que se instale en nosotros un percepción permanente de inseguridad; es necesario cuestionar si los problemas de inequidad y desigualdad que afectan a nuestro país se solucionan realmente con un ajuste en la carga impositiva o si lo que realmente se requiere es un cambio profundo de modelo; es importante profundizar en si el problema de los mapuches se soluciona con la aplicación de la fuerza y de leyes punitivamente más duras o lo que se necesita realmente es un cambio fundamental de enfoque, asumiendo a los indígenas como protagonistas de nuestra historia, a los que hay que reconocer su derecho a la autodeterminación.  Sin perjuicio de lo necesario que pueda ser dedicarse a estos temas desde un punto de vista pragmático, es más importante aún referirse a ellos desde el punto de vista del tipo de sociedad que queremos construir y el tipo de país que queremos dejarle a nuestros hijos.

El llamado del padre Berríos a los universitarios, cuando señala que “sería distinto si los universitarios no solo estuvieran preocupados de sus propios problemas, sino que también fueron ellos la voz de los que no tienen voz”, es en realidad un llamado a todos nosotros. Es un llamado a despertar y salir de este individualismo sin límites, para dar lugar a una mirada solidaria y colectiva, que nos lleve a buscar un país mejor para todos y no solo para cada uno de nosotros. Es una invitación a soñar y comprometernos.

Es tarea de todos el exigir a nuestros líderes o a quienes aspiran a serlo, que nos compartan su “visión de país”; cual es el Chile que esperan construir con nuestro apoyo, no para nosotros, sino que para los hijos de nuestros hijos; cual es el País que sueñan.

Como señalara Radomiro Tomic en el año 1970 “Al pueblo, al pueblo señor de Chile, al pueblo padre nuestro le decimos: En vano construye quien quiera construir sin tu participación. El pueblo hace la historia. Tú, no el territorio, ni las fronteras, ni la bandera patria, ni la canción nacional, tú eres Chile. El alma y el cuerpo y la sangre de Chile”. Y es este pueblo, todos nosotros, el que debe recuperar su capacidad de soñar, para que, guiados por estos sueños, seamos todos los días y no sólo en tiempos de elecciones, la voz de los que no tienen voz.

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