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Wallpen: mira a tu alrededor

Nuestro paisaje urbano está inserto en un entorno natural único e irrepetible en el que tenemos el privilegio de habitar, conservar y resguardar para el uso y deleite de todos los habitantes locales, nacionales e internacionales. Este verdadero paraíso es un territorio con increíbles paisajes de borde mar, ríos, marismas, humedales, cerros y lagunas. Es habitado por especies de flora y fauna que se han desarrollado durante siglos y mantienen junto al clima un delicado equilibrio. Su geografía y ecosistema se convierte en una oportunidad de redescubrirnos como habitantes del paisaje, y de repensar nuestro patrimonio e identidad local en sintonía con la tierra en la que vivimos.

Hualpén, palabra de origen mapuche compuesta por “wall”, alrededor y “pen”, ver, encontrar o “mira a tu alrededor” es un territorio que trasciende más allá de una comuna, creada administrativamente en 2004 tras su separación territorial de Talcahuano y Concepción. Se trata de una franja de territorio que bordea al Rio Biobío en su ribera Norte, que entre pajonales y marismas termina en la desembocadura del Río Biobío. Continúa orillando el Mar Pacífico hasta la Bahía de San Vicente limitando luego con Talcahuano, Concepción y San Pedro de la Paz. Se trata de una comuna de superficie total de 5.363 ha, que cuenta con una zona urbana consolidada de 1.047 ha, una zona de expansión urbana condicionada por 800 ha, una zona de expansión industrial por 190 ha y una zona de Santuario de la Naturaleza y área de protección por 2.662 ha que está definida por la singularidad geográfica denominada Península de Hualpén y que comprende prácticamente la mitad de la superficie de la comuna.

Hualpén coexiste en un territorio frágil, expuesta a zonas de riesgos ante fenómenos naturales y de riesgos antrópicos de índole medioambiental debido a una alta concentración de empresas de procesos industriales emplazadas a metros del área urbana consolidada. Dicha zona residencial de baja densidad posee un desarrollo urbano precario, según la última medición del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU), el cual muestra a la comuna desprovista de equipamiento, servicios, áreas verdes y espacios públicos, lo que permite, a la vez, el desarrollo de infinidad de proyectos.

El Santuario por otra parte, oculta un verdadero tesoro entre los cuales se distinguen acantilados, milenarios bosques de boldos, litres y avellanos entre otras especies nativas característicos del ambiente costero y se encuentra en el listado mundial de las “áreas importantes para la conservación de las aves” de Birdlife Internacional, por tratarse de una zona clave a nivel mundial (“hot spot”) para la acogida y conservación de las aves migratorias neárticas y aves residentes. Sus oscuras y ventosas costas forman parte de las rutas de ballenas y toninas entre otras especies que viajan al sur y que en muchas ocasiones es posible avistar. Son el hábitat de lobos marinos, pingüinos y chungungos que permanecen en sus roqueríos ya que su alimento se encuentra en sus inmediaciones. En sus costas se emplazan pequeños asentamientos de pescadores como los de las caletas Chome, Perone y Ramuntcho, que a pesar de su precariedad, han sobrevivido como pequeñas comunidades a las condiciones adversas que enfrentan, sobretodo por falta de servicios y accesibilidad.

Como acceso a dicho espacio geográfico se encuentra casi indomable un trozo de tierra de más de 500 ha conocido originalmente con el nombre de Fundo Hualpén, hoy denominado como Parque Reserva Ecológica Pedro del Río Zañartu. Lleva el nombre del patriota, filántropo y viajero universal, como señala el abogado e historiador penquista Armando Cartes Montory en su libro del mismo nombre; y que éste ilustre penquista legara oficialmente a la ciudad de Concepción en 1917 junto con las colecciones adquiridas en sus viajes conservadas en el Museo Hualpén para el deleite de sus ciudadanos y resguardo del patrimonio natural.

En dicho parque, entre roqueríos y acantilados de cara al mar aparecen pequeñas playas y el magnífico anfiteatro natural que conforma la desembocadura del Rio Biobío. Son las mismas playas en las que Pedro del Río capeaba las olas sobre uno de sus caballos favoritos, las mismas que recorrió en solitario intentando calmar su profunda tristeza tras la lamentable tragedia humana en la que perdió a su señora y tres hijos en tres días tras un brote de cólera en la ciudad de Concepción hacia fines del siglo XIX, y las mismas que nos legó en su testamento como su mayor tesoro para el uso público.

Son esos mismos acantilados y milenarios bosques los que recorrió el naturalista y explorador Charles Darwin documentando especies endémicas de flora y fauna, dejando testimonio de ello en sus bitácoras de viajes por Chile y sus travesías por Sudamérica en el año 1835, registrando incluso su espeluznante experiencia y los cambios geológicos producidos por el terremoto que azotó a Concepción y Penco el 20 de febrero del mismo año.

Entonces, Hualpén tiene la oportunidad de visibilizarse más allá de los cotidianos conflictos sociales o medioambientales y ser reconocida como la comuna pionera en resguardo del patrimonio natural y de una verdadera participación ciudadana como pudo haberlo sido San Pedro de la Paz años atrás. Requerimos con urgencia de autoridades comprometidas por el resguardo de nuestro territorio, tanto el Plan Regulador Metropolitano (PRM) en evaluación, mientras dure la ausencia del Comunal  de Hualpén. El PRM debe ser revisado, observado y debatido públicamente con la finalidad de lograr un desarrollo armónico de ésta y otras comunas como un gran ecosistema. Hualpén se sostiene y coexiste con una historia cargada de sentido que traspasa las contingencias, urgencias o su propia fragilidad; se trata de un territorio fundamental que forma parte de nuestra identidad y que requiere con urgencia “mirar a su alrededor”.

Se requiere coraje y visión a la hora de gestionar el territorio, definir usos, limitaciones y restricciones para la Península, no sólo de las actuales 416 ha que, desafectadas para su posible uso urbano, ya que serían solo el inicio de una urbanización mayor. Proyectos como el Loteo Mirador del Alto, sin instrumentos de planificación territorial apropiados y fuera de sintonía con la ciudadanía y el medio ambiente ponen en riesgo el futuro de un delicado ecosistema. Sin duda, la mayor responsabilidad que tenemos como penquistas frente al legado, es rescatar, mantener, recuperar y difundir nuestra identidad preservando así nuestro propio santuario.

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